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Las redes sociales ?nos abren al mundo?: dos jóvenes con ceguera
Salva Doménech y Natasha Trujillo viven y trabajan en Madrid, tienen 24 y 30 años, y comparten lo que para ellos supone la socialización de las pcd visual a través de las redes.
Fecha de publicación: 15/Febrero/2024 | Autor: Redacción Yo También
Salva Doménech y Natasha Trujillo, dos jóvenes residentes en Madrid con distintos grados de discapacidad visual, comparten lo que para ellos supone socializar a través de las redes sociales, al igual que lo hacen cientos de personas con discapacidad (pcd) visual que hallan en la tecnología un puente para integrarse al mundo.
Salva tiene 24 años, estudió Periodismo y Ciencias Políticas en Madrid, trabaja como técnico de comunicación y transformación digital en la Fundación CERMI Mujeres, que se dedica a ayudar a mujeres y niñas con discapacidad, y dedica gran parte de su tiempo a cuestiones de activismo sobre la ceguera. También es ciego casi total. "Sólo veo luces, pero prácticamente nada", aclara en entrevista con el diario El Periódico de España.
Natasha nació en Venezuela hace 30 años, pero lleva muchos viviendo en la ciudad de Madrid. Estudió Diseño Gráfico, trabaja en el área de Relaciones Internacionales de la ONCE, hace dibujos que comparte en Instagram, practica snowboard y, de vez en cuando, se sube a escenarios a hacer monólogos.
Además, tiene una discapacidad visual: sólo tiene un 10 por ciento de visión en el ojo izquierdo y nada en el derecho. "10 por ciento visión, 100 por ciento", resume en su biografía de Instagram.
La ventana al mundo
Para ambos jóvenes, las redes sociales representan una dualidad. Por un lado, son una ventana al mundo. Por otro, incorporan sus propias barreras.
Los casos de Salva y de Natasha son parecidos, aunque con matices; mientras que él no ve nada y depende de la tecnología parlante -que lee el contenido de la pantalla en voz alta, tanto en celulares como en ordenadores-, ella sí que puede valerse de herramientas más sencillas como el zoom para ver por sí misma algunos contenidos.
Sin embargo, los obstáculos principales son los mismos: aplicaciones desarrolladas principalmente pensando en la imagen y un diseño que no siempre tiene en cuenta los criterios de accesibilidad para personas ciegas, dicen al diario.
Natasha, por su parte, considera que las redes le aportan una ventaja a la hora de socializar. "Es más fácil hacerlo a través de un 'aparato', elimina barreras y te empodera".
Gracias a ellas, le resulta más sencillo lidiar con los prejuicios a la hora de conocer gente. Eso sí, "te favorece un tiempo, después tienes que volver a la realidad y enfrentarte allí a tus inseguridades", puntualiza.
A diferencia de Salva, ella sí está más presente en Instagram. Además de su cuenta personal, también maneja otra para dar a conocer sus dibujos, en los que retrata a personajes famosos, iconos pop o personas corrientes con un matiz particular: ninguno tiene ojos, excepto los perros.
Para ella, esta red representa una gran ayuda como artista, ya que permite que quien ve sus obras valore su trabajo antes que a la persona que está detrás. En el mundo real, tendemos a "juzgar mucho el trabajo de la gente por cómo son y no por lo que hacen", reflexiona Natasha.
Eso sí, coincide en subrayar las grandes dificultades de accesibilidad que debe afrontar para manejarse en esta y otras redes enfocadas en lo visual.
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