12 de Mayo de 2026

Opinión

La madre que no existe

Fecha de publicación: 10/Mayo/2026 | Autor: María Elena Esparza Guevara

Ilustración de María Elena Esparza Guevara, Fundadora de Ola Violeta A.C. y Consejera en Género del Consejo Ciudadano de la CDMX

¡Es mayo! México se llena de flores, chocolates y campañas publicitarias que retratan a la madre perfecta: joven, sonriente, en una casa luminosa o rodeada de hijos que la abrazan. Una escena tan repetida que incluso parece natural. Y precisamente por eso es necesario preguntarse: ¿a quiénes deja fuera ese cuadro? La respuesta incluye, año con año, a las madres con discapacidad.

De acuerdo con datos de la última Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) en 2023, en México hay cerca de 3.9 millones de madres con discapacidad o limitación funcional, de entre 15 y 49 años. La cifra representa un aumento de 1.5 millones respecto a lo registrado apenas dos años antes. Estas mujeres existen, educan, cuidan y aman al igual que sus pares sin discapacidad. Sin embargo, su presencia en los contenidos publicitarios del Día de las Madres es prácticamente nula.

Una investigación de VisualGPS de iStock, una plataforma de investigación creativa, reveló que la mayoría de los contenidos visuales que circulan durante esta fecha en América Latina siguen estéticas idealizadas: madres jóvenes, entornos perfectos y muy poca representación de la diversidad social. En México, apenas un pequeño porcentaje de esas imágenes incluye a madres mayores de 60 años, con discapacidad o pertenecientes a la comunidad LGBTQ+. Esto sucede en un entorno en el que, según la misma plataforma, ocho de cada 10 mujeres mexicanas no se sienten reflejadas en la publicidad.

La ausencia no es casualidad. Cuando la publicidad construye un único modelo de maternidad –capaz, ágil, sin cuerpos que se salgan de la norma–, no solo está reflejando un prejuicio, lo refuerza. A ese mecanismo se le conoce como capacitismo, la discriminación estructural que presupone que los cuerpos y mentes con discapacidad son incompletos o menos válidos. Al aplicarlo a la maternidad, el capacitismo tiene consecuencias documentadas. El Comité de la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW) mostró su preocupación por la existencia de esterilizaciones forzadas en mujeres con discapacidad en México –una forma extrema de negarles el derecho a ser madres–. A esa exclusión del cuerpo se suma una exclusión simbólica: la de un ideal cultural y publicitario que, al no representarlas, actúa como si su maternidad no existiera. 

Las consecuencias de esa invisibilidad afectan. La Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México ha señalado que las mujeres con discapacidad son uno de los grupos con mayor rezago en el ejercicio de sus derechos, incluidos los sexuales y reproductivos. A eso se suma que, según la última Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) publicada en 2021, el 80.9% de las mujeres con discapacidad en la Ciudad de México ha vivido algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Aunado a esto, su tasa de participación económica apenas alcanza el 31.3%, frente al 51.5% de los hombres en la misma condición, de acuerdo con datos de la ENADID 2023. Son mujeres que navegan en un mar de vulnerabilidades que la narrativa comercial del 10 de mayo ni siquiera considera.

La representación importa porque nombra, y lo que no se nombra tiende a tratarse como si no existiera, como ya lo hemos repetido en Ola Violeta. Reconocer a las madres con discapacidad en el espacio público –en los medios, en la publicidad, en las políticas de cuidado– no es un gesto de tolerancia ni de marketing inclusivo, es una condición mínima de justicia. 

Mientras la imagen del Día o el Mes de las Madres siga reproduciendo sólo una maternidad sin sillas de ruedas, sin lenguaje de señas, sin bastones ni diversidad funcional, el festejo seguirá siendo, para millones de mujeres en este país, una celebración que las excluye justo en el momento que pretende honrarlas.