Opinión
El modelo médico que te culpa. No es tu condición, es su incapacidad de entenderla
Fecha de publicación: 06/Abril/2026 | Autor: I Wheel Love U
Las personas que nacemos con una discapacidad, desde el día uno, somos sometidas a todo tipo de tratamientos, estudios, posibilidades, rehabilitaciones y también a algo más silencioso: el juicio.
Falsos diagnósticos sobre nuestra condición, especulaciones sobre nuestra vida, incluso pronósticos de desahucio. Nos marcan. Nos dicen —desde su criterio médico— cómo debería ser la vida que ellos creen que vamos a tener. Corta o larga, pero siempre condicionada.
Ahí empieza todo.
Por eso el modelo médico está tan lejos del modelo social de la discapacidad. Porque en la práctica, el sistema de salud sigue siendo rígido, cuadrado, poco humano.
Y rara vez dimensiona el impacto que eso tiene en el desarrollo psicosocial de una infancia con discapacidad… y en la vida adulta de quienes crecemos así.
Si eres una persona con discapacidad, probablemente ya te pasó:
te has topado con médicos que no saben cómo atenderte, no saben cómo hablarte, no saben ni cómo recibirte en consultorios llenos de barreras.
Y no saben… porque no han querido saber.
Nos salimos de su molde. De su método hegemónico de entender la salud. Y en lugar de cuestionarlo, prefieren hacer lo más fácil:
culpar a la discapacidad de todo lo “extra” que ocurre en nuestra vida.
Pero hay que decirlo claro: las personas con discapacidad no estamos enfermas. Nuestra condición no se “cura”.
Lo que sí deberían hacer es interesarse, investigar, entender cómo acompañarnos cuando hay otros diagnósticos, otros tratamientos… tengan o no relación con nuestra condición.
Llevamos más de 15 años empujando para salir del modelo médico-rehabilitador como única mirada. Y aún así, muchos no han querido soltarlo.
Por eso cuesta tanto que nos vean como personas. Por eso prefieren tratarnos desde la condición.
Y entonces surgen las preguntas incómodas:
¿Por qué no aprenden de discapacidad?
¿Por qué no la estudian en serio?
¿Por qué les tiembla la mano al auscultarnos?
¿Por qué no nos miran a los ojos?
¿Por qué siguen promoviendo un modelo que ni ellos mismos pueden sostener?
Encontrar atención médica siendo persona con discapacidad puede ser una misión en sí misma.
Y no por una sola razón:
Infraestructura inaccesible.
Falta de ética profesional.
Desinformación.
Prejuicios.
Costos.
Capacitismo.
Esta reflexión nace de una experiencia reciente y muy personal.
A veces crees haber encontrado a una médica distinta.
Una que te mira como persona y no como diagnóstico.
Que habla desde un discurso feminista, diverso, aparentemente digno.
Pero dura poco.
Porque ese enfoque también puede ser selectivo. Ese feminismo también tiene límites. También puede ser hegemónico.
Y entonces pasa lo de siempre:
Desaparece el interés real por conocerte. Por entender cómo vives tu cuerpo. Cómo se cruza tu condición con tu día a día.
No hay integración.
Es una cosa o la otra.
O eres “la paciente con condición”, o eres “la mujer desde el discurso”. Pero no ambas.
Y en ese vacío empiezan los problemas: malos diagnósticos,
tratamientos imprecisos, falta de acompañamiento.
Más juicio que escucha. Más discurso que práctica.
Y tú, otra vez, teniendo que buscar desde cero quién sí tenga una base médica real para atender lo que pasa en tu cuerpo.
Porque no, no todo es la condición. Pero tampoco se puede ignorar.
Aunque durante años nos han señalado en millones de consultorios médicos, hoy quiero decirte algo —especialmente si eres una persona con discapacidad o vives con movilidad reducida—:
NO ES TU CONDICIÓN
NO ES TU CULPA
NO ES TU MOVILIDAD LIMITADA
No, no es eso lo que explica todo.
No es que subas de peso “por tu condición”.
No es que comas de más.
No es que estés haciendo algo mal por querer vivir mejor, por intentar cosas fuera de lo “normal”.
Y tampoco es tu culpa haber confiado.
Haber creído en voces médicas que parecían acompañar… pero no entendían nada.
No tienes la culpa. Tu familia tampoco.
La responsabilidad está en otro lado: en la falta de oportunidades, en sistemas de salud que te cierran la puerta —sean públicos o privados—, en consultorios donde no te ven como persona, sino como “caso”, como “paciente especial”.
En todo eso que pasó dentro de un consultorio y que te marcó, que te señaló.
Pero que no te limite.
Que se quede ahí. En su prejuicio, en su desinterés, en su mala práctica. En su falta de ética.
Que se lo queden ellos: quienes no cuestionan lo que saben, quienes no se retan a aprender más, quienes siguen operando desde un modelo médico que reduce, etiqueta y lastima.
Porque sí, aunque cuesta —y mucho—, también existen otras formas.
Puedes encontrar profesionales de la salud —ginecólogas, nutriólogas, terapeutas— que se acercan con ética, con curiosidad genuina, con respeto.
Que quieren conocerte como persona, y también entender tu condición… no para marcarla, no para limitarte, no para lastimarte, sino para acompañarte mejor.





