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“No hay falta de talento, sino de oportunidades”: discapacidad y accesibilidad en la Unión Europea desde la juventud
La joven activista española Olivia Lori analiza la Ley Europea de Accesibilidad y la Tarjeta Europea de Discapacidad, y reflexiona sobre juventud, representación y barreras estructurales en la Unión Europea.
Fecha de publicación: 26/Febrero/2026 | Autor: María Nazaret
En entrevista exclusiva para Yo También, la activista española Olivia Lori habla sobre representación, accesibilidad y el papel de la juventud en la construcción de políticas públicas en Europa.
A sus 27 años, hipoacúsica y usuaria de auxiliares auditivos, Olivia combina la creación de contenido con el activismo por la inclusión y el trabajo institucional en Bruselas. Estudió Relaciones Internacionales en la Universidad Complutense de Madrid, cursó un máster en Reino Unido y actualmente realiza un doctorado —también en la Universidad Complutense— donde investiga la relación entre la Unión Europea y la discapacidad. Actualmente forma parte del European Youth Forum, la plataforma que representa a la juventud a nivel europeo, y desde sus redes sociales —donde explica cómo funcionan las instituciones, comparte oportunidades de prácticas y analiza nuevas legislaciones— intenta hacer más accesible la información que a ella le costó encontrar al inicio de su carrera.
Su experiencia le ha permitido observar cómo se construyen normas como la Ley Europea de Accesibilidad y la Tarjeta Europea de Discapacidad, dos instrumentos que buscan reducir barreras y armonizar derechos en los 27 países que conforman la Unión Europea.
“No hay falta de talento, sino de oportunidades”, afirma. Para ella, el problema no es la capacidad de las personas con discapacidad, sino las condiciones estructurales que limitan su participación.
Juventud, discapacidad y representación en Bruselas
Antes de convertirse en una de las voces jóvenes que explican la política europea en redes sociales, Olivia atravesó un proceso personal marcado por dudas e inseguridades.
“Me puedes ver ahora muy empoderada, pero no siempre ha sido así”, reconoce. Durante sus primeros años de formación y al comenzar su camino profesional, la pérdida auditiva representaba una preocupación constante. “Llevo auxiliares auditivos, la gente lo va a ver, voy a tener que decir que tengo pérdida auditiva porque necesito adaptaciones. Tenía miedo al rechazo laboral”.
El punto de inflexión llegó cuando obtuvo prácticas en instituciones europeas a través de plazas reservadas para personas con discapacidad. Lejos de tratarse de un privilegio, explica, esas medidas ayudaron a equilibrar un terreno que no siempre es accesible.
Desde esa experiencia sostiene que la discapacidad no debe tratarse como un tema aislado, sino como una perspectiva transversal en todas las decisiones públicas. “No podéis decir que todo tiene que ser inclusivo y accesible si no os lo aplicáis vosotros primero”, señala.
¿Qué cambia con la Ley Europea de Accesibilidad?
La Ley Europea de Accesibilidad es una norma comunitaria que establece requisitos de accesibilidad para productos y servicios, con el objetivo de que las personas con discapacidad puedan utilizarlos en igualdad de condiciones.
Esto incluye páginas web, aplicaciones móviles, cajeros automáticos, servicios bancarios, comercio electrónico, dispositivos electrónicos y transporte, entre otros ámbitos de la vida cotidiana.
En un bloque político y económico conformado por 27 Estados miembros, lograr estándares comunes implica negociaciones complejas y periodos de adaptación nacional. Aunque la ley fue aprobada en 2019, las obligaciones de accesibilidad para muchos productos y servicios comenzaron a ser exigibles el 28 de junio de 2025 en toda la Unión Europea, marcando el inicio de su aplicación obligatoria. Cada país tuvo que transponer la directiva a su legislación nacional y las empresas están ahora obligadas a ajustar procesos y servicios.
Según estimaciones europeas, más de 80 millones de personas con discapacidad viven en la Unión Europea, lo que convierte la accesibilidad en un asunto estructural y no sectorial.
Para Olivia, el eje central es la independencia. “Va de que tú puedas ser independiente”, explica. No se trata únicamente de pedir ayuda cuando algo no es accesible, sino de poder actuar de manera autónoma: comprar un regalo sin depender de alguien más, retirar dinero del banco sin exponer información personal o navegar en internet sin barreras.
El reto principal, advierte, está en el cumplimiento efectivo. La norma es vinculante, pero su impacto dependerá de que las empresas y autoridades realmente la apliquen.
La Tarjeta Europea de Discapacidad: armonizar sin unificar
Otro de los avances recientes es la Tarjeta Europea de Discapacidad, que busca facilitar el reconocimiento del estatus de discapacidad cuando una persona viaja dentro de la Unión Europea.
Olivia explica que la tarjeta funciona como una prueba común en estancias cortas. Por ejemplo, si una persona con discapacidad visita otro país miembro, puede acceder a condiciones equivalentes —como entradas a museos, acceso preferencial o ciertos servicios culturales— en igualdad de condiciones que las personas con discapacidad de ese país.
Sin embargo, no implica un reconocimiento legal pleno.
“La tarjeta es más una prueba de discapacidad que un reconocimiento completo”, aclara. Si una persona decide mudarse a otro país y acceder a apoyos estructurales —como beneficios fiscales o ayudas sociales— debe iniciar nuevamente el proceso de reconocimiento conforme a la legislación nacional.
Aunque la Unión Europea promueve la libertad de movimiento entre sus Estados miembros, cada país mantiene competencia sobre la definición y certificación legal de la discapacidad. No existe una definición única armonizada a nivel europeo; algunos sistemas funcionan mediante baremos técnicos, otros dependen de evaluaciones médicas específicas.
La tarjeta representa, entonces, un avance práctico en términos de armonización cotidiana, aunque todavía no elimina las diferencias estructurales entre países.
Aunque el modelo europeo no es trasladable automáticamente a América Latina, el debate sobre reconocimiento y movilidad abre preguntas relevantes en regiones donde los sistemas de certificación también varían y pueden convertirse en barreras adicionales.
“La discapacidad no me limita; la falta de accesibilidad sí”
Más allá de las normas, Olivia insiste en que el cambio profundo no ocurre solo en los textos legales, sino en la manera en que la sociedad entiende la discapacidad.
“Me hubiese gustado saber que la discapacidad no es algo que me limita de por sí, sino que lo que limita es la falta de accesibilidad”, reflexiona.
Como persona hipoacúsica, también señala que la tecnología puede ser una aliada —como los subtítulos en tiempo real—, pero requiere regulación adecuada para evitar nuevas formas de exclusión, especialmente en un contexto donde herramientas como la inteligencia artificial comienzan a influir en procesos de selección laboral o prestación de servicios.
Cuando se le pregunta qué recomendaría a otras personas con discapacidad que buscan incidir en políticas públicas, su respuesta combina activismo y estrategia: participar en redes sociales, colaborar con organizaciones de sociedad civil y construir alianzas con quienes conocen el entramado legal.
En un contexto donde la accesibilidad aún enfrenta resistencias culturales y burocráticas —tanto en Europa como en otras regiones— la presencia de jóvenes con discapacidad en espacios de decisión no es simbólica: es estructural.
Lo que aún falta, insiste Olivia, son condiciones verdaderamente accesibles.
Para Olivia, comunicar sobre Europa no es solo explicar leyes, sino abrir puertas. Lo que ella no encontró con facilidad al inicio de su camino —información clara sobre oportunidades, derechos y participación— hoy intenta hacerlo accesible para otras personas jóvenes, con y sin discapacidad.
Su trabajo como creadora de contenido se ha convertido en un puente entre las instituciones europeas y quienes quieren entenderlas, incidir en ellas o formar parte de esos espacios.
Quienes deseen seguir su análisis sobre accesibilidad, políticas europeas y oportunidades internacionales pueden encontrarla en Instagram como @olivialori.eu, donde comparte reflexiones, convocatorias y explicaciones sobre el funcionamiento de la Unión Europea desde una perspectiva inclusiva.
Porque, como insiste, el talento ya está ahí. Lo que necesitamos son más espacios verdaderamente accesibles.





