08 de Octubre de 2026

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“Lo hago por mí, con ayuda y para tener independencia”: Gerardo Arias, joven con parálisis cerebral que apuesta por el emprendimiento

Una gomita enchilada puede parecer solo una botana, pero para Gerardo representa trabajo, ingresos e independencia. A sus 24 años, y con parálisis cerebral, convirtió junto con su familia una búsqueda de oportunidades en un emprendimiento que ahora busca crecer.

Fecha de publicación: 06/Octubre/2026 | Autor: María Nazaret

Gerardo Arias, joven con parálisis cerebral, sostiene productos de OKU frente a varias presentaciones de gomitas enchiladas.

Cada 6 de octubre se conmemora el Día Internacional de la Parálisis Cerebral, una fecha para visibilizar a las personas que viven con esta discapacidad y las barreras que enfrentan para participar en igualdad de condiciones.

Más de 50 millones de personas viven con parálisis cerebral en el mundo. Es la discapacidad motora más frecuente en la infancia y puede afectar el movimiento, el equilibrio y la postura. Sin embargo, sus manifestaciones y necesidades pueden ser distintas en cada persona.

Más allá de las cifras, hablar de parálisis cerebral también implica hablar de las oportunidades para estudiar, trabajar y participar en la sociedad. En muchos países de ingresos bajos, más del 80 por ciento de los niños con parálisis cerebral no recibe rehabilitación o intervención, mientras que más de dos terceras partes no tienen acceso a educación formal.

En entrevista exclusiva para Yo También, Gerardo Arias, de 24 años, cuenta cómo encontró en OKU, su emprendimiento de gomitas enchiladas, una forma de trabajar, generar ingresos y construir independencia.

Gerardo vive con parálisis cerebral y acude cada mañana a terapia física y de aprendizaje. Por las tardes se enfoca en OKU: prepara las gomitas, ayuda a embolsarlas y sellarlas, revisa las cantidades y atiende a clientes mediante llamadas y mensajes de voz.

“Que no hay límites para nadie. Ser productivo”, responde cuando habla de lo que ha aprendido desde que comenzó con el emprendimiento.

OKU comenzó en diciembre de 2025, después de que Gerardo terminó la escuela y su familia comenzó a buscar opciones para que pudiera continuar desarrollando actividades.

Su mamá, Maite Fernández, explica que en León, Guanajuato, donde viven, encontraron menos alternativas que en ciudades como Ciudad de México o Guadalajara. Fue entonces cuando comenzaron a preguntarse qué podía seguir para Gerardo.

Una oportunidad que empezó con unas gomitas

La familia comenzó probando distintos sabores y, al mismo tiempo, buscando qué actividades podía realizar Gerardo dentro del proceso. La intención era encontrar una actividad en la que pudiera participar de acuerdo con sus habilidades.

“Cada quien encuentre su talento y pueda involucrarse en algo”, explica Maite.

Las gomitas resultaron compatibles con los intereses de Gerardo y con las actividades que podía realizar. Después de una prueba piloto entre familiares y personas conocidas, comenzaron a recibir pedidos.

Al iniciar, compartieron un video para dar a conocer el emprendimiento y la respuesta llegó con nuevos pedidos.

Para Maite, ese momento también mostró que muchas personas quieren apoyar a las personas con discapacidad, pero no siempre encuentran cómo hacerlo.

“Lo que a veces falta es la oportunidad”, señala.

El nombre del emprendimiento también está relacionado con su propósito. Gerardo explica que OKU, siglas de Orang Kurang Upaya, es el término utilizado en Malasia para referirse a las personas con discapacidad. Se eligió ese nombre para darle un lugar y visibilidad a la discapacidad dentro del proyecto.

Actualmente, Gerardo y Maite se encargan de la producción, mientras que sus hermanas participan en las ventas. El objetivo es que OKU pueda crecer hasta convertirse en un espacio de trabajo para otras personas con discapacidad.

Gerardo participa en distintas etapas del proceso. Maite prepara los líquidos que se utilizan para enchilar las gomitas, mientras que Gerardo incorpora los líquidos y polvos. Después, ayuda a embolsar, revisa las cantidades, abre las bolsas y las sella.

También se encarga de una de las actividades que más disfruta: atender a los clientes.

Los pedidos llegan principalmente por Instagram y WhatsApp. Gerardo escribe poco y no lee mucho. Por eso, quienes hacen pedidos pueden enviar mensajes de voz. Los mensajes escritos se leen para él y responde mediante audio.

Para Gerardo, el trabajo también significa tener una actividad propia y generar ingresos. Parte del dinero que recibe lo utiliza para comprar nuevamente producto y otra parte la ahorra.

“Yo lo hago por mí solo. Bueno, no por mí solo, con ayuda, pero yo solo. Y tener independencia porque no toda la gente tiene la misma discapacidad, hay diferentes discapacidades”, explica cuando habla de su emprendimiento. 

Cuando emprender también requiere apoyos

Emprender también implica enfrentar barreras que no están relacionadas con el producto. En el caso de Gerardo, las dificultades para desplazarse y la necesidad de contar con apoyos pueden limitar las posibilidades de salir a ofrecer las gomitas, transportarlas o buscar nuevos clientes.

Maite explica que, para una persona con discapacidad que necesita apoyos, salir a dar a conocer un producto, llevarlo de un lugar a otro o entregar muestras puede ser más complicado.

Actualmente, OKU trabaja principalmente a través de Instagram y WhatsApp. También cuenta con algunos puntos de venta en León y Puebla, aunque todavía no tiene un local propio.

Para continuar con el proyecto, también necesitan recursos económicos para comenzar, apoyo familiar y acompañamiento para manejar las redes sociales. En su caso, cuentan con una persona que les ayuda con fotografías, videos y contenido para dar a conocer el emprendimiento.

Para Maite, una de las principales barreras está en la confianza que la sociedad deposita en las personas con discapacidad.

 “Es demostrar primero a nosotros mismos y luego a la sociedad que siempre va a haber un lugar y siempre se va a poder. Pero a veces sí nos faltan oportunidades, nos falta confianza”.

También considera que la vida cotidiana suele exigir rapidez y que no siempre existe la paciencia para permitir que cada persona aprenda o realice una actividad a su propio ritmo. 

“Todos tienen un tiempo, un tiempo de aprender, hay tiempo para todo”, explica. 

Por eso, la intención de OKU no se limita a vender gomitas. La familia busca que el proyecto pueda crecer hasta convertirse en un pequeño taller donde otras personas con discapacidad puedan encontrar una actividad, desarrollar sus habilidades y recibir una remuneración.

Ver a la persona, no a la discapacidad

Para Maite, otro cambio necesario está en la forma en que la sociedad mira a las personas con discapacidad. En el caso de Gerardo, considera que la lástima puede terminar reduciendo las expectativas sobre lo que una persona puede hacer.

“Yo creo que lo que más me gustaría que desapareciera sería la lástima”, señala. Para Maite, tratar a alguien desde la lástima puede hacer mucho daño y significar no reconocer su capacidad ni darle confianza para desarrollar aquello que puede hacer.

En lugar de ello, plantea la necesidad de reconocer las habilidades de cada persona y encontrar los apoyos que permitan su participación.

En OKU, por ejemplo, no todas las personas tendrían que realizar las mismas tareas. Algunas podrían empacar, otras cocinar, otras atender a clientes o participar en las actividades que mejor se adapten a sus habilidades.

En el caso de Gerardo, una de sus actividades favoritas es precisamente el contacto con otras personas. Le gusta hablar por teléfono y atender a los clientes que se comunican para hacer pedidos.

Cuando se le pregunta qué le gustaría que las personas pensaran de él, Gerardo responde de manera clara y breve: 

“Que no vean tanto la discapacidad, sino que vean a la persona”.

Esa mirada también está presente en la forma en que la familia entiende el Día Internacional de la Parálisis Cerebral. Para Maite, la fecha debe servir para generar conciencia y recordar que la parálisis cerebral no es una enfermedad, sino una condición con la que viven muchas personas.

También considera que las oportunidades no deberían presentarse como un favor.

“Necesitamos estar en una sociedad que la sociedad nos voltee a ver, estar en un trabajo que podamos aportar y que nos aporten”, explica.

Para Maite, abrir las puertas de una escuela o un trabajo no debería entenderse como un acto extraordinario, sino como parte de una sociedad en la que todas las personas pueden participar y aportar.

Actualmente, OKU ofrece principalmente gomitas enchiladas en distintos sabores y presentaciones. También prepara roscas enchiladas de papa, aunque estas últimas se venden por ahora únicamente en León porque el producto puede desarmarse durante el envío.

Entre las gomitas hay opciones de sandía, gusanitos, ositos y mezclas de distintos sabores. La sandía es una de las más vendidas.

Los pedidos se reciben principalmente a través de Instagram @oku_mx y WhatsApp +52 476 116 0201 (de preferencia por audio), donde Gerardo también participa en la atención a clientes.

El emprendimiento también comienza a salir de León. Los días 16 y 17 de octubre, Gerardo y su familia viajarán a Ciudad de México para participar en el Bazar Ayuda Ayudando entre Paisanos 2026, donde llevarán sus productos.

El bazar se realizará en la Agrupación Leonesa, ubicada en Petrarca 416, en Polanco, Ciudad de México.

El emprendimiento todavía es pequeño, pero Gerardo busca que siga creciendo y que, con el tiempo, pueda convertirse en una oportunidad de trabajo para otras personas con discapacidad.

Cuando se le pregunta qué mensaje daría a otros jóvenes con parálisis cerebral, Gerardo responde:

 “Que sigan adelante. Que nadie se detenga”.