Opinión
Agua sucia en Guadalajara: el calvario invisible de las personas con discapacidad
Fecha de publicación: 06/Noviembre/2026 | Autor: Citlalli Quiroz
En los últimos meses, la Zona Metropolitana de Guadalajara ha encabezado los titulares de los medios de comunicación nacionales por una problemática bastante preocupante e histórica: el desabasto y suministro de agua turbia, maloliente o contaminada. Esta situación deriva del deterioro de la red de distribución y la contaminación de las fuentes de abasto.
Desde niños en la primaria nos enseñan que el agua es un recurso vital para la vida, ¿pero qué pasa cuando este recurso, por el que pagamos todos los ciudadanos, se recibe con todas estas deficiencias?
Las causas son muchas, por ejemplo, la red de distribución obsoleta, con poco o nulo mantenimiento, descargas irregulares y canalería a cielo abierto, plantas de tratamiento insuficientes, entre otras.
Esta situación ya lleva alrededor de seis meses en muchas colonias de esta zona conurbada. A la ciudadanía ya le llegó el hartazgo y decidió manifestarse. Gracias a esas marchas, por fin el gobierno estatal inició el plan de trabajo para solucionar dicha problemática.
Las miles de personas afectadas por el desabasto de agua o el suministro de agua sucia y maloliente, ¿alguien se ha detenido a pensar en las personas con discapacidad? Esta situación puede generarles barreras físicas, económicas, de salud, entre otras, que vulneran su autonomía y dificultan el desarrollo de sus actividades cotidianas. Por ello, es fundamental analizar esta problemática desde una perspectiva de derechos humanos e inclusión, reconociendo que el acceso al agua potable, al saneamiento y a condiciones adecuadas de higiene no es un privilegio, sino un derecho indispensable para garantizar una vida digna, preservar la salud, fomentar la autonomía y asegurar la participación social de todas las personas.
Les comparto algunas barreras y situaciones a las que se enfrentan las personas con discapacidad ante esta problemática.
- Las personas usuarias de sillas de ruedas tienen mayor vulnerabilidad cutánea e infecciosa, ya que requieren una higiene más frecuente para prevenir úlceras por presión e infecciones urinarias o dermatológicas. El agua turbia o la falta de esta aceleran el riesgo de infecciones graves. ¿Ustedes creen que pueden lavar sus heridas con esta agua lodosa y maloliente?
- A las personas de talla baja nos resulta imposible acarrear agua durante los recortes o tandeos, almacenar agua implica cargar cubetas, barriles o garrafones pesados desde cisternas o tinacos de planta baja hacia pisos superiores, una tarea físicamente imposible para nosotros.
- Las personas que utilizan bastones, andaderas o cualquier otro apoyo para su movilidad pueden sufrir caídas y accidentes al utilizar instalaciones húmedas, resbaladizas o improvisadas.
- En cuanto a las personas ciegas, no pueden identificar visualmente cambios en el color, turbidez o presencia de partículas en el agua, así como la dificultad para localizar fugas, recipientes o puntos de abastecimiento. Además, el almacenamiento de cubetas puede convertirse en un obstáculo para desplazarse dentro de su hogar.
- En cuanto a las personas con discapacidad auditiva, pueden presentar dificultades para recibir avisos de suspensión del servicio cuando se comunican exclusivamente mediante altavoces o mensajes sonoros, barreras para comunicarse con autoridades o proveedores de servicios cuando no existen intérpretes de lengua de señas mexicana u otros medios accesibles, así como complicaciones adicionales para limpiar dispositivos de audición, materiales de cuidado o equipo que requiere agua segura.
- Las personas con discapacidad intelectual tienen la dificultad para comprender indicaciones complejas sobre el tratamiento, almacenamiento o consumo seguro del agua, dependencia de redes de apoyo para conseguir agua potable y mantener hábitos de higiene, necesidad de instrucciones sencillas, visuales y accesibles para prevenir riesgos sanitarios.
- Por último, pero no menos importante, las personas con discapacidad psicosocial presentan estrés, ansiedad e incertidumbre ante la falta de un servicio indispensable, alteraciones en las rutinas de higiene, alimentación y cuidado personal, sobrecarga emocional cuando no se cuenta con redes de apoyo para resolver las necesidades cotidianas.
La precariedad económica es un factor muy presente entre las personas con discapacidad, por lo cual muchas no tendrían los recursos económicos para adquirir pipas de agua potable de manera particular.
¿Ustedes creen que esta población puede esperar a que los trabajos necesarios terminen hasta finales del 2027 o principios del 2028, que son los plazos proyectados por las autoridades? Pues claro que no.
Tristemente, en muchas ocasiones, la solución de estos problemas se debe a diferencias políticas que, en último grado de importancia, es la ciudadanía y, más aún, la población en situación de vulnerabilidad. Pero, sobre todo, es obligación del gobierno garantizar un recurso vital de calidad, como es el agua potable.
Como tristemente escuché hace poco de una afectada: “No sé si estoy más sucia antes o después de bañarme”. ¿Realmente nos merecemos esto? Lo dejo para su reflexión.





