23 de Abril de 2026

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“Hay que incomodarse un poquito, vulnerarse tantito, acercarse a cosas que desconoces. Ahí es donde está el aprendizaje”: Isabel Gil

La inclusión en el sector cultural sigue siendo una deuda pendiente. En entrevista con Yo También, Isabel Gil, del British Council, reflexiona sobre las barreras que enfrentan las personas con discapacidad en el arte.

Fecha de publicación: 20/Abril/2026 | Autor: Tanya Selmen

Panel de mujeres participando en una conversación frente a una audiencia, en un evento del British Council sobre cultura e inclusión.

En el mundo, más de mil 300 millones de personas viven con algún tipo de discapacidad, es decir, cerca del 16 por ciento de la población global. Sin embargo, su participación y representación en el ámbito cultural y artístico sigue siendo limitada, según el informe World Report on Disability de la Organización Mundial de la Salud (2022-2023).

Distintos estudios sobre las industrias creativas (como la UNESCO y el Arts Council England) muestran que las personas con discapacidad continúan enfrentando barreras estructurales para acceder y desarrollarse profesionalmente en el sector cultural, desde la falta de accesibilidad en espacios y procesos de producción hasta la ausencia de redes profesionales y oportunidades de financiamiento. 

En el informe Disability Equity in the Creative Industries Report realizado por la organización Creative Access (Reino Unido)  se reporta que sólo una cuarta parte de las personas con discapacidad señaló tener acceso a los contactos necesarios para avanzar en su carrera artística. 

La participación cultural también refleja estas brechas. En algunos países, como España y Reino Unido,  las personas con discapacidad participan significativamente menos en actividades culturales en comparación con las personas sin discapacidad, lo que evidencia obstáculos de accesibilidad física, económica y social.

Incluso en contextos con políticas culturales consolidadas, la representación sigue siendo baja. En el Reino Unido, por ejemplo, alrededor del 12 por ciento de la fuerza laboral de las industrias creativas se identifica como persona con discapacidad, una proporción todavía menor que su presencia en la población general.

En México, el reto es aún mayor. La falta de estadísticas específicas sobre participación cultural de personas con discapacidad hace difícil dimensionar el problema, pero organizaciones culturales, artistas y colectivos han comenzado a impulsar iniciativas para transformar esta realidad.

En este contexto, instituciones como el British Council han promovido proyectos internacionales que buscan fortalecer la inclusión cultural, ampliar la accesibilidad y abrir espacios para artistas con discapacidad en distintos países.

Para hablar sobre el panorama actual en México, las experiencias internacionales y los retos que aún enfrenta el sector cultural, conversamos con Isabel Gil, directora de Cooperación Cultural y Educativa y Jefa de Artes del British Council en México.

Desde tu experiencia en el sector cultural, ¿cómo describirías actualmente la representación de las personas con discapacidad en el ámbito artístico y cultural en México?

Primero tenemos que cambiar la invisibilización de las personas con discapacidad porque todo el tiempo construimos barreras que les imposibilitan acceder, participar, conectar, aportar. No se trata de que estén ahí de forma pasiva consumiendo, también tienen mucho que aportar desde sus lógicas, sus conocimientos, sus experiencias de vida. Lo primero es encontrar maneras de dejar de invisibilizarlas (a las pcd) y de generar oportunidades, rampas, espacios… lo que se necesite para que estemos en una situación de equidad de circunstancias donde las personas con discapacidad tengan la misma posibilidad de participar en algo que una persona que no (vive con ella).
Ese es el principio básico. Y si no lo hacemos, como sociedad, nos estamos perdiendo de mucho al no generar accesos para estas otras personas. Tenemos que repensar la forma en la que diseñamos los espacios culturales por completo. Y sí, es poner rampas por si una persona en silla de ruedas quiere acceder. Pero eso es lo más básico. Necesitamos entender que las discapacidades son miles. Aborda muchísimo más de lo que es evidente o de lo que pensamos que entendemos de las discapacidades.
Hay que educarnos, hay que desarrollar muchísimo más conocimiento sobre las personas que viven con discapacidad y desde nuestros entornos y espacios volvernos mucho más incluyentes y eso requiere sensibilizarnos y cuestionarnos.
Yo no quisiera describir a las personas con discapacidad de ninguna manera diferente que cualquier otro agente cultural porque todos somos personas. Hay personas con discapacidades y personas sin discapacidades que están en el teatro, que son actores, actrices, que escriben, que narran…
Yo quisiera ver más de esos contenidos en el mundo porque hay mucho de la visión que aportan,  puede mejorar la calidad de vida en las personas que somos como sociedad.  

¿Qué le dirías a productores, directores, plataformas y tomadores de decisiones sobre los beneficios creativos, culturales y económicos de incluir a personas con discapacidad?

Que están dejando fuera algo muy importante y hay que entender cómo incluimos, cómo construir sociedades más inclusivas y entornos más incluyentes.

Ese es el futuro de la sociedad. Ahí es donde conectamos, ahí es donde creamos empatía, ahí es donde aprendemos, ahí es donde encontramos que incluso hay otras formas de diseñar el mundo y los espacios para incluir a personas con discapacidad, pero también a infancias, a adultos mayores, a mujeres, incluirnos a todos.

Si entendemos que tenemos de base necesidades distintas como personas y generamos espacios para que todas, todos, todes tengamos la facilidad de poder participar, estaremos creando sociedades más justas, más equitativas, sociedades de futuro, en donde todos podemos participar y encontrar soluciones.

Hay potencial de desarrollo económico, de empleabilidad, de incrementar lo que generamos, en términos de producciones, cuando incluimos a más personas. Y creo que a veces la barrera está en entenderlo, en acercarnos, en hacer preguntas. En no sentirse incómodos, en acercarse a la comunidad disca y decir: “Oye, soy muy ignorante en este tema porque hay un sesgo brutal y me apena preguntarte, pero ¿cómo se llama esto que tú tienes? ¿Es una discapacidad? ¿Cuál es la palabra correcta?”. 

Se van a encontrar con que la gran mayoría de las veces, las personas discas no se van a ofender. Son las primeras dispuestas en contestarlo con total gusto, transparencia y sin ninguna incomodidad de por medio. Creo que hay que quitar esos tabús porque frenan las colaboraciones, frenan las conexiones.

Les diría acérquense, pregunten, edúquense, pierdan el miedo. Hay mucho que ganar al hacerlo. 

Cuando hablamos de inclusión cultural, muchas veces se invisibiliza desde una doble brecha: género y discapacidad. ¿Cómo ves la representación de mujeres con discapacidad en el sector artístico?

Me ha tocado ver, sobre todo en el mundo del arte y de la cultura, a mujeres maravillosas que tienen alguna discapacidad, que además son cuidadoras, que además son profesionistas. En muchos sentidos, esas mujeres, para mí, son las que están liderando el cambio, las que están poniendo el punto sobre la “i”, las que están incomodando, las que están generando las preguntas, las que se están plantando muy bien para ocupar los espacios que hay que ocupar.
A pesar de los retos a los que se enfrentan por la doble carga, muchas de ellas, particularmente en el sector creativo, están cambiando la conversación. Pienso por ejemplo en Martha Claudia, que es actriz y activista y es maravillosa. 

¿Qué iniciativas está impulsando el British Council en México y en otros países para promover la inclusión artística de personas con discapacidad?

El British Council tiene un compromiso muy fuerte con la equidad, la inclusión y la diversidad. Es una de nuestras piedras angulares, de los valores más arraigados que están en la organización; trabajamos con un enfoque de diversidad y de inclusión y equidad en todos los proyectos que hacemos. A veces con un enfoque más en inclusión de discapacidades, a veces en género, a veces en infancias. Pero todos los programas y los proyectos que tenemos tienen ese enfoque.

Hace unos años hicimos un programa con la Secretaría de Cultura de Jalisco para tratar de trazar o generar un mapa de ruta de política cultural, formada por ciudadanos y ciudadanas, actores y actrices, gestores del mundo cultural para decirle a la Secretaría qué quisieran ver en materia de política pública.

Para asegurarnos que esto era incluyente, hicimos una gran convocatoria y nos aseguramos de que un porcentaje significativo tuviera o declarara que tuviera algún tipo de discapacidad. Generamos los medios necesarios para que pudieran participar en esas consultas, en esos talleres, en equidad de circunstancias con las personas que no declararon que tenían alguna discapacidad. 

Había personas sordas, ciegas, había muchos tipos de discapacidades, pero entonces necesitamos tener a un intérprete de lengua de señas mexicanas.

Teníamos también a comunidades, personas representantes de los pueblos originarios, entonces teníamos traductores entre español y su lengua natal y generamos una dinámica en donde todas y todos pudieran participar y al final lo que resultó fue un documento que informaba la realidad.

No tenía un sesgo entre personas sin discapacidad y personas con discapacidad. El informe se hizo tomando en cuenta que hay personas que viven otra realidad y que nos están ayudando a ver lo que nosotros no estamos pudiendo ver y que no vivimos todos los días y que es importante influir.

Tenemos también un proyecto maravilloso en artes escénicas donde colaboramos con compañías de danza en Reino Unido donde todos los y las bailarinas tienen algún tipo de discapacidad motriz. Algunos son usuarios de silla de ruedas, o de muletas o tienen otras formas de moverse y de bailar. Y se hacen coproducciones con compañías de México, se montan y se ponen en escena. Es la cosa más emotiva, increíble, poderosa y transformadora que puedes ver.

Tenemos proyectos muy específicos para facilitar esas colaboraciones y para visibilizar a personas que tienen discapacidades y todo el potencial transformador que tienen en este sector. Impulsar ese tipo de proyectos es clave, ponerlos en entornos normalizados es importantísimo y estamos muy comprometidos con el tema y con seguirlo impulsando.

A partir de tu experiencia internacional, ¿Qué aprendizajes o modelos de otros países podrían adaptarse al contexto mexicano?

Hay muchísimo más que podemos hacer. El sector público es retador en miles de sentidos, pero también siento que hay más apertura, hay menos barreras y hay que empezar a ocupar y visibilizar.

Nosotros hacemos intercambios. Llevamos alguna compañía de México al Reino Unido para que conozcan cómo hacen las producciones allá. Siento que eso es algo muy poderoso. El Reino Unido no es perfecto, pero tienen muchos años impulsándolo y hay muy buenas cosas que aprender de ahí. Tenerlos en mente es muy útil porque sí hay oportunidades y es bueno ver qué están haciendo en otros lugares y replicarlo en nuestro país.

¿Qué le falta al gremio cultural y artístico en nuestro país para convertirse en un sector realmente inclusivo?

Empezar a transformar. Informar a líderes culturales es una herramienta muy poderosa para generar un efecto multiplicador.

Acabamos de culminar un programa de seis años donde venimos capacitando y formando a líderes en residencias en Reino Unido, en talleres, en diferentes dinámicas. Y una de las cosas que ha sido transversal en el programa es justo el tema de la inclusión, la diversidad e inequidad.

Los líderes que se acercan a este tema tienen la capacidad de incluirlo ahora en las organizaciones. Aquí te vas a encontrar con directores de orquestas, de coros, de museos, de festivales. Hay que formar líderes que entienden más sobre la equidad, la diversidad y la inclusión para que, en sus organizaciones, en sus equipos, lo puedan transmitir y manifestar. 

Nuestra apuesta, en este programa en concreto (cuyo resultado ha sido el manual “Sostenter la Vida Cultural en México. Manual de Modelos de Gobernanza” ha sido sensibilizarlos, en darles herramientas y conocimientos para que se acerquen más a algo que a veces se percibe complicado, difícil, retador o que quizá no han entendido del todo. Compartirles la experiencia que hemos visto en los últimos años.

Si pensamos en los próximos años, ¿qué acciones concretas podrían transformar la participación de personas con discapacidad en el ecosistema cultural mexicano?

Un tema clave en nuestro sector son las conexiones y cómo las generamos, cómo generamos esos intercambios de conocimiento.

Me encantaría ver una propuesta más diversa, una propuesta mucho más incluyente, porque creo que eso es lo que ayuda a tirar ciertas barreras o ideas o ignorancias que podemos llegar a tener.

Creo que hay que incomodarse un poquito, hay que vulnerarse tantito, hay que acercarse a otras cosas que desconoces, porque ahí es donde está el aprendizaje.

Yo quisiera ver un sector cultural más abierto a la inclusión, a la diversidad, a programar cosas diferentes, a dar voces distintas a las que normalmente escuchamos. Eso es algo que constantemente tratamos de hacer en el Consejo, pensar en las geografías, en los géneros, en las diversidades, en las discapacidades. Porque ahí hay cosas muy ricas que tenemos que entender y son las bases para un futuro mucho más prometedor, mucho más equitativo.

Tanya Selmen es actriz, productora y escritora. Cofundó, con su hijo Ricardo Selmen (también actor), la academia Creando Sin Barreras, especializada en dar formación en artes escénicas a personas con discapacidad.