19 de Abril de 2026

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Julieta Zacarías y CAPYS: pionera en la lucha de la autonomía de las personas con discapacidad

Fecha de publicación: 13/Marzo/2026 | Autor: Rafael Rodríguez Salcedo

Imagen de Julieta Zacarias fundadora de CAPYS

En los años setenta, cuando en México y su constitución aún se hablaba de “deficientes mentales” —y la educación especial estaba basada en el aislamiento— un grupo de personas decidió probar algo distinto: sacar a sus estudiantes con discapacidad a la calle. Así nació CAPYS (Centro de Autonomía Personal y Social).

Una de sus fundadoras y la directora general hasta 2024, fue Julieta Zacarías, quien en entrevista exclusiva con Yo También nos contó acerca de la historia de CAPYS y la suya. Una lucha por los derechos y la autonomía de las personas con discapacidad (pcd).

En el centro le enseñaban al alumnado a cruzar avenidas, a utilizar el transporte público, a pedir comida en restaurantes, ir a la tienda o a manejar su propio dinero. “Todo lo que yo hacía con ellas era prepararlas para la vida”, recordó Julieta Zacarías. Tanto con ella, como CAPYS y las personas que lo han integrado con el paso del tiempo, son pioneras en la lucha de los derechos de las personas con discapacidad, en especial, con discapacidad intelectual.

Hoy, con más de 50 años de historia y decenas de generaciones de jóvenes que han trabajado, estudiado o vivido de manera más autónoma, el proyecto sigue en pie y evolucionando. Zacarías, a sus 80 años, recuerda el camino recorrido con una mezcla de orgullo, nostalgia y curiosidad por lo que viene.

Un programa que empezó en la escuela y en la calle

Todo comenzó en 1970, cuando Zacarías trabajaba con un pequeño grupo de “niñas y jovencitas” en un colegio al sur de la Ciudad de México. Ahí se dio cuenta de algo: la escuela no preparaba a las jóvenes con discapacidad intelectual para la vida y las acciones cotidianas del día a día.

“Vi que la escuela no dura para siempre”, explicó. “Y que estas jovencitas iban a salir y enfrentarse a la vida”. En 1072 logró llegar a un colegio mixto, ya que consideraba que la preparación debía ser para todas y todos. 

 Julieta recordó en ese momento a su mentor, el doctor Juan Lafarga, quien la acercó a este mundo y ya después ella por cuenta propia se puso a investigar y a aprender sobre el tema. También, parte de su inspiración se dio cuando hacía una maestría en psicoterapia y vio a una joven con discapacidad que era víctima de bullying, hecho que le hizo reconocer que el aspecto emocional también debía ser trabajado. 

Así comenzó a diseñar una metodología basada en experiencias reales. No solo con clases, sino también con prácticas en el mundo cotidiano. Las jóvenes aprendían a usar transporte público, ir a mercados, salir a restaurantes o manejar dinero. Al mismo tiempo, Zacarías identificó otras áreas fundamentales para su desarrollo.

El modelo terminó construyéndose sobre cuatro pilares principales:

  • Habilidades para la vida diaria, como uso de las manos
  • Inserción laboral, como desarrollo de la mente
  • Desarrollo emocional, para el uso del corazón
  • Recreación y vida social, para la interacción con más personas 

“Nos dimos cuenta de que la educación especial no era suficiente para lo que ellos necesitaban”, comentó. Organizaban fiestas y reuniones para que los y las jóvenes socializaran, esto con apoyo de su hermano de, en ese entonces, 15 años, al cual le pagaba para tocar con su grupo de rock and roll.

El nacimiento de CAPYS

A finales de los años setenta, el proyecto ya había crecido. En 1978, un pequeño grupo de profesionales, papás y mamás comenzó a reunirse en casa de Zacarías para estructurar el programa. Bulmaro Regalado, Gloria Burgos, Maria Rosa Cerezo, Patricia Martínez, Phanie Poplawski y su esposo Salomón, los Salinas Samuel, Lucia y Pepe y Norma Fernendez.

El nombre original fue Centro de Adiestramiento Personal y Social, aunque con el tiempo cambiaría a Centro de Autonomía Personal y Social, para reflejar de manera más clara el objetivo.

Durante años funcionaron en espacios rentados o inmuebles propios que no eran capaces de funcionar con tantas personas en la Ciudad de México. Eso sí, siempre con el apoyo de personas que tenían cercanía con la discapacidad por algún familiar. 

Pero todo cambió tras el terremoto de México de 1985. El edificio donde trabajaban quedó inutilizable y el equipo tuvo que replantear el proyecto. Esa crisis llevó a formalizar la organización como asociación civil y a iniciar una campaña de recaudación de fondos para construir su propio espacio.

Desde 1988 CAPYS cuenta con una sede en la colonia Del Valle, pensada para parecer un hogar y no una institución. “Nunca quisimos poner un letrero afuera”, explica Julieta. “La idea era ser parte de la comunidad”. Según Zacarías, la zona fue elegida por la cantidad de comercios, locales y acceso al transporte que tiene, ideal para que los y las jóvenes puedan practicar.

Aprender a trabajar, a vivir y a decidir

Con el tiempo, el programa se fue expandiendo y creciendo. Las personas que participan aprenden desde cómo manejar un salario hasta cómo resolver conflictos laborales o situaciones de bullying y acoso. También, comenzaron a abordar temas que durante años fueron tabú en el ámbito de la discapacidad, como la sexualidad. “No son angelitos o angelitas (…) también viven y sienten ganas de explorar su sexualidad”, comentó Julieta.

Para Zacarías, el aprendizaje debía ser lo más realista posible.

En ocasiones recreaban situaciones sociales para que los jóvenes practicarán cómo reaccionar ante escenarios difíciles o potencialmente peligrosos.

“El entrenamiento tiene que ser real”, dice. “Si no metes las manos, esto no funciona”.

Esa idea resume su visión educativa: la inteligencia no solo está en el conocimiento teórico: “La inteligencia es la cabeza, el corazón y las manos”.

El trinomio del programa

Uno de los principios centrales de CAPYS es el trabajo conjunto entre tres participantes claves: familias, profesionales y personas con discapacidad. Zacarías lo llama el “trinomio” de CAPYS.

“Si no funciona una parte del trinomio, no funciona nada”, afirma. “Padres, profesionales y personas con discapacidad tienen que trabajar juntos”.

Las familias, explica, tienen un papel clave porque gran parte de la autonomía se construye en casa. Sin embargo, también deben enfrentar uno de los mayores desafíos: superar la sobreprotección y el miedo, que no se deje en una burbuja a las infancias por temor a que les pase algo o no sean capaces de enfrentar algo.

“Lo que no puedo ver es a los papás jalando a sus hijos grandes de la mano”, dice. “Hay que perder el miedo”.

La inclusión también llegó a las universidades

En los años 90, Zacarías comenzó a preguntarse por qué las personas con discapacidad intelectual no podían vivir experiencias universitarias. La primera en recibirlas fue la UNAM, en educación integrada. En esa época de los años 80 fue donde Julieta conoció a la hoy directora de CAPYS, Elisa Saad. 

Después de casi una década de gestiones y acercamientos, en 2006 logró abrir un programa dentro de la Universidad Iberoamericana, su alma mater. Ahí le pidieron ser la directora del departamento de psicología, a lo que se negó, pues no quería dejar CAPYS.  

Más tarde, el proyecto continuó en el Tecnológico de Monterrey y actualmente tiene presencia en la Universidad Intercontinental, donde estudiantes participan en actividades académicas, sociales y laborales.

Para Zacarías, la experiencia universitaria es clave para la inclusión social: “Ellos tienen derecho a educarse igual que cualquier persona”.

Redes de unión y conocimiento

Más allá de la creación de programas, la trayectoria de Julieta Zacarías también implicó llegar a muchas puertas. Durante años presentó proyectos, sostuvo reuniones con autoridades académicas y buscó que estudiantes universitarios se involucraran en el trabajo de inclusión a través de prácticas y servicio social. Para Julieta, estas alianzas no solo fortalecían el trabajo de la organización, sino que también ayudaban a transformar la mirada de futuros profesionales hacia la discapacidad.

Su trabajo también la llevó a integrarse a redes nacionales de organizaciones civiles dedicadas a la defensa de los derechos de las personas con discapacidad. Entre ellas se encuentra la Confederación Mexicana de Organizaciones en Favor de la Persona con Discapacidad Intelectual (CONFE), desde donde colaboró con organizaciones de distintos estados del país y participó en espacios de diálogo sobre políticas públicas y derechos. Muchas veces quisieron jalarla para que la integrara, pero ella se negaba, pues eso le haría dejar CAPYS, cosa que no quería.

Desde esos espacios y desde su experiencia en el trabajo comunitario, Zacarías también formó parte de discusiones que impulsaron cambios en el marco legal del país. Durante décadas, la forma en que la constitución mexicana se refería a las personas con discapacidad intelectual de una forma denigrante en distintos documentos oficiales, ya que  se utilizaban términos como “retrasados mentales” o “deficientes mentales”. La lucha de organizaciones civiles y especialistas ayudó a transformar esa mirada y a impulsar cambios en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, orientados al reconocimiento de derechos y a la construcción de una sociedad más incluyente.

La experiencia internacional también marcó parte de su camino. En distintos momentos de su vida profesional, Zacarías viajó a Estados Unidos para conocer programas universitarios y modelos de atención para personas con discapacidad. Aquellas visitas le mostraron proyectos de gran escala, con infraestructura y recursos muy distintos a los que existían en México.

Sin embargo, lejos de intentar replicarlos de forma idéntica, decidió construir algo adaptado a la realidad mexicana. “Iba con una maestra que también trabajó muchísimo conmigo, fue pionera, se llamaba Silvia Mendoza, y Silvia me dijo:  ‘tú sigue tu sueño, hazlo en chiquito. Hazlo en chiquito y en chiquito va a funcionar.’”recordó Julieta con nostalgia, permitió que el proyecto creciera paso a paso hasta convertirse en el programa que hoy impulsa CAPYS.

Una transición generacional

Tras décadas al frente del proyecto, Zacarías decidió dar un paso atrás. En 2024 dejó la dirección del centro, que ahora está a cargo de la psicóloga Elisa Saad, quien ha formado parte del proyecto por años y apoyado mucho a Julieta. Algo que ella recalcaba al encontrar personas que luchaban por lo mismo que ella, pero en solitario, era la importancia de unirse y hacer grupo, para que fuera más fácil alcanzar los objetivos y unir fuerzas.

Ella comentó que su “trabajo actual” es apoyar, compartir experiencias, pero más que nada seguir aprendiendo. Para ella, la vejez también debe ser una etapa activa: “La vida siempre es cambio. Y uno tiene que adecuarse a los cambios”. Dijo con emoción, con vistas al por venir. 

Mientras recordaba todo esto con nostalgia, Julieta confesó que aún quiere hacer muchas cosas. “Quiero hacer un viaje, el último yo creo de mi vida, a Chicago, a Estados Unidos, para ver qué hay nuevo”. También tuvo palabras sobre lo importante de equilibrar la vida social y el trabajo, pues ella confiesa haber sido “workaholic” (término en inglés usado para personas adictas al trabajo), cosa que resolvió y ahora también pasa más tiempo con sus seres queridos.

Actualmente CAPYS cuenta con tres centros. CAPYS del Valle, que funciona desde 1988; CAPYS Poniente, que abrió sus puertas desde 2010; y CAPYS Sur que se estableció en 2019. Todos estos brindan apoyos legales, de salud, socioemocionales, laborales, tecnológicos ,  de vida independiente en sus comunidades, de manejo de economía , de recreación y de vejez activa. Qué consisten en : Proporcionar información y acompañamiento a usuari@s y familiares.