31 de Agosto de 2026

Opinión

Manos narradoras del Mundial

Fecha de publicación: 26/Junio/2026 | Autor: María Elena Esparza Guevara

Ilustración de María Elena Esparza Guevara, Fundadora de Ola Violeta A.C. y Consejera en Género del Consejo Ciudadano de la CDMX

Hay un gol que se festeja con los brazos en alto y el cuerpo entero vibrando de alegría; hay otro, igualmente real y emocionante, que se narra con las manos, no de Dios sino de humanos.

En el Mundial de Futbol 2026, por primera vez en la historia de una competición organizada por la FIFA, ese segundo festejo tiene un lugar formal: las transmisiones en Lengua de Señas Mexicana (LSM) están disponibles en los partidos que se disputan en las sedes de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, y en aquellos encuentros en los que participen selecciones de habla hispana. No es cosa menor. Es el reconocimiento, con décadas de retraso, de que la comunidad sorda también merece vivir el futbol en su propia lengua.

En México, de acuerdo con el INEGI, hay aproximadamente 9.5 millones de personas con alguna discapacidad, de las cuales alrededor del 12 por ciento enfrenta limitaciones auditivas. De ese universo, se estima que entre 300 mil y 500 mil personas se comunican a través de la LSM como lengua primaria. Durante décadas, esa comunidad fue excluida de los grandes eventos mediáticos del país. La LSM cuenta con reconocimiento legal desde 2011, cuando la Ley General para la Inclusión de las Personas con Discapacidad la reconoció como lengua nacional, pero el trayecto entre ese reconocimiento y su aplicación real ha sido largo. Que sea una Copa del Mundo la que lo materialice a escala masiva revela un gran avance y, al mismo tiempo, una deuda que las instituciones como hospitales, escuelas y juzgados siguen sin saldar.

Las y los intérpretes en las transmisiones del torneo enfrentan una exigencia técnica sin precedentes. A diferencia de una conferencia o un evento académico, el futbol exige interpretar en tiempo real una experiencia sensorial completa: las jugadas, los cambios de ritmo, gritos del estadio, la tensión de una prórroga y, claro, la maravillosa euforia de un gol. No existe un guion. No hay pausa de hidratación posible. Para ello, los intérpretes deben dominar no solo la LSM con fluidez, sino también un vocabulario deportivo especializado que la lengua ha ido construyendo a lo largo del tiempo y que ahora, por primera vez, tiene que operar bajo la presión de la mayor audiencia de la historia del futbol.

La FIFA reconoció en su comunicado oficial que, al tratarse de una retransmisión en directo completamente inédita para el organismo, pueden producirse desajustes menores de sincronización. Es una advertencia honesta que también dice algo más: la institución más poderosa del futbol mundial está aprendiendo, en este torneo, lo que la comunidad sorda lleva décadas sabiendo sobre lo que significa interpretar el mundo en tiempo real sin red de seguridad.

Por primera vez, una persona sorda en México puede seguir un partido de la Copa del Mundo en su propia lengua, con intérpretes que traducen no solo las palabras del comentarista sino la emoción entera del juego. Eso no es un servicio complementario, es un derecho que por fin encuentra expresión. El Mundial 2026 pasará a la historia como el torneo más grande en número de equipos y la mejor fase de grupos de nuestra selección nacional que nos ha hecho vibrar como nunca. Podría pasar también como el momento en que el futbol, el deporte que siempre ha presumido ser universal, comience a serlo de verdad.