19 de Septiembre de 2026

Opinión

20 años trabajando en capacitación, accesibilidad e inclusión

Fecha de publicación: 24/Abril/2026 | Autor: Celso Soto

Ilustración de Celso Soto, consultor de accesibilidad y columnista de Yo También

Cuando a los 18 años me diagnosticaron Retinosis Pigmentaria y dijeron que perdería la vista, pensé que nunca podría trabajar y que siempre dependería de alguien más. La vida me enseñó que hay muchas más posibilidades de las que imaginaba y entre ellas encontré mi vocación.

En el bachillerato estudié contabilidad y, durante la etapa de duelo entré a una escuela de informática, más por gusto que por creer que podría vivir de ello.

En 2004 ingresé a un centro de rehabilitación para personas con discapacidad visual; ahí, al ver el ejemplo de otras personas, recuperé las ganas de estudiar y trabajar. No logré entrar a la universidad, ya estaba concluyendo 2005 y conseguir trabajo era urgente. Después de un trabajo temporal y algunos intentos fallidos, recibí una llamada que lo cambiaría todo.

En el centro de rehabilitación necesitaban un instructor de apoyo para la clase de computación con lector de pantalla, de inmediato acepté. Así fue como en marzo de 2006, con 21 años y sin ninguna experiencia, comencé a dar clases. Al principio estaba lleno de inseguridades, pero tenía la firme convicción de hacer un buen trabajo, de que mis estudiantes aprendieran y ser un buen profesor.

Con el tiempo observé que las enseñanzas que compartía servían a mis estudiantes para comunicarse, estudiar, trabajar y ganar autonomía. La satisfacción que sentía por todo ello me hizo dar cuenta de mi vocación como maestro.

El trabajo en el aula, sobre todo en tecnología, implica aprender constantemente: accesibilidad en móviles, reparación de equipos, nuevos programas. Ocho años después, sentí que necesitaba crecer y di el salto al ámbito empresarial. Fue una decisión difícil, dejar a mis estudiantes me pudo y mucho.

En la empresa no había un plan claro para mí, así que aproveché para aprender todo lo posible. Lupita -mi pareja- dice que la oportunidad es de quien la toma, entonces fui tomando responsabilidades y pasé de depurar un archivo de proveedores a ser el Coordinador de Cuentas por Pagar.

Aún así, nunca dejé del todo la capacitación y accesibilidad, eventualmente hacía pruebas de accesibilidad para una consultoría, capacitaba a las personas con discapacidad visual que ingresaban a la empresa, impartía un curso o realizaba algún mantenimiento.

Con el tiempo creció en mí el deseo de volver. Comenté con Lupita la posibilidad de reducir mi jornada en la empresa y con ello los ingresos. Me respondió algo que le agradeceré siempre “Yo estoy trabajando en lo que me gusta, no te puedo pedir que sigas haciendo algo con lo que ya no estás a gusto, así que adelante”.

En marzo de 2020 di mi primer taller presencial como instructor independiente y una semana después llegó la pandemia de covid-19. El camino se volvió incierto, salí de la empresa, varias instituciones ofrecieron cursos gratuitos a distancia, me dejaron de solicitar pruebas, los alumnos y trabajos de mantenimiento llegaban a cuentagotas.

Fue hasta 2022 que encontré un nuevo impulso al integrarme como editor de accesibilidad para Yo También, en esta labor entendí que no bastaba con detectar barreras: había que explicarlas y proponer soluciones. Desde entonces me capacito constantemente en desarrollo web, programación y auditorías, lo que me ha permitido ampliar mis servicios de consultoría en accesibilidad digital.

En estos años he revisado libros electrónicos, evaluado páginas web, impartido talleres, escrito columnas, asesorado a dependencias públicas, etc. Como consultor e instructor independiente no hay un salario seguro, todo el tiempo hay que buscar oportunidades y proyectos, a veces se encuentran y a veces no.

También sigo haciendo lo que más disfruto, dar clases, es invaluable saber que mi trabajo impacta vidas. Cuando alguien logra hacer una tarea escolar, atender a un cliente o ser más independiente gracias a lo aprendido, confirmo que elegí el camino correcto.

Y sé que es el trabajo que quiero hacer el resto de mi vida.