21 de Junio de 2026

Opinión

Derecho: sí. ¿Pero acceso?

Fecha de publicación: 12/Marzo/2026 | Autor: Daniel Robles Haro

Ilustración de Daniel Robles Haro columinista y activista con parálisis cerebral

Querida comunidad de Yo También:

Hoy quiero hablar de un tema del que poco se habla cuando se discute sobre discapacidad: el derecho al entretenimiento, al ocio y a la diversión.

Porque parece que para la sociedad, las personas con discapacidad solo existimos para ser “inspiración”. Para recibir terapias o para que nos ayuden con lo “básico”.

 Como si nuestra vida debiera limitarse a sobrevivir y punto.

Pero no. 

También queremos reír, socializar. 

Ir al cine, a un concierto, a un bar, a una plaza. 

Trasnocharnos viendo una serie, o frente a una fogata en la playa o la montaña.

Platicar hasta tarde con amigos, y claro, sentir la emoción de un concierto en vivo.

Yo creo que el entretenimiento a veces es un lujo para muchas personas. 

Pero también es una necesidad humana. Es parte de lo que nos conecta con los demás, de lo que nos hace sentir vivos y de lo que construye comunidad e identidad cultural.

Y sin embargo, el acceso al entretenimiento para personas con discapacidad sigue siendo un pendiente que no se considera dentro de nuestra “despensa básica” de derechos. Desde la falta de transporte accesible que nos permita llegar, hasta espacios que nos reciben con “una disculpita”, pero sin ajustes reales. 

Siempre he dicho que las personas con discapacidad debemos hacernos presentes en todos los espacios públicos.

Entonces, ¿por qué casi no nos vemos en ellos?

Y respecto de eso, hoy quiero hablar de dos puntos solamente. O, como se dice coloquialmente: Les tengo una buena y una mala.

La mala es que para cualquier persona es muy fácil y cómodo comprar boletos en línea. Pero para conseguir boletos en zona de discapacidad es muy pesado, pues tienes que ir personalmente hasta la taquilla del lugar. Y los lugares son muy limitados.

Sucede en Ticketmaster y en todas las plataformas de boletaje.

Me parece injusto. Sí, precisamente una de las broncas que tenemos es la movilidad.

Y nos hacen ir hasta taquilla pagando doble vuelta al lugar.

Es otro de mis pendientes como activista (de las 20 mil cosas que quisiera cambiar): tratar de acercarme a estas empresas o a los centros de entretenimiento y encontrar una solución accesible. 

Por ejemplo, yo estaría dispuesto a inscribirme en un padrón o listado de personas con discapacidad permanente y comprobable. Y que me pudieran vender entradas en línea a cambio de un boleto personalizado e intransferible. Y para entrar al evento, presentar mi identificación. 

Por ejemplo, que Ticketmaster me permitiera abrir una cuenta personal acreditándome como PCD usuaria de silla de ruedas. Y poder comprar mis boletos personalizados en línea sin problema. 

¿Qué opinan?

Y esto de la inaccesibilidad para conseguir boletos es solo uno de muchos aspectos. Solo uno de muchos. 

Por otra parte, la buena noticia es que el otro día, el domingo 1 de marzo para ser exactos, estábamos viendo el panorama del concierto de Shakira en el Zócalo.

Y como siempre, la señora de la casa (mi mamá) y yo, pensando en lo difícil que sería acercarnos y asistir a uno de esos eventos masivos. Porque, suponiendo que lográramos un buen lugar, a la mera hora la gente se emociona. Se mete delante de mí y no veo nada más que sus espaldas. Además del peligro de que me aplasten o se venga una avalancha de gente y suceda algo más grave. Siempre he querido ir a un concierto en el Zócalo, o a un 15 o 16 de septiembre, pero es muy peligroso. 

Entonces en eso estábamos. Viendo los canales de las webcam de México y de repente, casi salto de mi silla al ver algo que nunca antes había visto. 

Una zona para discapacidad. Una zona segura en la que había personas en silla de ruedas disfrutando del concierto desde un templete alto y protegido. 

Enseguida me comuniqué con la secretaria de cultura de CDMX, Ana Francis Mor, para pedirle detalles y felicitar a quien tuvo esta iniciativa.

Y aquí van los detalles.  

No hubo una zona para discapacidad. Hubo 3. Repito. ¡3!

Los templetes estaban en puntos estratégicos del Zócalo, y medían 12 por 8, 10 por 3 y 10 por 10 metros respectivamente.

Y donde se recibió a personas con discapacidad, incapacidad temporal y adultos mayores. 

¿Ya sabían de esto? 

La CDMX se merece esto y más para estar a la altura de una de las ciudades más importantes. 

Por cierto, ¿han visto esta medida en eventos masivos en otras ciudades? 

Aún nos deben los baños accesibles, pero voy a estar dando lata hasta lograrlo. 

Entonces, ya tengo esperanzas de poder ir a un concierto en el Zócalo sin temer morir en el intento.

Así que bien por las personas y secretarías del gobierno de la CDMX que tomaron parte en esta medida, por demás justa y muy necesaria.

Algún día iré y les contaré mi experiencia en vivo. 

Y reitero: Las personas con discapacidad debemos hacernos presentes en todos los espacios. 

Gozar de libertad de tránsito, de expresión y de acceso a las diversas formas de entretenimiento con comodidad y seguridad. 

Gracias por leerme.