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Diego Zared: empatía, tecnología e inteligencia artificial para personas con discapacidad y enfermedades raras
Fecha de publicación: 20/Marzo/2026 | Autor: Rafael Rodríguez Salcedo
A sus 24 años, Diego Ziared Rodríguez Esparza tiene claro que su visión para el futuro está marcada por dos ejes: la tecnología y la salud, alrededor de la empatía. Licenciado en ingeniería en software y próximo a hacer una Maestría en inteligencia artificial, su historia no solo está ligada a la innovación, sino también a su experiencia viviendo con MPS VI, una enfermedad rara.
“La mucopolisacaridosis tipo 6 afecta principalmente los órganos internos y el aspecto físico. Puede haber problemas de visión, motricidad o incluso del habla”, explicó Diego. Aunque no tiene cura, sí existe un tratamiento que ayuda a ralentizar el avance de la enfermedad.
Diego tiene algo claro con lo que ha guiado su vida: las barreras no están en la condición, sino en el entorno. “Desde chico me educaron con la idea de que no hay barreras. A lo mejor las cosas cuestan más, pero todo es posible”, afirmó con convicción.
Eso sí, reconoció la existencia de obstáculos, que provienen de la sociedad. Diego recordó casos cercanos en los que personas con enfermedades similares eran aisladas por sus propias familias. “Había papás que por miedo o pena encerraban a sus hijos. Eso demuestra que las barreras no solo están en uno, sino en quienes nos rodean”.
Para él, la clave para cambiar esta realidad y estas condiciones es clara: la empatía. “Hasta una mirada puede afectar más que una palabra”, dijo.
Esto lo llevó al ámbito médico, uno que es muy recurrente en la vida de las personas con enfermedades raras o con discapacidad: “A veces te ven como un caso clínico antes que, como persona, ni siquiera te miran a los ojos”. Algo que Diego considera puede afectar a las personas en su salud mental y en su autoestima.
En el ámbito profesional, Diego tiene un interés en particular, la inteligencia artificial (IA). Una herramienta que define como poderosa, pero que tiene que manejarse con responsabilidad.
“La inteligencia es buena siempre y cuando trabajemos de la mano con ella, no que haga todo por nosotros”, explicó. En su visión, el valor está en combinar la rapidez de la tecnología con el criterio y la valoración humana.
Su intención y algo que maneja como un objetivo a futuro es poder aplicar a la IA en el ámbito médico, específicamente en el campo de las enfermedades raras. “Estos procesos pueden tardar años. Me gustaría que una inteligencia ayudará a reducirlos a meses o un par de años, para mejorar la calidad de vida de los pacientes”, señaló con entusiasmo, ya que los procesos para tratar y descubrir nuevas enfermedades suelen durar alrededor de 10 años.
Diego recordó una experiencia personal, pues comentó que su enfermedad y el tratamiento para ella fueron descubiertos a principios de los años 2 mil, y gracias a ello ha podido tener una mejor vida, pero antes de él hubo muchas personas que se quedaron esperando un tratamiento. Algo que quiere evitar a futuro apoyado de la IA, para darle una mejor calidad de vida a las personas y evitar que la enfermedad las ataque por un largo tiempo.
Aun así, reconoció que hay riesgos alrededor de la IA, muchos asociados a un mal uso. “Hay personas que le dejan todo a la inteligencia, desde tareas hasta decisiones importantes. Ahí ya no es problema de la tecnología, sino del ser humano”, comentó.
Además, alertó sobre el desarrollo de sistemas sin restricciones: “Ya existen inteligencias sin límites, y eso puede volverse peligroso si caen en manos equivocadas”.
Uno de los puntos que más preocupantes en el desarrollo tecnológico es que las IA no contemplen completamente a las personas con discapacidad, dejándolas excluidas en inaccesibilidad como pasa en el mundo físico.
Desde sistemas de reconocimiento facial hasta asistentes de voz, muchas herramientas dejan fuera a quienes no cumplen con ciertos parámetros físicos o sensoriales. Sin embargo, Diego se mostró optimista al respecto: “No me sorprendería que en uno o dos años haya soluciones, cuando se junten estos mundos”.
Aun así, reconoce que la falta de visibilidad influye en la lentitud de estos avances. “Aunque suene duro, como es una minoría, no siempre se le da prioridad”, señaló.
Aunque eso sí, sabe que, si bien no es la prioridad de las grandes empresas, siempre habrá personas conscientes que ya lo están tomando en cuenta. De ahí, está seguro de que es cuestión de tiempo para que la accesibilidad digital no sea una brecha.
Por lo que, para que se lleve a cabo, considera urgente avanzar también en el ámbito legal. “Se deben aplicar leyes tanto para la inteligencia artificial como para los usuarios. Es necesario regular su uso”, comentó.
Diego no pierde de vista lo esencial. Más allá de la tecnología, su mensaje está centrado en lo humano.
“La humanidad siempre ha evolucionado. A veces más rápido, a veces más lento, pero siempre avanzamos”, reflexionó. Y en ese avance, insiste en no perder valores fundamentales: “La empatía y el respeto son clave. Una palabra o una acción pueden cambiar la vida de alguien”.
Con una mirada puesta en el futuro y los pies en su propia experiencia, Diego va a apostar por un desarrollo tecnológico que no deje a nadie atrás y que ayude a mejorar la calidad de personas que no son tomadas en cuenta. Mientras también alza la voz por una sociedad empática que entienda que antes que cualquier diagnóstico o condición, todos y todas son personas.





