Opinión
La Concordia: cuando el fuego cambia la vida
Fecha de publicación: 30/Septiembre/2025 | Autor: María Elena Esparza Guevara
El 10 de septiembre, una pipa de gas LP explotó bajo el Puente de La Concordia en Iztapalapa, transformando para siempre la vida de decenas de familias. Hasta ahora —al corte del martes 30 de septiembre— la Secretaría de Salud de la CDMX ha confirmado 31 personas fallecidas, pero cada día aumenta la cifra. Son noticias devastadoras, pero de quienes han sido dados de alta sabemos muy poco.
Casi un centenar de personas heridas fueron trasladadas a hospitales cercanos por quemaduras de primer, segundo y tercer grado. ¿Qué será de ellas y ellos tras el alta hospitalaria? Entre los sobrevivientes se encuentran casos como un hombre de 57 años con quemaduras en el 80 por ciento del cuerpo, lesiones que van más allá del dolor físico inmediato para convertirse en una realidad que redefinirá su existencia y la de su familia.
Las quemaduras graves representan una de las formas más devastadoras de adquirir una discapacidad. Según la Organización Mundial de la Salud, cada año 180 mil personas mueren como consecuencia de quemaduras, concentrándose la gran mayoría en países de ingreso mediano y bajo. Las quemaduras no mortales constituyen una causa principal de morbilidad, pero las cifras no reflejan la complejidad del proceso de adaptación que enfrentan quienes sobreviven a estas lesiones.
La transición de una vida sin limitaciones físicas a enfrentar una discapacidad por quemaduras implica un duelo profundo. Las víctimas no sólo deben procesar la pérdida de funciones corporales, sino también la transformación de su identidad. La discapacidad física de los sobrevivientes por quemaduras graves involucra, en la mayoría de los casos, problemas de movilidad. Tienen que reaprender actividades básicas como caminar, comer o vestirse, mientras se enfrentan al dolor crónico y las limitaciones en el rango de movimiento.
El impacto psicológico es igual de devastador. Quienes antes se movían libremente deben ahora navegar barreras físicas y sociales. La autoestima se ve afectada por los cambios en la apariencia, mientras que la independencia económica puede verse comprometida. En el mundo, se calcula que mil 300 millones de personas, es decir, el 16% de la población mundial, vive actualmente con alguna discapacidad; cifra que incluye a miles de sobrevivientes de quemaduras que luchan diariamente por reconstruir sus vidas.
Para las familias, particularmente las cuidadoras –en femenino porque son mujeres quienes realizan la mayor parte de las labores de cuidados no remunerados–, la responsabilidad de atender a una persona con discapacidad por quemaduras representa un gran desafío. Estas mujeres, en su mayoría madres, esposas o hijas, deben transformarse en expertas en cuidados médicos complejos: manejo de heridas, fisioterapia, administración de medicamentos y vigilancia constante de complicaciones. El costo emocional es alto; muchas desarrollan síndrome del cuidador, caracterizado por agotamiento físico y mental, aislamiento social y deterioro de su propia salud.
La carga económica representa un problema más. Los tratamientos de rehabilitación, las cirugías reconstructivas, los dispositivos de asistencia y las adaptaciones del hogar requieren recursos que muchas familias no poseen. En México, donde el sistema de salud tiene limitaciones, las familias, además, se enfrentan a la burocracia.
El proceso de rehabilitación es largo y complejo. La OMS establece que la rehabilitación ayuda a los niños, adultos o personas mayores a ser lo más independientes posible en su día a día y les permite participar en actividades educativas, laborales o recreativas. Sin embargo, cada caso es único, y algunos pacientes nunca recuperan su funcionalidad anterior. La aceptación de esta nueva realidad requiere apoyo psicológico profesional para el paciente y toda su familia.
La sociedad también juega un papel crucial. Las barreras arquitectónicas, la discriminación laboral y los prejuicios sociales complican la reinserción de las personas con discapacidad por quemaduras. Por supuesto, la educación pública sobre la discapacidad y la implementación de leyes de inclusión son fundamentales para crear un entorno más accesible y empático.





