09 de Octubre de 2026

Opinión

Si no ves, ¿por qué tienes los ojos abiertos?

Fecha de publicación: 19/Junio/2026 | Autor: Celso Soto

Ilustración de Celso Soto, consultor de accesibilidad y columnista de Yo También

Cuando solicito un auto de aplicación suelo enviar un mensaje al conductor informándole que tengo discapacidad visual y pidiendo que al llegar toque el claxon para ubicar su unidad. Hace unas semanas hice esto mismo y tras abordar el auto el conductor —que era un adulto mayor— me hizo esta pregunta ¿Si no ves, por qué tienes los ojos abiertos?

Debo confesar que no respondí de la mejor manera, me salió un natural “¿Por qué no tengo los párpados cerrados?”, y recordé que mis ojos tienen una apariencia convencional, no están despigmentados, no soy usuario de prótesis ni uso gafas oscuras. Por el contrario, uso gafas transparentes, que en realidad son mis audífonos bluetooth con forma de gafas, y al tener un poquito de resto visual, suelo desplazar la mirada hacia donde identifico fuentes de luz —que es lo único que alcanzo a ver—.

Le expliqué que las afecciones visuales son muchas y se manifiestan de diversas formas, hay miopía o astigmatismo, que son condiciones de la córnea, las cataratas que se refieren a cuando el cristalino se vuelve opaco, el glaucoma que daña el nervio óptico debido a una alta presión ocular, o condiciones genéticas como la retinosis pigmentaria que con el tiempo provoca degeneración de la retina.

Dependiendo del tipo de afección, sus síntomas se pueden notar a simple vista como es el caso de la microftalmia —condición en la que uno o los dos ojos no se desarrollan por completo, resultando en un tamaño notablemente más pequeño del regular— o la despigmentación del iris.  Cuando la situación se da en las córneas, la retina o el nervio óptico, estas condiciones no se distinguen a simple vista.

La degradación de la visión también es variable, hay condiciones que se pueden corregir usando lentes o con una operación, otras causan pérdida de visión estática, es decir, la afectación no mejorará, pero tampoco empeorará. También hay situaciones que provocan ceguera total, desde el nacimiento o en la adultez, y hay otras que van transitando desde una visión baja leve, pasando de moderada a grave y culminando en ceguera total como es mi caso.

Después de tantas explicaciones el conductor mantenía un tono de duda y momentos antes de bajar del auto me dijo “Yo nunca había visto un ciego con los ojos abiertos”. Días después, otro señor me preguntó ¿cuántos metros de luz tienes?, le comenté que distingo luz, pero que no sabía a qué se refería.

Me contó que conoció a una chica con baja visión que decía que tenía dos metros de luz. Ella se refería a que con su remanente visual alcanzaba a ver a las personas hasta dos metros de distancia.

Estas son tan solo dos de las muchas experiencias que he vivido, y las considero de las buenas, porque me encontré con personas que tuvieron a bien preguntarme y me dieron la oportunidad de hacer ese trabajo de divulgación que no hacen gobiernos ni instituciones. Pero también se viven experiencias desagradables.

En mis tiempos de estudiante, mi resto visual me permitía deambular de día sin uso del bastón blanco, así que tomaba el transporte público hacia la escuela sin más; pero por las noches tenía “ceguera nocturna”, por lo que utilizaba mi bastón de regreso a casa. En cierta ocasión escuché a un operario del transporte y su acompañante preguntarse confundidos si yo veía o no; si me hubieran preguntado directamente les hubiera podido explicar.

Cuando tomé la rehabilitación para la vida independiente mi maestra me dijo que si todavía tenía un remanente visual funcional lo utilizara lo más posible, así lo hice, aunque no contaba con que el común de las personas no tiene ni idea sobre la baja visión. Me sucedió que un día me negaron el acceso de cortesía en el metro cuando el oficial de los torniquetes se dio cuenta de que estaba utilizando mi vista, le expliqué sobre mi baja visión y le mostré la credencial del centro de rehabilitación, como respuesta obtuve un “lo sé, pero tienes que comprar tu boleto”.

La sociedad actual sigue siendo ajena a la discapacidad, incontables veces he escuchado a familiares de personas con discapacidad decir “Yo no sabía nada sobre esto hasta que nació mi hija/hijo con esta condición”, “Cuando le pasó esto a mi esposa/esposo no sabía qué hacer”. No hay evangelización sobre discapacidad que llegue a todos los hogares ni campaña de divulgación que alcance a todas las personas.

Sin embargo, tengo esperanza, cada vez escucho con mayor frecuencia frases como “necesitas apoyo”, “no ves nada o todavía ves un poco”, “¿qué te pasó?”, ¡¿hay operación o tratamiento para lo que tienes?”. Llegué a pensar que era molesto o cansado tener que repetir lo mismo cada vez.

Hasta que me di cuenta de que no puedo esperar que la gente sepa tratar o dirigirse a las personas con discapacidad de manera correcta sin que antes alguien les explique cómo hacerlo. El testimonio uno a uno tiene mayor impacto y esas personas que se han acercado a mí con curiosidad y me han escuchado, son personas que el día de mañana se acercarán de una manera más adecuada a otra compañera o compañero.