06 de Junio de 2026

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AURA: la prótesis de mano mexicana que busca mejorar con AI

Alex Suárez y Sergio Orozco comenzaron desarrollando una prótesis durante sus prácticas profesionales en Ingeniería Mecatrónica. Lo que inició como un reto técnico los llevó a reflexionar sobre accesibilidad, autonomía y tecnología de apoyo, un tema que cobra relevancia cada 4 de junio, Día Mundial de la Tecnología de Apoyo.

Fecha de publicación: 04/Junio/2026 | Autor: María Nazaret

Dos brazos con prótesis sostienen componentes protésicos mientras alrededor aparecen elementos gráficos vinculados con tecnología de apoyo.

Cuando Alex Suárez y Sergio Orozco comenzaron a desarrollar una prótesis de mano durante sus prácticas profesionales en Ingeniería Mecatrónica, pensaban que el principal desafío sería técnico. Sin embargo, conforme avanzaron en el proyecto se acercaron a las experiencias de personas usuarias y comprendieron los retos que muchas personas con discapacidad enfrentan para acceder a este tipo de tecnologías.

Actualmente, ambos ingenieros recién egresados trabajan en el desarrollo de AURA (Artificial Understanding of Responsive Anatomy), un proyecto que busca crear una prótesis de mano controlada mediante señales musculares. Lo que comenzó como una iniciativa académica evolucionó hacia una propuesta que busca mejorar la funcionalidad, la precisión y la accesibilidad de este tipo de dispositivos.

En entrevista con Yo También, compartieron cómo nació la iniciativa, los desafíos que han enfrentado y los aprendizajes que encontraron al acercarse a un tema que impacta la vida de millones de personas en todo el mundo.

De las aulas a un proyecto con impacto social

La idea de AURA surgió durante sus prácticas profesionales. Aunque tenían distintas opciones de proyectos sobre la mesa, ambos coincidieron en que querían desarrollar algo que representara un reto tecnológico y, al mismo tiempo, pudiera generar un impacto positivo.

El objetivo inicial era construir una prótesis de mano completa capaz de responder a señales musculares captadas mediante sensores electromiográficos. Estos dispositivos registran la actividad eléctrica de los músculos y permiten traducirla en movimientos mecánicos.

Las primeras pruebas ofrecieron resultados prometedores. La prótesis podía realizar movimientos básicos, como abrir y cerrar la mano. Sin embargo, conforme avanzaban en el desarrollo comenzaron a notar una limitación importante: la precisión no era suficiente para reproducir movimientos más complejos o naturales.

“Nos dimos cuenta de que había un problema real por resolver”, recordaron.

Mover cada dedo de manera independiente, sujetar objetos con distintos niveles de fuerza o realizar acciones más específicas requería una interpretación mucho más precisa de las señales musculares. Fue entonces cuando decidieron replantear el proyecto y buscar nuevas herramientas para mejorar su funcionamiento.

Más que abrir y cerrar una mano

La búsqueda de una prótesis más funcional llevó a Alex y Sergio a explorar tecnologías basadas en inteligencia artificial.

Su intención es que el sistema pueda reconocer patrones complejos en las señales musculares y convertirlos en movimientos más naturales. En lugar de limitarse a ejecutar acciones simples, la prótesis podría adaptarse mejor a las características y necesidades de cada persona usuaria.

Para los jóvenes ingenieros, el reto no consiste únicamente en construir un dispositivo que funcione, sino en acercarse lo más posible a los movimientos que una persona realiza de manera cotidiana.

La experiencia también les permitió comprender que el desarrollo de una prótesis involucra mucho más que electrónica, programación o diseño mecánico. Cada decisión técnica tiene consecuencias directas en la forma en que una persona interactúa con el dispositivo y en las actividades que podrá realizar con él.

Entrenar la tecnología para adaptarse a las personas

Una vez identificadas las limitaciones de los primeros prototipos, investigan modelos de inteligencia artificial capaces de analizar las señales musculares y reconocer patrones específicos.

El nombre AURA proviene de las siglas en inglés de Artificial Understanding of Responsive Anatomy (Comprensión Artificial de una Anatomía Responsiva), una referencia al objetivo del proyecto: desarrollar una tecnología capaz de interpretar señales musculares y traducirlas en movimientos cada vez más naturales y precisos.

Como parte de esta búsqueda, también exploran herramientas digitales para recopilar señales musculares y entrenar los algoritmos del sistema. Entre ellas se encuentra el desarrollo de una dinámica inspirada en videojuegos que permita obtener información de manera más amigable para las personas usuarias.

Para ellos, uno de los principales desafíos es reconocer que no existen dos usuarios iguales. Cada persona tiene necesidades, hábitos, fuerza muscular y formas de movimiento distintas, por lo que una solución única difícilmente respondería a todos los escenarios.

Por ello, consideran que el futuro de este tipo de desarrollos pasa por dispositivos capaces de ajustarse a quienes los utilizan y no al revés.

Escuchar a quienes usarán la tecnología

Fue precisamente al acercarse a personas usuarias cuando comprendieron que una prótesis no se mide únicamente por la cantidad de movimientos que puede realizar.

Durante el desarrollo del proyecto conocieron experiencias que les ayudaron a entender que factores como la comodidad, la ergonomía, el peso, la resistencia de los materiales o la apariencia también forman parte de la experiencia de uso.

Uno de los casos que más les llamó la atención fue el de una persona usuaria de una prótesis principalmente estética. Aquella experiencia les permitió reflexionar sobre la diferencia entre portar un dispositivo y contar con una herramienta que realmente facilite actividades cotidianas.

A partir de estos acercamientos comenzaron a incorporar preguntas que inicialmente no estaban presentes en el proyecto: ¿qué necesita realmente una persona usuaria?, ¿qué le resulta incómodo?, ¿qué funciones considera prioritarias?, ¿qué cambios haría al diseño?

“Queremos entender qué les resulta cómodo, qué cambiarían y qué necesidades tienen”, explicaron.

Lo que comenzó como un reto de ingeniería se convirtió también en un ejercicio de escucha y aprendizaje. Para ambos, desarrollar tecnología implica reconocer que las mejores soluciones no surgen únicamente desde un laboratorio o una computadora, sino también del diálogo con las personas que utilizarán esos dispositivos en su vida diaria.

La tecnología de apoyo no debería ser un lujo

Las prótesis forman parte de lo que se conoce como tecnología de apoyo, un conjunto de productos y servicios diseñados para ayudar a las personas a mantener o mejorar su autonomía, participación e independencia. Dentro de esta categoría también se encuentran los auxiliares auditivos, las sillas de ruedas, los lectores de pantalla y otros recursos que favorecen la participación social.

De acuerdo con estimaciones internacionales, una de cada tres personas en el mundo necesita al menos una tecnología de apoyo. Sin embargo, millones de ellas enfrentan barreras para acceder a estos productos debido a factores económicos, geográficos o administrativos.

“Las prótesis y muchas tecnologías de asistencia se vuelven un lujo porque son muy caras”, señaló Sergio Orozco.

Pero el acceso no depende únicamente del precio de un dispositivo. También intervienen los tiempos de espera, los traslados, la disponibilidad de servicios especializados y los procesos necesarios para obtener estas tecnologías.

La reflexión cobra relevancia en el marco del Día Mundial de la Tecnología de Apoyo, que se conmemora cada 4 de junio para visibilizar la importancia de estos productos y servicios en la vida de millones de personas. La fecha busca llamar la atención sobre las barreras que todavía enfrentan muchas personas con discapacidad para acceder a herramientas que favorecen la movilidad, la comunicación, la educación, el empleo y la participación social.

Hablar de prótesis también es hablar de tecnología de apoyo. Al igual que los auxiliares auditivos o las sillas de ruedas, estos dispositivos pueden marcar una diferencia significativa en la autonomía y la calidad de vida de quienes los utilizan.

Innovar también es una forma de inclusión

Aunque el proyecto aún se encuentra en desarrollo y enfrenta desafíos técnicos y económicos, Alex y Sergio tienen claro que quieren seguir avanzando.

La falta de recursos, los obstáculos propios del desarrollo tecnológico y la complejidad de construir una solución funcional han sido parte del camino. Sin embargo, consideran que el esfuerzo vale la pena cuando existe la posibilidad de generar un impacto positivo en la vida de otras personas.

“Va a haber trabas muchas veces, pero cuando ves el resultado y sabes que puede ayudar a alguien más, todo el esfuerzo cobra sentido”, compartieron.

Y como resume Sergio: “No es suerte. Es querer hacerlo”.

Para Alex y Sergio, el proyecto todavía tiene un largo camino por recorrer. Sin embargo, la experiencia ya transformó la manera en que entienden la tecnología: no como un fin en sí mismo, sino como una herramienta que puede responder a necesidades reales y ampliar oportunidades para otras personas.

En el marco del Día Mundial de la Tecnología de Apoyo, su historia muestra cómo una idea nacida en las aulas puede convertirse en una oportunidad para reflexionar sobre accesibilidad, autonomía e inclusión, y recuerda que detrás de cada innovación existen personas, necesidades y desafíos que vale la pena escuchar.