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Él es Jorge, conductor con discapacidad de Uber que encontró en la plataforma una forma de sentirse libre, activo e independiente
El socio de la plataforma de transporte privado relata para Yo También parte de su historia
Fecha de publicación: 20/Diciembre/2024 | Autor: Francisco Javier Munguía
Jorge es una persona con discapacidad cuya vida cambió radicalmente tras experimentar un síndrome considerado muy poco común, una enfermedad rara. En cuestión de días, pasó de ser una persona sumamente trabajadora y activa a quedar inmóvil en cama durante medio año.
En medio de la incertidumbre de salud, familiar y económica, el joven de 37 años tomó fuerzas para recuperar la independencia y libertad que siempre lo caracterizaron. Su principal motor hoy en día es el trabajo, pues con él es parte del mercado laboral. No fue fácil, pero encontré un espacio que le permite controlar sus tiempos para tomar terapia, al mismo tiempo que genera ingresos: ser conductor de Uber. Aquí nos comparte su historia.

Un caso agudo del síndrome de Guillain-Barré
Hace 11 años, Jorge fue diagnosticado con el síndrome de Guillain-Barré, una afección en el sistema inmune que provoca daños al sistema nervioso periférico y, por tanto, debilidad muscular y parálisis. En su caso, la enfermedad se desarrolló en un grado agudo, consumiendo en su totalidad la proteína conocida como mielina, la cual permite, entre otras cosas, la correcta comunicación entre las neuronas y las partes del cuerpo.
Al resultar consumida esa proteína, Jorge quedó sin movilidad en el 100 por ciento de su organismo. Si bien no existe una causa exacta del síndrome, este se da mayoritariamente en hombres con sistemas inmunológicos comprometidos por infecciones o enfermedades previas en vías respiratorias o el tracto gastrointestinal.

“Volví a ser como un bebé: que me dieran comida en la boca, usar pañal (…) y mi recuperación también ha sido como la de un bebé, desde rodar, gatear, caminar con pelotas, con una andadera”.
Según relata Jorge, su equipo médico concluyó que posiblemente desarrolló el síndrome tras una influenza mal tratada, estrés o por el decaimiento de sus defensas como consecuencia de una mala alimentación.
Su diagnóstico se dio en el marco de la apertura de un negocio de comida del que era dueño, el cual, debido a las extenuantes jornadas, propició largos periodos sin alimento o con comida de baja calidad nutritiva.
Fue en ese momento cuando comenzaron los síntomas: dolores musculares, calambres, una infección estomacal que no cedía con tratamiento y, poco a poco, pérdida de movilidad. “Al grado de pararme y caerme”, recordó.
Reconoce que solicitó asistencia médica de forma tardía, pues el síndrome pudo haberse contenido en una parte del cuerpo y no haberse extendido por todo el organismo.
“En mi caso, el virus me atacó muy fuerte, y fui al doctor hasta que de plano ya no podía con mi cuerpo, con mi vida. Toda mi masa muscular se perdió”, compartió.

Jorge y su rehabilitación
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), el síndrome de Guillain-Barré no tiene cura, pero existen dos tratamientos que ayudan a erradicar los síntomas y acelerar la recuperación. Dada la naturaleza autoinmunitaria de la enfermedad, en la fase aguda suele tratarse con inmunoterapia, como plasmaféresis para eliminar los anticuerpos de la sangre o inmunoglobulinas intravenosas, que fue el tratamiento aplicado a Jorge.
El hoy conductor de Uber fue internado y tratado en un hospital público de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, donde permaneció seis meses.
“Yo estuve en terapia intensiva 16 días. Después de ello me subieron a piso y, aunque sabía que me había puesto grave, no sabía a qué grado ni me había visto”.
En materia económica, aunque no hubo gastos por alojamiento y medicamentos al tratarse de un hospital público, su enfermedad sí representó un impacto económico, sobre todo para sus familiares, quienes debieron cubrir traslados, gasolina, comida, etcétera. Además, cuando su padre, hermanos y otros familiares lo cuidaban, esto implicaba días no laborados y, por tanto, no pagados.
A ello se sumó la pérdida de su propio negocio, el cual pidió que vendieran o traspasaran, dejando atrás todo lo invertido.
“Te pasan muchas cosas por la cabeza. Yo ya no quería vivir, pensaba: ‘¿Para qué me voy a quedar? Solo para dar lata’. Todo lo que implica para tu entorno tener a una persona enferma”.
“Yo me acuerdo que a las enfermeras y a mi familia les decía: ‘Ya desconéctenme’, porque yo tenía un respirador artificial. No respiraba por mi cuenta, ya que el virus me atacó hasta los pulmones y no tenía fuerzas para jalar aire. Me acuerdo que les pedía que me desconectaran porque estaba cansado de estar ahí, de ver a mis familiares dormidos en el suelo. Yo estaba consciente y sabía lo que implicaba que dejaran de trabajar, que hicieran gastos. Te pasa por la mente que mejor ya te vayas”, añadió.

Su nueva realidad
Una vez fuera de peligro y con el tratamiento iniciado, comenzó el proceso de asimilación y aceptación de su nueva realidad, pues ahora era una persona con discapacidad: sin movilidad y totalmente dependiente de terceros hasta para lo que considera lo más básico.
“El proceso de aceptación fue lo que más me costó. Yo no quería salir a la calle o que la gente y conocidos me vieran y se preguntaran qué había pasado conmigo, pero ya que te aceptas, te quitas una mochila, una carga de encima, un gran peso. ‘Esta es mi realidad y a lo que sigue'”, comentó.
Estar en cama y encerrado le generó trauma, por lo que, una vez en casa y tras percibir sus primeros avances de la rehabilitación muscular, le pidió a uno de sus hermanos que lo llevara a un espacio abierto a manejar, en este caso, un automóvil automático que requería menor esfuerzo. “Prefiero andar en la calle que en mi casa”.
Su llegada a Uber se dio a través de sus hermanos, quienes, al estar en el proceso de alta como conductores ante la empresa, animaron involuntaria e indirectamente a Jorge a sumarse a la plataforma.
“Escucho que mis hermanos van a ir a Uber para hacer trámites para conducir, y yo me acuerdo que les pedí que preguntaran si yo podía manejar siendo una persona con discapacidad”.
La respuesta fue afirmativa, y tras una serie de pruebas Jorge se integró como socio a la plataforma.

¿Cómo es un día en la vida de Jorge?
Jorge acude a terapia tres veces a la semana: lunes, miércoles y viernes. Esos días se levanta a las siete de la mañana, toma el carro, se conecta a la aplicación y busca un viaje que, por sí solo, lo conduzca en dirección al centro de rehabilitación. De esta forma, se traslada y genera una ganancia.
La terapia inicia a las nueve de la mañana y dura aproximadamente hora y media. De regreso, Jorge aplica la misma dinámica: busca un viaje que lo dirija a casa para llegar alrededor de las 11:30 horas.
Desayuna, se baña (pues actualmente su terapia ya incluye peso, caminadora y un mayor esfuerzo corporal), se viste, descansa un poco y sale de nuevo a las calles a tomar todos los viajes que se le presenten. Su jornada concluye alrededor de las ocho de la noche. “Me encanta mucho trabajar, me encanta manejar”, compartió.
Conductor de Uber empático
Al ser cuestionado sobre posibles casos de discriminación o violencia por parte de pasajeros al tratarse de un socio con discapacidad, Jorge argumenta que, para una buena parte, esta condición pasa inadvertida, aunque sí cuenta con un gancho identificador a la vista de todos.
No obstante, en algunas ocasiones, pasajeros con maletas u otro tipo de bultos lo miran con enojo por no haberlos ayudado a subir las cosas o bajar a abrir la cajuela, a lo que él responde: “Soy una persona con discapacidad, una disculpa”.
Ante esto, la actitud de los viajeros cambia y ellos mismos piden una disculpa. Pero también hay pasajeros con discapacidad, con los cuales Jorge empatiza. Por ejemplo, un joven usuario de silla de ruedas que ya se ha vuelto un asiduo pasajero (en por lo menos cinco ocasiones) y al que Jorge sí ayuda.
“Yo agarrándome del carro con una mano sí puedo. Mi mano no está muy al 100 %, no tengo tanta fuerza, pero en el caso de esta persona sí le ayudo a subir. él me ayuda a quitarle las ruedas, porque él sabe cómo hacerlo, y ya yo subo el cuadro y las llantas por separado a la cajuela”, contó, riendo al recordar lo que para ambos debe ser una hazaña.
“Me siento capaz de ayudarlo porque sí que la silla es liviana, el cuadro es liviano, las llantas son livianas. Se sube al carro, me ayuda a desarmar su equipo y ya yo, con una mano, me agarro del carro y con la otra meto todo a la cajuela”, complementó.
Finalmente, Jorge envió un mensaje a todas aquellas personas con discapacidad que buscan reintegrarse a la vida económica y salir adelante.
“Si les gusta manejar, podrían ver a Uber como una oportunidad. Siento que es algo muy satisfactorio para una persona con discapacidad. Es una muy buena oportunidad, una buena fuente de ingreso para sobrevivir”.
“Para mí, para mi condición y para cómo estoy, Uber me cayó como anillo al dedo”, concluyó.





