23 de Marzo de 2026

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Del atletismo al cine: el documental mexicano que sigue a tres atletas ciegas rumbo a los Paralímpicos

Tres atletas con discapacidad visual protagonizan Las hijas del viento, un documental que apuesta por mostrar su vida cotidiana y, al mismo tiempo, evidencia los retos de producir este tipo de historias en México.

Fecha de publicación: 18/Marzo/2026 | Autor: María Nazaret

Collage del documental Las hijas del viento con escenas de tres mujeres con discapacidad visual en su vida cotidiana y entrenamientos de atletismo.

“Lo primero que queríamos evitar era hacer una historia de lástima”.

Así resume José Camacho, en entrevista exclusiva para Yo También, el punto de partida de Las hijas del viento, un documental que sigue a Adriana Carrillo, Mónica Rodríguez y Daniela Velasco, tres mujeres con discapacidad visual que practican atletismo y documenta su camino hacia los Paralímpicos.

Pero, como explica el propio director, la intención nunca fue centrarse únicamente en el deporte ni en la discapacidad.

“Queríamos contar algo real. Todos sufrimos, todos tenemos problemas, todos tomamos decisiones”, dice.

Una historia que nació desde lo personal

El origen del documental no es casual.

Tanto José Camacho como Andrea “Zanahoria” López —productora del proyecto— tienen hermanas con discapacidad intelectual, lo que los llevó desde hace años a preguntarse cómo podían aportar, desde el cine, a cambiar la forma en que se percibe la discapacidad.

“Desde ahí viene la inquietud: cómo conectar lo que hemos vivido en nuestras familias con lo que hacemos”, comparte José.

Para Andrea, ese proceso también implicó cuestionar la forma en que ella misma entendía la discapacidad.

“Antes incluso me costaba decir ‘persona ciega’, pensaba que era ofensivo. Y al conocerlas entendí que no, que es una característica más, no algo que las define por completo”, comparte.

La idea comenzó a tomar forma en 2018, cuando conocieron a Daniela, una de las protagonistas. En ese momento, el proyecto no era todavía un largometraje, pero el encuentro cambió el rumbo.

“Regresé pensando que esto no era para un ejercicio (de cinematografía), sino para una película”, recuerda.

De un proyecto a una historia compartida

Con el tiempo, la historia creció y se sumaron Mónica y Adriana. Cada una con una personalidad distinta, pero con algo en común: una forma propia de entender la vida.

Más allá de sus logros deportivos, lo que atrajo al equipo fue la complejidad de sus historias.

“Nos dimos cuenta de que no se trataba de tres mujeres con discapacidad visual, sino de tres mujeres con metas”, explica el director.

Esa idea terminó por definir el enfoque del documental: seguir el camino, no solo el resultado.

“Al final nos dimos cuenta de que la historia no era sobre la discapacidad, sino sobre metas: lo que pasa cuando persigues algo, lo logres o no”, dice Andrea.

Contar la discapacidad desde otra mirada

Uno de los principales retos fue evitar las narrativas tradicionales que suelen aparecer en historias sobre discapacidad.

“A mí me molestan mucho los contenidos que son lastimosos”, dice José. “No queríamos hacer algo de ‘pobrecita’, sino mostrar la vida como es”.

Esa decisión se refleja en el documental, que muestra a las protagonistas en distintos espacios: entrenando, trabajando, moviéndose por la ciudad o construyendo sus propios proyectos de vida.

En una de las escenas, por ejemplo, Adriana comparte una reflexión que atraviesa el documental:

“Prefiero perder mi vista y disfrutar mi vida…”.

Hacer cine sobre discapacidad también es un desafío

Llevar Las hijas del viento a la pantalla no fue un proceso sencillo. Más allá de la historia, el equipo tuvo que enfrentar obstáculos comunes en el cine independiente en México, que se intensifican cuando se trata de proyectos con enfoque social.

“El mayor desafío fue el dinero”, reconoce José Camacho.

Durante varios años, el documental avanzó sin recursos suficientes. Entre 2018 y 2020, el proyecto se sostuvo prácticamente por iniciativa propia, con trabajo no remunerado y tiempos intermitentes.

“Hacíamos lo que podíamos con lo que teníamos. Había momentos en los que simplemente no se podía avanzar más”, explica.

A esto se sumó un reto poco visible pero fundamental: el acceso a materiales vinculados con competencias internacionales.

En un inicio, el equipo contempló una cantidad mucho menor para cubrir los derechos de uso de imágenes de los Juegos Paralímpicos. Sin embargo, al cotizar, se encontraron con una cifra muy distinta.

“Nos querían cobrar alrededor de un millón y medio de pesos por unos minutos de uso”, cuenta.

El proceso para negociar esos derechos tomó cerca de un año, con intercambios constantes en inglés con el comité correspondiente. Finalmente, lograron reducir el costo a aproximadamente 200 mil pesos, que tuvieron que cubrir mediante apoyos institucionales y alianzas.

Este tipo de barreras económicas no solo afectan la producción, sino también el tipo de historias que logran concretarse.

En México —y en general en el ámbito audiovisual— los proyectos que abordan la discapacidad desde una perspectiva cotidiana, sin caer en estereotipos, siguen siendo escasos. No necesariamente por falta de historias, sino por la dificultad de financiarlas, producirlas y distribuirlas.

Frente a ese panorama, Las hijas del viento es también el resultado de la insistencia: de un equipo que decidió sostener el proyecto durante años hasta encontrar la forma de llevarlo a la pantalla.

Contar otras historias también es parte de la inclusión: Adriana, de protagonista a directora de sonido

Para José y Andrea, hacer este documental también implicó cuestionarse su propio rol como creadores.

En medio del proceso, se dieron cuenta de algo: hablar de inclusión no era suficiente si las personas con discapacidad no formaban parte del equipo.

“Nos dimos cuenta de que no podíamos hablar de inclusión si no la estábamos haciendo dentro del propio proyecto”, explica Andrea.

Esa reflexión los llevó a integrar a Adriana Carrillo, una de las protagonistas, en la postproducción como directora de sonido.

Su participación no fue menor. Adriana —quien también es presidenta de la asociación de atletas ciegos del estado de Jalisco— comenzó a formarse en sonido tras su experiencia en el documental, tomando cursos de sonido directo y paisajes sonoros.

Desde su propia experiencia como persona con discapacidad visual, aportó una perspectiva distinta al proceso creativo: pensar el sonido no solo como acompañamiento, sino como una forma de narrar.

El resultado fue un diseño sonoro que busca que la película también pueda ser disfrutada desde la escucha, permitiendo que personas con discapacidad visual accedan a la historia de otra manera.

Más que retratar sus historias, Las hijas del viento abre la puerta a que las propias personas con discapacidad participen activamente en la creación de contenidos.

Una invitación a mirar diferente

Las hijas del viento no es solo un documental sobre deporte o discapacidad. Es una historia sobre decisiones, autonomía y formas de vivir.

A través de momentos de la vida cotidiana, el documental muestra a tres mujeres que construyen su día a día, enfrentan barreras, toman decisiones y persiguen sus propias metas.

“Lo primero que tienen que hacer es olvidarse de la discapacidad”, dice Adriana en el documental. “Tengo una discapacidad visual, pero no por eso dejo de ser una persona”.

Más que dar respuestas, el documental invita a mirar distinto.

A conocer a Adriana, Daniela y Mónica más allá de cualquier etiqueta.

Y, sobre todo, a acercarse a sus historias. 

Las hijas del viento es una invitación a ver, escuchar y entender otras formas de vivir.

¿Dónde ver Las hijas del viento?

El documental continúa su recorrido por distintas ciudades del país. Puedes consultar las próximas funciones y cartelera en sus redes sociales como Instagram y Facebook.

Además, también está disponible en línea a través de la plataforma Docs en Línea.