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Personas que viven con VIH y usan drogas inyectables tienen más probabilidades de desarrollar esquizofrenia, bipolaridad y depresión
Fecha de publicación: 07/Agosto/2026 | Autor: Francisco Javier Munguía
Un estudio realizado por el Departamento de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario de Copenhague, Dinamarca, —con el apoyo de los departamentos de las universidades de Odense, Aarhus, Zealand y Aalborg, así como de los departamentos de medicina clínica, bacterias, parásitos y hongos—, (publicado en marzo de 2026 por la revista científica AIDS) reveló que las personas que viven con VIH tienen cuatro veces más probabilidades de ser diagnosticadas con algún trastorno del espectro de la esquizofrenia: trastornos delirantes y los esquizoafectivos.
Dentro de este grupo, quienes adquirieron VIH vía el consumo de drogas inyectables “presentan un riesgo mucho mayor”.
A 20 años de contraer la infección, las posibilidades de desarrollar esta condición de salud mental fueron del 3.7 por ciento, cifra que se eleva hasta 9.5 por ciento entre quienes señalaron como causa de transmisión el uso de sustancias de aplicación subcutánea. Por otro lado, las personas menores de 40 años, junto con las mujeres, se colocan como los grupos de mayor incidencia, tendencia que se mantiene incluso al excluir a pacientes con trastornos de salud mental preexistentes y quienes afirmaron ser usuarios de narcóticos.
¿Cómo se realizó el estudio?
El estudio se cataloga como un esfuerzo único, pues no solo contempló el seguimiento a los diagnósticos de personas que viven con VIH, sino que incorporó a hermanas y hermanos.
“Esto se debe a que la esquizofrenia es altamente hereditaria (…) Los investigadores se propusieron identificar múltiples causas potenciales o factores asociados con el desarrollo de estos trastornos. El enfoque ayuda a diferenciar las causas genéticas y el entorno familiar de los componentes relacionados con el VIH que pueden contribuir al desarrollo de la esquizofrenia”.
Para ello, seleccionaron a 5 mil 191 personas de origen danés de 16 años o más diagnosticadas con VIH entre 1995 y 2021. El 86 por ciento fueron hombres y el promedio de edad se ubicó en 40 años. Por cada persona con VIH, fueron elegidos siete individuos sin el virus, con características similares en edad y sexo, lo que dio como resultado un universo comparativo (o de control) de 36 mil 337 personas.
Al análisis se sumaron 7 mil 042 hermanos de personas con VIH —dos tercios compartían a ambos padres biológicos— y 46 mil 453 hermanos del grupo de control: 78 por ciento hermanos de ambos padres.
Hermanos de personas con VIH también tienen mayores posibilidades de desarrollar esquizofrenia
En relación con el parentesco, el estudio demostró que los hermanos de personas que viven con VIH presentan mayores probabilidades de desarrollar esquizofrenia en comparación con los hermanos del grupo de control. Este patrón fue más pronunciado entre hermanos que comparten ambos padres, es decir, que no son medios hermanos.
Además, los hermanos de personas con VIH que se infectaron a partir del uso de drogas inyectables incrementaron hasta tres veces sus probabilidades de desarrollar un trastorno del espectro de la esquizofrenia. “Esto no se observó en personas que adquirieron el VIH por otras vías”, señala la publicación.
“Si bien los investigadores no pudieron recabar información sobre los hábitos de consumo de sustancias en los hermanos, estos hallazgos indican que el VIH no es el único factor de riesgo asociado a un diagnóstico posterior de esquizofrenia”.
Además, aunque se reconoce el consumo de sustancias como una causa de infección de VIH —y posible detonante de trastornos—, también se acepta que el uso de drogas previo a la infección por VIH o cualquier tipo diagnóstico puede estar predispuesto por genética y el entorno familiar. En otras palabras, el VIH es un factor de riesgo en el desarrollo de trastornos del espectro de la esquizofrenia, que se agrava con el uso de drogas; sin embargo, el propio uso de narcóticos también puede ser inducido por genética, lo que coloca a este grupo en prácticas de riesgo en las que se exponen al VIH y, posteriormente, desarrollan esquizofrenia.
Tampoco se descartaron escenarios en los que el consumo de sustancias se produce “para afrontar condiciones de salud mental preexistentes, posiblemente como una forma de automedicación”.
Finalmente, en comparación con la población en general, se encontró que un número mayor de personas con VIH acudieron a hospitales psiquiátricos o recibieron tratamientos antipsicóticos. Sobre los tratamientos, se detectó que fueron solicitados y suministrados en el mismo año en que los pacientes recibieron su diagnóstico de seropositividad, lo que permite presumir el impacto que una noticia del estilo provoca en la salud mental, “sobre todo en personas con predisposición a condiciones mentales”.
El grupo de expertos admitió que existen múltiples explicaciones para sus hallazgos, entre ellas que las personas que viven con VIH mantienen contacto regular con los servicios de salud, “y por tanto, tienen más posibilidades de ser diagnosticadas con esquizofrenia y otras comorbilidades”. También, que el VIH tiene propiedades neuro-invasivas, lo que podría explicar el vínculo directo entre el virus y el desarrollo de la esquizofrenia.
La bipolaridad también tiene relación con el VIH
El 1 de marzo de 2025 se publicó otro artículo en la revista AIDS —volumen 39, ejemplar número 3– centrado en el trastorno bipolar y personas con VIH. El texto (basado en el mismo estudio coordinado por el Departamento de Enfermedades Infecciosas del Hospital Universitario de Copenhague, liderado por Cecilie Vollmond) concluyó que la bipolaridad está asociada a casos de virus de inmunodeficiencia humana, “especialmente cuando el uso de drogas inyectables fue la vía de infección”.
“Observamos un mayor riesgo de trastornos bipolares entre las personas con VIH, particularmente en los primeros dos años de observación.
La probabilidad tras 20 años viviendo con el virus es del uno por ciento. Participaron 5 mil 322 personas con VIH y un grupo de control de 53 mil 220 individuos con características sociodemográficas similares. Los hermanos de las personas con VIH también presentaron mayor riesgo de trastorno bipolar.
Depresión y VIH
El estudio Danés refuerza los hallazgos del Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos (HHS, por sus siglas en inglés), publicados por la revista AIDS Patient Care and STDS en mayo de 2024, e incorporados al archivo digital de literatura científica de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) en mayo de 2025.
El HHS afirma que las personas que viven con VIH tienen una probabilidad dos a tres veces mayor de desarrollar depresión en comparación con la población no infectada.
Tras la aplicación de un cuestionario a 3 mil 928 individuos, el 34 por ciento reportó haber experimentado esta condición; uno de cada tres. De ellos:
- El 26 por ciento tenían síntomas, pero no diagnóstico;
- El 19 por ciento contaban con diagnóstico acompañado de síntomas, y;
- El 55 por ciento tenían diagnóstico, pero no presentaron síntomas
Además, el estudio concluyó que la discapacidad —en su diversidad— en personas que viven con VIH, y posteriormente desarrollan depresión, aumenta las probabilidades de no ser diagnosticado (junto con la “inseguridad alimentaria” como segundo factor). No obstante, entre la población con VIH y depresión diagnosticada con síntomas, la condición de discapacidad también se hace presente: incrementa la posibilidad de pertenecer a este grupo —junto con el desempleo y la discriminación en la atención de la infección—.
Finalmente, las personas con VIH y síntomas de depresión (diagnosticada o no) presentan menos efectividad —o adherencia— al tratamiento antirretroviral, así como mayores barreras para acceder a servicios de salud mental “suficientes o adecuados” a sus necesidades.
¿Por qué el VIH se vincula al desarrollo de condiciones de salud mental?
Los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos (NIH, por sus siglas en inglés; la agencia de investigación biomédica más grande del mundo) señalan —a través del portal HIV.info, sitio oficial del HHS que concentra políticas, programas, recursos, estadísticas e información sobre el VIH y su etapa avanzada de SIDA— que algunas de las causas de trastornos en personas con el virus son:
- Dificultad para compartir su diagnóstico
- Estigma y discriminación
- Pérdida de apoyo social y/o aislamiento
- Inaccesibilidad en los servicios de salud mental
Además, las “infecciones oportunistas” pueden atacar al cerebro y el resto del sistema nervioso, derivando en cambios en la forma de pensar y comportarse.
Las infecciones oportunistas (OI) se caracterizan por ocurrir con mayor frecuencia y agresividad en personas con sistemas inmunológicos comprometidos (como la población seropositiva, con cáncer o quienes recibieron un trasplante de órganos). Son causadas por virus, bacterias, hongos y parásitos. En el caso del cerebro y sistema nervioso, las más comunes entre la población que vive con VIH son la Meningitis criptocócica y la Toxoplasmosis.
Según el Centro Nacional de Información Biotecnológica de Estados Unidos (NCBI) —con información actualizada al 7 de junio de 2026— la meningitis “sigue constituyendo significativamente” a la mortalidad de personas con infección avanzada de VIH, quienes no están en tratamiento antirretroviral o quienes se encuentran en etapa de SIDA: hasta 180 mil muertes anuales; la quinta parte de toda la mortalidad asociada al síndrome de inmunodeficiencia adquirida.
Entre sus síntomas destacan las alucinaciones y el cambio en el estado de ánimo (confusión). Sobre las complicaciones, resaltan daño cerebral severo, pérdida de la audición o la visión, hidrocefalia y convulsiones.
Por su parte, las ‘Guías clínicas sobre el VIH: Infecciones oportunistas en adultos y adolescentes’ (actualizadas el 5 de junio de este año), indican que la toxoplasmosis tiene su origen en la ingesta de carne poco cocida, el contacto con heces de gato o la transmisión al bebé durante el embarazo.
Entre las afectaciones destacan daños a tejidos oculares que de no tratarse pueden causar pérdida de vista permanente. También, puede desencadenar enfermedades pulmonares y cerebrales graves, inflamación de estos órganos, convulsiones, mala coordinación, debilidad muscular, etcétera.
Medicamento contra el VIH con efectos secundarios
La doravirina —medicamento que cuenta con la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos, así como registro sanitario y aprobación de COFEPRIS en México— se utiliza para el tratamiento de la infección por VIH en adultos y adolescentes.
Sin embargo, tomarla junto con otros medicamentos (como vitaminas, suplementos nutricionales y productos a base de hierbas) podría causar efectos secundarios graves. Ha sido vinculado con depresión y alteraciones del sueño.
“Se asocia con un riesgo bajo de efectos neuropsiquiátricos como la depresión, situándose entre el uno y 10 por ciento de los pacientes”, se lee en un artículo publicado en mayo de 2025 en la revista JAIDS.
- Del 1 al 10 por ciento: sueños anormales e insomnio
- Del 0.1 al 1 por ciento: pesadillas, depresión, trastorno depresivo mayor, trastornos depresivo persistente, ansiedad, irritabilidad y tendencias suicidas
No obstante, los efectos secundarios relacionados con temas de salud mental pueden contrarrestarse al cambiar el fármaco por uno de la misma clase.
El VIH en México con números
De acuerdo con el “Informe Histórico VIH DÍA MUDIAL 2025”, elaborado por la Secretaría de Salud —a través de la Dirección General de Epidemiología—, al corte del 17 de noviembre de 2025, en México se habían detectado 187 mil 596 casos de VIH entre 2014 y 2025.
De ellos, 158 mil 424 corresponden a hombres (84.45 por ciento) y 29 mil 172 a mujeres (15.55 por ciento). En relación con su estado de evolución:
- 174 mil 034 personas están vivas (92.77 por ciento)
- 12 mil 679 personas están muertas (6.76 por ciento)
- 883 personas están en calidad de “desconocido” (0.47 por ciento)
Los años de mayor prevalencia son 2024, 2022 y 2023, respectivamente, con más de 18 mil casos cada uno. Los tres años concentran el 29.40 por ciento del total histórico del periodo analizado.
Las tres entidades que más casos acumulan son:
- Estado de México – 21 mil 083 (11.2 por ciento del total)
- Ciudad de México – 16 mil 145 (8.6 por ciento del total)
- Veracruz – 15 mil 642 (8.3 por ciento del total)
Finalmente, acorde con la categoría de transmisión (de los casos en los que se conoce el origen del contacto o infección):
- 181 mil 979 fueron vía sexual (98.9 por ciento)
- 4 por vía sanguínea; incluye transfusión, postransfusion y exposición ocupacional, como la de personas médico (0.0 por ciento)
- Mil 220 por uso de drogas inyectables (UDI – 0.07 por ciento)
- 867 por vía vertical; infección durante el embarazo, parto o lactancia (0.05 por ciento)
Al consultar la página del Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH/SIDA y Hepatitis (Censida), encontramos que entre abril y junio de este año se publicaron los Lineamientos y Recomendaciones para Atención, Diagnóstico y Tratamiento en:
- Poblaciones Indígenas y Afromexicanas
- Personas en Contexto de Movilidad
- Personas Privadas de su Libertad
- Personas Migrantes
Sin embargo, las grandes ausentes son las personas con discapacidad.





