29 de Julio de 2026

Actualidad,Notas

“No pareces tener discapacidad”: denuncian maltrato y barreras en el trámite de la Pensión para el Bienestar de las personas con discapacidad

Personas con discapacidad denuncian rechazos, maltrato y barreras al tramitar la Pensión Bienestar. Testimonios revelan cómo un derecho puede volverse incierto y depender incluso del estado donde se vive.

Fecha de publicación: 26/Marzo/2026 | Autor: Redacción Yo También

Personas sentadas frente a una mesa realizando su registro para la Pensión para el Bienestar de las Personas con Discapacidad, atendidas por personal en un módulo bajo una carpa.

“Lloré en una ventanilla”. No fue en privado. Fue durante un trámite para acceder a la Pensión para el Bienestar de las Personas con Discapacidad.

El testimonio es de Marialú Castro, activista con parálisis cerebral y fibromialgia, forma parte de una serie de relatos compartidos por personas con discapacidad y colectivas como “Usted está aquí”, Letra Púrpura y “Tapatias discas”, que en los últimos días han visibilizado las dificultades que enfrentan al intentar acceder a este apoyo. 

Lo que debería ser el acceso a un derecho, dicen, se convierte en un proceso confuso, desgastante y, en algunos casos, violento.

Castro relata que acudió con un certificado oficial de discapacidad emitido por la Secretaría de Salud, uno de los requisitos para tramitar su Pensión. Aún así, el documento fue cuestionado por personal sin formación médica.

“Cuando el Estado emite un certificado oficial, pero sus propios operadores no confían en él, se nos obliga a demostrar una y otra vez que nuestra condición es válida”, dice Castro.

Otros testimonios apuntan a un mismo patrón: personas que enfrentan rechazos sin explicación clara, desconocimiento de condiciones médicas o criterios inconsistentes en la atención.

“Es el trámite más horrible y más violento… no saben ni qué es la fibromialgia”, testimonio anónimo compartido por el colectivo “Tapatías Discas” relata otra persona tras intentar obtener el certificado necesario para acceder a la pensión.

En otro caso, una mujer con discapacidad visual denunció que le negaron el apoyo porque “no parece” una persona ciega, a pesar de contar con diagnósticos médicos que acreditan su condición. 

También hay testimonios desde la comunidad con hipoacusia, donde personas relatan que sus condiciones no fueron reconocidas o fueron minimizadas, incluso utilizando auxiliares auditivos. 

“La comunidad con hipoacusia tenemos historias de terror… me dijeron que no tenía nada y eso que me vieron con mis dos aparatos auditivos. Tuve que volver a hacerme estudios y llevar los que tenía desde muy pequeña para que realmente se dignaran a reconocer que tenía una discapacidad, pero que ‘no era muy grave’”. Testimonio anónimo compartido por el colectivo “Tapatías Discas”.

Las experiencias no solo hablan de trámites. Apuntan a un esquema: tiempos prolongados de espera, espacios con accesibilidad limitada, falta de información clara y, en algunos casos, actitudes capacitistas por parte del personal.

Estas denuncias surgen en un momento clave. Del 23 al 29 de marzo se lleva a cabo la jornada de recepción de documentos y registro para la Pensión para el Bienestar de las Personas con Discapacidad, uno de los principales programas sociales dirigidos a este sector.

El programa otorga un apoyo económico bimestral y tiene como objetivo reducir desigualdades. Sin embargo, su cobertura no es uniforme en todo el país.

En 2026, hay 24 entidades donde la pensión es universal para personas con discapacidad de 0 a 64 años, como Ciudad de México, Estado de México, Oaxaca, Veracruz o Yucatán, entre otras.

Pero en ocho estados —Jalisco, Nuevo León, Querétaro, Guanajuato, Chihuahua, Coahuila, Durango y Aguascalientes— el acceso está limitado principalmente a personas de 0 a 29 años.

Esto significa que el acceso al programa no solo depende de cumplir con los requisitos, sino también del lugar donde vive la persona.

Más allá de los casos individuales, lo que muestran estos testimonios es un problema de fondo. Cuando el acceso a un derecho depende de interpretaciones personales, del desconocimiento o de la falta de criterios claros, ese derecho deja de ser plenamente accesible.

Porque aquí no solo está en juego un trámite. Está en juego el reconocimiento mismo de la discapacidad y la posibilidad de acceder en condiciones dignas a un apoyo diseñado para reducir desigualdades.

La pensión no es un apoyo menor: para muchas personas permite cubrir terapias, medicamentos, tecnologías de apoyo, etcétera. Sin embargo, su acceso no debería depender de qué tan visible parece una discapacidad ni de criterios discrecionales. Tampoco debería limitarse a periodos breves de registro que terminan excluyendo a quienes enfrentan más barreras para acceder. Porque recibir este apoyo no define a nadie: es, simplemente, ejercer un derecho.

En Yo También buscamos conocer más experiencias. Si has intentado tramitar la pensión o has enfrentado dificultades en el proceso —rechazos, malos tratos, falta de información o barreras— tu experiencia también importa, cuéntanos tu caso.

Porque cuando estas historias se repiten, dejan de ser casos aislados. Se convierten en una señal de que, para muchas personas, el acceso a este derecho todavía pasa por filtros que no deberían existir.