Opinión
Escudo contra el despojo
Fecha de publicación: 12/Agosto/2026 | Autor: Salvador Guerrero Chipres
El resguardo de bienes inmuebles representa un desafío para personas con discapacidad, quienes en ocasiones requieren acompañamiento en la gestión de trámites notariales o administrativos.
Dichas dinámicas abren una grieta de vulnerabilidad si voluntades ajenas aprovechan los vínculos de afecto y confianza para obtener ventajas económicas indebidas.
El despojo inmobiliario opera de forma silenciosa, valiéndose de engaños y un abuso asimétrico de poder. La manipulación puede materializarse en el uso de tecnicismos legales confusos, falsificación de firmas bajo el pretexto de autorizar cuidados médicos o la inducción al error para hacerles firmar poderes notariales amplios sin comprender el verdadero alcance.
Los agresores suelen aislar deliberadamente a la persona de su red de apoyo externa, coaccionando su voluntad para transferir propiedades bajo falsas promesas de protección o bienestar.
Frente a este panorama, la estrategia contra el despojo impulsada por la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, activa una red de prevención jurídica, inteligencia y reacción inmediata.
Entre las acciones resalta un protocolo de atención ante llamadas de emergencia en la línea 9-1-1, operada desde el C5, así como un decálogo diseñado para reducir riesgos, dotar de herramientas a las familias y frenar intentos de apropiación ilegal.
Mantener escrituras notariales ordenadas y títulos inscritos ante el Registro Público de la Propiedad resulta indispensable, como también en los procesos de herencias, arrendamientos o comodatos. La tecnología cuenta con herramientas digitales como la Alerta Inmobiliaria, que notifica oportunamente de movimientos sospechosos en los folios de las propiedades.
La prevención comienza en el núcleo familiar mediante redes de apoyo transparentes, comunicación abierta respecto a la gestión del patrimonio y el involucramiento de varios integrantes en las decisiones financieras y legales, evitando la responsabilidad de una sola persona.
Al sustituir el secreto por el consenso y la supervisión colectiva, la familia se transforma en el primer escudo.





