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“El pole dance salva vidas”: Mildred Larios
Tras más de 20 rechazos, Mildred Larios se convirtió en la primera bailarina ciega en México en ganar una medalla de pole dance. Su historia evidencia las barreras que aún enfrentan las personas con discapacidad en el deporte.
Fecha de publicación: 16/Abril/2026 | Autor: Dennis González
Mildred Larios supo, desde su infancia, que quería dedicarse al pole dance. A los nueve años, sintonizó en la televisión la interpretación de una bailarina en el tubo y hoy aún describe ese descubrimiento como algo “bonito, elegante, rudo y exigente” que le impactó visual y espiritualmente.
Ahora, a sus 24 años, esta activista en pro de los derechos de las personas con discapacidad, es la primera bailarina ciega en México que gana una medalla de pole dance en la competencia Extravaganza Pole Theater and Exotic Competition con otras participantes sin discapacidad, ganando en la categoría New Star.
El camino para llegar a lo que quería desde niña no fue sencillo. Si bien hubo intentos desde su infancia para que se acercara a la música y al canto como las actividades para las cuales estaba “destinada”, como lo asegura.
“Cuando tienes discapacidad visual se cree que sólo nos podemos dedicar a ciertas actividades” explica Mildred. Y contra esta creencia ella luchó por romper esquemas; tenía muy claro que no iba a limitar su capacidad de elección y acción. Había encontrado el deporte que le apasionaba y estaba dispuesta a hacer todo por practicarlo.
Nos compartió cómo ha construido su trayectoria como deportista con la intención de representar a la comunidad de personas ciegas y con baja visión. Mildred piensa que no es la única y que puede inspirar a otras personas con discapacidad a seguir el camino que ella ha contribuido a abrir en el país.
¿Qué ha sido lo más complicado de practicar pole dance?
Encontrar un estudio donde entrenar fue de las experiencias más dolorosas y amargas que he atravesado en la vida. Al menos veinte estudios me dijeron que no, siendo profesores con certificaciones, algunos incluso no me dejaron ni ingresar a las instalaciones.
Los profesores no están correctamente capacitados y no quieren asumir una responsabilidad más. Para un profesor, de cualquier materia, lo más común es prepararte para recibir alumnos normofuncionales pero nunca sabes cuando llegará un alumno con discapacidad. El tener las herramientas para enseñarles es tener un as bajo la manga.
En el pole dance hay métodos de enseñanza que no me son favorables como el “ver y copiar”; es algo que no funciona para mí. Soy una persona diferente pero soy igual de valiosa que todas las bailarinas, puedo pagar mi clase, puedo llegar con mis propios medios, sólo buscaba a alguien que tuviera la suficiente disponibilidad para enseñarme.
¿De dónde crees que venían estas negativas que recibiste en otros estudios?
Lo he llegado a comprender desde el miedo al cambio. Muchos no quieren evolucionar y tal vez no tienen la posibilidad de capacitarse. Tal vez les genera conflicto el tener que enseñarle a alguien que no aprende al igual que la mayoría de los alumnos.
Soy una deportista que aprende diferente. Hasta el día de hoy, a pesar de tener una medalla ganada gracias a mi técnica, he tratado de encontrar un estudio provisional y al llegar me siguen dando negativas. Para ellos es muy invasivo y aterrador el enfrentarse al cambio. Pero ese es el miedo de los demás; yo siempre llego con convicción.
¿Cómo conoces a tu actual profesora?
Llegó un momento en el que pensé: “A lo mejor no tengo que hacer pole”, “Nunca voy a tener esta oportunidad” . Me sentí decepcionada de todos, de mí y de mi cuerpo, pero en un último intento publiqué en Facebook que estaba buscando clases de pole dance y omití el ser una persona ciega porque estaba cansada de los rechazos, aunque nunca me ha gustado negar quien soy.
Mi actual profesora, Iristides González Paredes, me compartió la información sobre su estudio y fue donde le confesé que soy ciega, le aseguré que no tenía que preocuparse por nada, que me iba a adaptar a todas las condiciones. Es una profesora que tiene una metodología para enseñarle a personas con discapacidad, no únicamente a ciegos, tengo compañeras que también tomaron clases y viven con síndrome de Down y parálisis cerebral.
Entrenar implica movilizarse y viajar dos horas para tomar cuarenta y cinco minutos de clase pero el avance que tengo ahí es muy notable. Al año y medio gané mi primer medalla gracias a que en este lugar se borran las barreras, sobre todo actitudinales.
Agradezco mucho el haber sido rechazada de tantos lugares porque si me hubiera quedado en otro estudio no hubiera progresado tanto.
¿Qué papel juega tu profesora durante tu progreso? ¿Ella te motivó a competir?
Ella ha sido toda mi guía, te acompaña durante el proceso físico pero también creces de manera personal y profesional.
Llegué a mi primera clase sin expectativas por las anteriores experiencias, pero floreces de una manera tan bonita cuando estás con las personas correctas. Hay mucho acompañamiento detrás de todo lo que he logrado hasta ahora.
¿Qué es lo mejor que encontraste al comenzar a entrenar?
El pole salva vidas. En toda la extensión de la frase. Todos podemos hacer pole pero no es para todos. Entrenar duele mucho pero cuando ves tu progreso, tu cuerpo y tu espíritu se enaltecen.
Lo que más me gusta del pole dance es que soy completamente autónoma. Yo tengo que encontrar la manera de cumplir con la clase de manera independiente. Sé que soy una chica ciega, gran parte de mi vida me van a apoyar a hacer varias cosas, pero en pole nadie me puede ayudar, es algo muy mío. Puedo volar sola, es mi manera de visibilizarme como chica ciega y de empoderarme a través de la discapacidad.
No existe aún el pole incluyente, el pole lo vamos adaptando para que las personas con discapacidad puedan practicar este deporte.
¿Qué cambios observaste en ti a lo largo de tus entrenamientos?
Me ha ayudado a crecer muchísimo. Es el enfrentarte a tus inseguridades para poder realizar la figura que harás en clase. Esas inseguridades llegan de parte de tu entorno. En la clase no sólo tienes que quitarte la ropa para entrenar, sino también esas decisiones que alguien más tomó sobre ti para preparar a tu cuerpo y tu mente.
Físicamente me ha ayudado a poder darme cuenta de que mi cuerpo puede soportar mucho más de lo que mi mente me dice. Me ha ayudado a mejorar mi autovalor y autoconcepto.
Me motiva mucho que hay niñas con diversas discapacidades que me dicen que se inspiran por mí. Eso para mí es el mayor crecimiento y regalo que me da este deporte.
¿Alguna vez has recibido algún comentario que intente invalidar tu capacidad como deportista dentro de la comunidad del pole?
Frente a la discapacidad siempre ha existido una descalificación. En una de mis competencias decidimos vendarme los ojos como parte de la rutina, pasar como una competidora normofuncional. Se llevó a cabo, fui calificada y al final me pasaron mi bastón para evidenciar que soy ciega.
Quería que vieran mi técnica y que me calificaran por eso; quería evitar el “le están dando mérito porque es ciega”. Esto lo he notado mucho en las competencias.
En el estudio en el que entrenas, ¿has encontrado un espacio accesible?
Al inicio yo quería clases personalizadas, por la negativa que había recibido anteriormente por instructores y tampoco quería incomodar a nadie con mi presencia.
Pero desde el primer momento mi maestra me explicó que iba a tomar la clase con el resto de mis compañeras, encontré un espacio muy bonito con todas. Pensé que allá afuera en el mundo aún cuesta aceptar que existen personas diferentes, pero en estos cuarenta y cinco minutos estoy en un espacio incluyente. En él soy una bailarina más del grupo, se me incluye como tal sin privilegios y beneficios especiales, pero siempre hay reconocimiento, apoyo e inclusión.
¿Qué opinas del discurso que ve al pole como algo ajeno al deporte?
El pole está totalmente descalificado como deporte para algunas personas, a pesar de que incluso tiene divisiones dentro del mismo. Siempre me refiero a él como un deporte, no como una disciplina, no como un hobbie, sino como lo que realmente es.
Es más rudo y más exigente que otros deportes, el pole dance trabaja desde la punta de tus pies hasta la cabeza, tenemos que tener flexibilidad y conectarte espiritual y físicamente para hacer acrobacias a metros del suelo. No solo bailamos, hacemos deporte.
Las personas sólo ven el resultado bonito, pero sólo nosotros conocemos lo doloroso que es el proceso.
¿A dónde te gustaría llegar con el pole dance?, ¿cuáles son tus próximos planes?
Siempre he querido crecer profesional y personalmente a través del pole. Lo que busco es seguir compitiendo, aprendiendo y mejorando mi técnica. Enfrentar todos los prejuicios con convicción al celebrar y enaltecer mis logros.
A largo plazo, me gustaría abrir mi propio estudio completamente abierto a las condiciones de vida diferentes, el pole dance salva todas las vidas.
Este deporte es lo que más amo y planeo hacerlo hasta el último momento que mi cuerpo me lo permita.





