07 de Marzo de 2026

Opinión

El día más triste, cualquiera

En el marco del "día más triste del año", María Elena Esparza analiza las variables que afectan la salud mental de las personas con discapacidad

Fecha de publicación: 19/Enero/2026 | Autor: María Elena Esparza Guevara

Ilustración de María Elena Esparza, fundadora de Ola Violeta A.C. y consejera en género del Consejo Ciudadano de la CDMX

Fue un invento de la mercadotecnia, pero sirve para reflexionar sobre un tema real: la depresión y todos los sentimientos asociados a ella. Por eso, aprovecho este ‘Blue Monday’, comercializado como “el día más triste del año”, para invitarte a una reflexión sobre las condiciones de intersección entre este trastorno de salud mental y las diferentes formas de discapacidad, además de la variable de género que siempre profundiza las desigualdades.

La investigación es consistente. De acuerdo con la American Psychological Association, las personas con alguna discapacidad tienen entre dos y tres veces más probabilidades de experimentar depresión que aquellas sin discapacidad. No se trata únicamente de una condición médica asociada a la limitación funcional, sino de las consecuencias sociales de vivir en entornos que excluyen, aíslan y dificultan el acceso a derechos básicos, incluido el de la salud mental.

A nivel global, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que la depresión afecta aproximadamente al cinco por ciento de la población adulta y, por ejemplo, The Lancet Psychiatry ha publicado que entre personas con discapacidad física o sensorial la prevalencia de síntomas depresivos puede alcanzar entre el treinta y el cuarenta por ciento, dependiendo del tipo y grado de la misma. No es menor, aunque nunca hablamos sobre esto.

Cuando se incorpora la mirada de género, la brecha es aún más clara. La depresión es más frecuente en mujeres que en hombres en prácticamente todas las regiones del mundo. Investigaciones publicadas por Oxford University Press en revistas como Social Science & Medicine señalan que las mujeres tienen casi el doble de probabilidad de ser diagnosticadas con depresión mayor a lo largo de su vida. Esta diferencia no desaparece cuando hay discapacidad; de hecho, se intensifica.

En Reino Unido decidieron medirlo en una población de 300 mil personas adultas y encontraron que el 28 por ciento de las mujeres con discapacidad presentaban depresión, frente al 16 por ciento de los hombres con discapacidad. Las razones de esta disparidad han sido bien documentadas. 

La Organización Mundial de la Salud ha señalado que las mujeres con discapacidad tienen hasta tres veces más probabilidades de sufrir violencia física o sexual que las mujeres sin discapacidad. A ello se suman mayores niveles de dependencia económica, desempleo y pobreza, variables que están fuertemente asociadas con depresión crónica y síntomas depresivos severos. Además, diversos estudios en Journal of Health and Social Behavior documentan experiencias frecuentes donde las mujeres con discapacidad reportan que sus malestares emocionales son minimizados, infantilizados o atribuidos exclusivamente a su condición de discapacidad. Incluso se les llega a señalar de que no saben ni lo que sienten… ¡imagínate!

En el caso de los hombres con discapacidad, la depresión también está presente, pero suele manifestarse de manera distinta y menos reconocida por los estereotipos de género. Ellos tienden a expresar el malestar emocional mediante irritabilidad, consumo de alcohol u otras sustancias o conductas de riesgo, lo que contribuye a que la depresión esté subdiagnosticada, pero eso no implica menor sufrimiento, sino invisibilización de que, como dice el dicho, los hombres también lloran. 

Hablar de ‘Blue Monday’ sin considerar estas realidades es perder una oportunidad. Para millones de personas con discapacidad, la tristeza no se limita a un día del calendario, sino que está vinculada a estructuras que restringen la autonomía, normalizan la violencia y dificultan el acceso a apoyos psicológicos adecuados. 

Cualquier día seguirá siendo el más triste del año para ellas y ellos mientras no traigamos la atención a estas vulnerabilidades emocionales específicas que les afectan y están normalizadas como parte de su discapacidad. La depresión es tratable; la desigualdad que la profundiza, también.