21 de Octubre de 2026

Opinión

¿Te reconoces como persona cuidadora? #HablemosDeCuidados

Fecha de publicación: 19/Octubre/2026 | Autor: Paulina Domínguez

Ilustración de Paulina Domínguez, madre cuidadora y activista por la visibilización de esta labor.

En dos semanas se conmemora el Día Internacional del Cuidador, un día que tiene como objetivo reconocer y visibilizar la labor de cuidados, pero considero  importante también mencionar que cuando se habla de discapacidad y dependencia, necesariamente, se habla de cuidados, porque detrás de cada persona con discapacidad o con alto grado de dependencia casi siempre hay alguien que está ahí acompañando, organizando, resolviendo, tomando decisiones y muchas veces sosteniendo todo lo que hace posible la vida cotidiana. Ese alguien, en la mayoría de los casos, es un familiar; y sin embargo, muchas veces ni siquiera son reconocidos como cuidadores.

A mí me pasó. Durante mucho tiempo, yo simplemente me identificaba como “la mamá de Axel”. Me parecía que cuidar de mi hijo era parte natural de ser mamá y que no había nada más que nombrar. Con el tiempo entendí que una cosa es ser madre y otra reconocer que, además, soy cuidadora primaria informal porque ejerzo un trabajo de cuidados y que ponerle nombre a esa realidad es importante.

Pero ¿por qué digo “cuidadora primaria informal”? Porque existe la persona cuidadora formal, generalmente capacitada, que recibe un sueldo, tiene horarios, descansos y vacaciones. Por ejemplo, una enfermera o una persona contratada para apoyarnos con los cuidados de un ser querido. Por otro lado, estamos quienes cuidamos de manera informal, que casi siempre somos familiares y, por lo regular, no recibimos capacitación ni un salario por hacerlo. Tampoco tenemos horarios establecidos, días de descanso ni vacaciones. Aprendemos sobre la marcha porque tenemos que hacerlo.

Cuidar no significa solamente atender una enfermedad o una discapacidad, cuidar también es acompañar en la vejez, la infancia y cualquier etapa de vulnerabilidad. Así que todos hemos necesitado cuidados alguna vez y todos podemos convertirnos en personas cuidadoras en alguna etapa de nuestra vida, de una manera u otra. Pero ¿por qué, cuando hablamos de cuidados, casi siempre hablamos de mujeres?

En México, el 75.1 % de las personas cuidadoras somos mujeres, y no es casualidad. Desde pequeñas aprendimos que cuidar es algo que nos corresponde. Yo misma he escuchado frases como “las mujeres son mejores para eso”, como si cuidar fuera una habilidad natural de las mujeres y no un trabajo que requiere tiempo, esfuerzo y preparación que podemos llegar a aprender cualquier persona, independientemente de su sexo. En las familias con hijos con discapacidad, muchas mujeres terminamos asumiendo gran parte de la responsabilidad, afrontando solas la carga emocional, física y económica que conlleva el cuidado, sin olvidar la preocupación permanente por el futuro. 

Realizar la labor de cuidados de manera constante puede llevarnos al aislamiento, al agotamiento y al deterioro de nuestra propia salud. Hoy incluso se habla del llamado síndrome del cuidador quemado, un estudio publicado en The Journal of the American Medical Association (JAMA) demostró que las personas cuidadoras que experimentan una fuerte tensión emocional tienen un 63% más de riesgo de mortalidad en comparación con quienes no ejercen esta labor. 

Me parece fundamental y necesario que los cuidadores debamos ser reconocidos como personas con derechos, necesidades, sueños y proyectos propios, y no solo como “la mamá o papá de”, “la esposa o el esposo de”, “la hija o el hijo de”. Somos un pilar económico y social, que pocas veces se aprecia, ya sea por desconocimiento o por conveniencia.

Reconocer nuestro papel tampoco debería significar romantizar el sacrificio. Yo no quiero que me reconozcan solamente porque “aguanto”, quiero que se reconozca que mi tiempo tiene valor, que mi salud importa y que también puedo necesitar ayuda. Hoy sé que cuidar a Axel forma parte de quién soy, pero no es lo único que soy y no quiero que sea lo único que me defina, tengo sueños, proyectos y muchos planes que todavía deseo hacer. Todas las personas cuidadoras tenemos derecho a recuperar, o incluso a descubrir, esa parte de nosotros que quedó escondida detrás de tantos años de responsabilidad.

El reto social es enorme, necesitamos construir un país donde cuidar no sea responsabilidad exclusiva de las familias y mucho menos de las mujeres. Un país donde el Estado, las empresas, la sociedad y las propias familias compartamos esta responsabilidad. Pero creo que todo empieza por nombrarnos personas cuidadoras, porque, como dice el principio “lo que no se nombra no existe”, atribuido al filósofo George Steiner, el lenguaje no solo describe la realidad, sino que también la construye y la define. Cuando digo de manera explícita “SOY CUIDADORA”, estoy diciendo que existe una parte de mi vida que merece ser reconocida social, legal y culturalmente, y que también necesito ser acompañada. 

Quienes cuidamos, necesitamos recordarnos: “Nuestro tiempo importa. Nuestra salud importa. Nuestra vida también importa”. No estamos solos, somos muchos.