Opinión
Sarcopenia: el cuerpo que dejamos de mover hoy será el cuerpo que tendremos mañana
Fecha de publicación: 26/Mayo/2026 | Autor: Selene Guerra
El cuerpo recuerda todo. Recuerda el movimiento, la fuerza, los hábitos que lo mantuvieron activo… pero también los años de cansancio, sedentarismo y abandono físico.
Durante mucho tiempo, la sarcopenia fue considerada una condición exclusiva de la vejez. Hoy sabemos que puede comenzar mucho antes. Se trata de la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular, un proceso relacionado con el envejecimiento, pero también acelerado por la falta de movimiento, el estrés, el sedentarismo y los hábitos actuales de alimentación.
A nivel físico, el músculo necesita estímulo constante y nutrientes adecuados para mantenerse fuerte. Sin embargo, vivimos en una época donde cada vez nos movemos menos y consumimos más productos ultraprocesados, alimentos rápidos y pobres en nutrientes reales.
El cuerpo puede sentirse lleno, pero no verdaderamente nutrido.
Muchas personas pasan años alimentándose con exceso de azúcar, harinas refinadas, comida industrializada y bebidas que generan inflamación, fatiga y desgaste físico. Con el tiempo, esto también afecta la capacidad del cuerpo para conservar músculo, energía y recuperación.
La sarcopenia no solo tiene relación con la edad; también refleja el estilo de vida que sostenemos durante años.
Y aunque sabemos que necesitamos cuidarnos, casi siempre aparecen los mismos pretextos: “No tengo tiempo”, “Estoy muy cansado”, “El ejercicio me duele”.
Pero el cuerpo necesita movimiento para conservar vida y funcionalidad. Cuando un cuerpo sedentario vuelve a moverse, es normal sentir cierta rigidez o molestia muscular. Muchas veces no es daño, sino el cuerpo intentando recuperar fuerza y movilidad.
Moverse no significa hacer ejercicios extremos. Caminar, fortalecer músculos de manera progresiva, respirar mejor y mantener movilidad puede marcar una enorme diferencia en cómo llegaremos a la vejez.
También es necesario volver a lo básico y natural: comida real, descanso, hidratación, exposición al sol, movimiento diario y hábitos más conscientes.
La sarcopenia avanza silenciosamente. No aparece de un día para otro; se construye lentamente en cada año de inmovilidad, desgaste y descuido. Por eso, prevenirla no debería comenzar en la vejez, sino mucho antes, cuando el cuerpo todavía tiene la capacidad de fortalecerse, recuperarse y sostenernos con estabilidad a través del tiempo.





