Opinión
Las olvidadas de las olvidadas
Fecha de publicación: 06/Marzo/2026 | Autor: María Elena Esparza Guevara
Hay una deuda que la sociedad no quiere ver. No figura en los discursos del 8M con la frecuencia necesaria. Es la deuda con las mujeres mayores que, además de haber envejecido en condiciones de precariedad estructural, cargan con una discapacidad adquirida a lo largo de su vida. Mujeres con discapacidad adquirida por pérdida de movilidad, visión o capacidades cognitivas tras décadas de trabajo de cuidado no remunerado 24/7 y 365. Ellas enfrentan hoy una vejez sin pensión digna y sin que su causa sea nombrada en las marchas del Día Internacional de la Mujer.
Este marzo, en Ola Violeta presentaremos el reporte “8M: las abuelas de la lucha”, donde documentamos el olvido a las mujeres mayores. En México, la brecha de género en pensiones supera el 35%, muy por encima del promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) de 23%. Ese número representa décadas de salarios bajos, empleos informales, interrupciones de carrera y miles de horas de cuidados no remunerados que el sistema recibió como si fueran gratuitas. Cuando una mujer llega a la vejez con una discapacidad adquirida en ese trayecto, la brecha no solo persiste, se profundiza. La dependencia económica se vuelve dependencia total.
Casi cuatro de cada diez personas mayores en México reportan síntomas de depresión, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición más reciente (Ensanut, 2022); hay mayor prevalencia entre mujeres. Globalmente, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cerca del 14% de adultos de 70 años y más vive con un trastorno mental. Para quienes además tienen una discapacidad adquirida, el aislamiento se multiplica. Y sin embargo, estos datos rara vez aparecen en la agenda feminista, que con frecuencia olvida que los cuerpos jóvenes envejecen, enferman y pueden quedar solos.
El edadismo opera como una segunda piel sobre la discriminación de género. Según la OMS, 1 de cada 2 personas tiene actitudes edadistas. En México, entre quienes reportaron discriminación en el último año, el 39.4% de las mujeres señaló que fue por su edad, según la Encuesta Nacional sobre Discriminación (Enadis, 2022). Con una discapacidad adquirida encima, la exclusión es física, institucional, afectiva: mujeres que no pueden llegar solas al centro de salud, que dependen de familiares sin apoyos del Estado, cuya experiencia de vida es descartada con indiferencia.
Sí hay avances recientes en pensiones —el complemento garantizado de 2024 y el acceso a la Pensión para el Bienestar desde los 60 años para mujeres en 2026— y son pasos que el reporte “8M: las abuelas de la lucha” reconoce. Pero ninguna reforma de pensiones resuelve la ausencia de rehabilitación accesible, acompañamiento psicosocial con perspectiva de género ni políticas específicas para mujeres mayores con discapacidad. El cuidado de quienes cuidaron sigue recayendo en otras mujeres, sin pago ni reconocimiento.
Cualquier feminismo que olvida de sus causas la vejez con discapacidad está incompleto. Este 8M, las abuelas de la lucha merecen estar en el centro de la evocación, no olvidadas.





