Por Débora Montesinos

Yisel Compeán Rodríguez es odontóloga y está en la semana 31 de su primer embarazo; a los 27 años ella se convertirá en mamá de una niña que nacerá con espina bífida, según los estudios ecográficos que se realizó a las 13 semanas de gestación.

“Al principio no era algo seguro, pero la ecografía alertó al médico de que había un problema. Días después, un especialista en Monterrey, lo confirmó”, recuerda Yisel entre lágrimas, mientras detalla todos los estudios a los que se ha sometido desde entonces.

Desde un comienzo, le dijeron que no era conveniente que tuviera al bebé, porque el inicio del embarazo coincidió con un severo tratamiento médico dermatológico al que estaba sometida, pero ella buscó más opiniones y decidió continuar.

Por fortuna, dice la joven que vive en San Luis Potosí, los estudios revelan un daño leve, a nivel de la zona del sacro, lo que favorece mucho el pronóstico de vida de la bebita que es esperada por Navidad, apenas cumpla las 37 semanas. “Es muy pequeño y muy bajo, entonces hay muy buenas probabilidades”.

La joven no fue candidata a una cirugía fetal porque las consecuencias podrían ser peores para la bebé. Así que ella ha estado en tratamiento y también se ha apoyado en asociaciones para conocer y tomar decisiones que se traduzcan en una mejor calidad de vida para la bebita.

Parte de ello es prepararse para una cirugía que deberán practicarle a la niña en sus primeras 48 horas de vida para evitar una infección, debido a que el mielomeningocele está abierto y debe ser cerrado.

La cirugía la realizará un neurólogo no especializado en pediatría, porque no hay en San Luis Potosí, y pretender que se efectúe, por ejemplo, en Monterrey, significaría una inversión mínima de al menos millón y medio de pesos, que la futura mamá no tiene. Sin embargo, los médicos que la atienden le han asegurado que el neurocirujano es un gran experto.

En toda la planeación de la cirugía, Yisel ha estado asesorada por su ginecólogo, quien le recomendó afiliarse al seguro del Insabi, debido a que ella no estaba registrada ni en el IMSS ni cuenta con un seguro de gastos médicos mayores.

Además, la futura madre se mentaliza para el momento en que tenga a su bebé en casa y ella deba regresar a trabajar, en el consultorio que instalará en casa para poder atenderla mejor.


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