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Sandra quedó ciega de repente, pero la vida sigue y la afronta con todo ánimo
La arquitecta de 59 años continúa con su trabajo y le gusta asistir al teatro. ?Es un obstáculo jodido, pero que no te inmoviliza", remarca sobre su discapacidad.
Fecha de publicación: 14/Febrero/2024 | Autor: Redacción Yo También
"Soy una cieguita (sic) inquieta, no puedo parar y me gusta ser así", dice Sandra Dajnowski, una arquitecta de 59 años, quien hace 12 se quedó ciega "de manera inesperada". Tras el impacto inicial, con Nico, su hijo del corazón, con quien vivía desde hace poco más de un año, empezó a reconstruirse.
Sandra mide 1.89, altura que alude a su ascendencia lituana. "No obstante me llevan por delante en la calle, me echan la culpa y me gritan: '¿Sos ciega, boluda, por qué no mirás por dónde caminás?'", emula divertida un diálogo cotidiano. "Te juro que siento que siendo ciega veo más que cierta gente que, de tan acelerada y enajenada, se enceguece".
La arquitecta es una mujer propositiva. Su personalidad fuerte, con carácter, sensatez y mucho sentido del humor, le dieron un empujón para encarar la segunda parte de su vida plena de actividades, después de que la ceguera se apoderó de su mundo.
"Desprendimiento de retina", fue el lapidario diagnóstico del hasta ahí sobreviviente ojo izquierdo y el mazazo dobló a esta mujer que hoy es inquebrantable.
En shock, su primera reacción desesperada fue "¡Mi hijo, mi hijo, no, no!". En 2010, Sandra había adoptado a Nicolás, que por entonces tenía 10 años. "¿Qué le voy a decir a Nico, qué voy a hacer? Me desesperaba esa situación, no la económica, porque siempre, como arquitecta recibida en la UBA, fui generadora de proyectos y emprendimientos".
Pero "no podía aceptarlo, me operaron diez veces. ¡Diez veces! Pero no hubo caso, el ojito había bajado la persiana".
Cuenta que la relación con Nicolás pasó por un sinfín de estados emocionales. "Abrazaditos y apegados, distantes, enojados y discutidores. Gracias a la terapia fui entendiendo que eran procesos normales. Claro, había enojos, pero nadie tenía la culpa?.
Trabaja en distintas obras y desarrollos inmobiliarios, de los cuales se encarga de la logística para llevarlos a cabo.
Con el consentimiento de su hijo Nicolás, Sandra se hizo amiga de las redes sociales y empezó a dar a conocer su historia y algunas de sus actividades. "Me animé a contar, porque creo que la ceguera no es un monstruo, como se piensa, y está bueno, desde mi lugar, poder sortear algunas barreras y derribar mitos".
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