18 de Septiembre de 2026

Opinión

La accesibilidad en los exámenes a distancia

Fecha de publicación: 07/Agosto/2026 | Autor: Celso Soto

Ilustración de Celso Soto, consultor de accesibilidad y columnista de Yo También. A un costado aparece una persona frente a una computadora, en alusión a los exámenes a distancia.

En los últimos años, la educación a distancia se ha consolidado como una alternativa viable a la educación presencial. Como consecuencia lógica, los exámenes a distancia también han venido en aumento, no solo en las evaluaciones periódicas del alumnado, sino abarcando otros campos como los exámenes de admisión, las pruebas para obtener certificaciones o los concursos de promoción que realizan las y los maestros de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

En este contexto, la reciente polémica sobre el examen a distancia para el ingreso a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el caso de una profesora con discapacidad (pcd) visual que enfrentó barreras para presentar una evaluación a distancia de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (USICAMM), me hicieron reflexionar sobre hasta qué punto una implementación incorrecta de estos instrumentos se convierten en una barrera para el acceso a la educación y desarrollo profesional de las pcd.

Me explico, para este tipo de exámenes se utiliza software de supervisión y navegadores web especiales con varios candados de seguridad para evitar hacer trampa, entre ellos está la identificación facial, monitoreo de cámara y sonido, bloqueo de dispositivos externos, restricción de aplicaciones que no sean las de la prueba o inteligencia artificial para detectar actitudes sospechosas.

Todos estos candados están muy bien, pero ¿qué pasa cuando la persona evaluada presenta despigmentación en el iris o su rostro difiere de las características convencionales? Difícilmente pasará la identificación facial. O si utiliza herramientas de asistencia como lectores de pantalla o control por voz, ¿el sistema las bloqueará por ser aplicaciones ajenas al examen? ¿Aparecerán advertencias por utilizar la voz o escuchar al lector de pantalla?

En el caso de la UNAM, se utilizó un software de supervisión remota en conjunto con el navegador LockDown Browser, por lo que investigué se trata de un navegador compatible con herramientas de asistencia, pero esto no es suficiente para garantizar la accesibilidad.

Es necesario que el examen mismo o formulario a responder también sea accesible, de nada sirve que el navegador permita el acceso si las preguntas no pueden ser leídas, navegadas o resueltas por pcd. Es el equivalente a poner rampas y elevador en un edificio, pero al llegar al piso deseado los pasillos no permiten el paso de una silla de ruedas.

Por su parte, la Secretaría de Educación Pública (SEP, a través de la USICAMM) realiza procesos de valoración que permiten al personal docente obtener ascensos o mejoras salariales. Este año la herramienta seleccionada fue la aplicación Sumadi, que por sus características parece ser más eficiente en el reconocimiento de conductas indebidas, aunque también es más estricta en cuanto al bloqueo de otros programas, afectando el funcionamiento de tecnologías de asistencia.

Un testimonio publicado en Facebook narra el caso de una maestra con discapacidad visual que se presentó a este examen. Desde la inscripción informó de su condición y solicitó ajustes razonables que le fueron aprobados, durante el ejercicio de simulación su lector de pantalla funcionó con normalidad, tristemente el día del examen la plataforma impidió que el lector de pantalla leyera la prueba.

La maestra tuvo que reportar la incidencia vía telefónica, como respuesta, el personal de soporte le informó que la plataforma la había retirado de la prueba al identificar que estaba usando el móvil. Tras más aclaraciones, le permitieron retomar la evaluación con el apoyo de una persona que le leyera las preguntas, lo que provocó que el monitoreo de sonido lanzara advertencias constantemente. Todas estas interrupciones consumieron la mitad del tiempo disponible para terminar el examen.

En este mismo proceso participó mi pareja —que también es maestra—, ella no vive con discapacidad, pero como ejercicio didáctico le pedí que abriera el lector de pantalla antes de ingresar al examen para revisar la compatibilidad con la plataforma. De haberlo necesitado le habría ido peor, la plataforma ni siquiera se abría, tuvo que cerrar el lector para realizar la evaluación.

Si bien la educación y pruebas a distancia, potenciadas con inteligencia artificial,  pueden fomentar la inclusión de pcd, por sí solas no son suficientes. Es necesario que las instituciones evalúen la accesibilidad y compatibilidad con tecnologías de apoyo de las plataformas que utilizan, así como establecer políticas de diseño en sus pruebas y contenidos para que sean accesibles a todas las personas.

Mientras esto no suceda, muchas pcd seguirán viendo truncadas sus aspiraciones de ingresar a una escuela de nivel superior o alcanzar un desarrollo profesional, no por falta de conocimientos o habilidades, sino por la persistencia de barreras que las discriminan y excluyen.