06 de Mayo de 2026

Opinión

Vida independiente: el derecho a ser y estar en el mundo

Fecha de publicación: 11/Febrero/2026 | Autor: Nara Gabriela Peréz

Ilustración de Nara Gabriela Pérez, integrante del colectivo Cuidados Sí, APOYOS También

El logo de Cuidados Sí, Apoyos También no es un simple recurso gráfico. Es una afirmación política. En él, el símbolo de accesibilidad abraza el mundo. No lo observa desde fuera ni pide permiso para entrar: lo rodea y lo sostiene. Esta imagen condensa una idea central que atraviesa nuestro trabajo colectivo: las personas con discapacidad no queremos ser cuidadas al margen de la vida social, queremos poder ser en el mundo.

Ese gesto dialoga directamente con el Manifiesto para Poder Ser en el Mundo, que nace de una convicción compartida: no queremos sobrevivir en instituciones, centros de respiro ni espacios donde otras personas deciden por nosotras y nosotros. Queremos vivir. Vivir con decisiones propias, con cuerpos diversos, con deseos, con errores y con afectos. Vivir en comunidad. 

El símbolo de accesibilidad, ampliamente reconocido, ha servido durante años para señalar puertas de entrada y recordar que el mundo debe ser transitable para todas las personas. En nuestro logo, este símbolo se reinterpreta: no marca un acceso puntual, sino una relación viva con el entorno. Al abrazar el mundo, expresa que la accesibilidad no es un punto de llegada ni una concesión aislada, sino una condición permanente para participar, moverse, decidir y pertenecer. La accesibilidad, así entendida, es vínculo y presencia.

Representa un entorno vinculante que abraza y reconoce nuestras diversidades, con ajustes razonables, cuidados y apoyos. Un entorno que sostiene la vida en sus diversas formas y que es sostenido y habitado por vidas diversas.

El manifiesto lo dice con claridad: somos barro, soplo, carne y sudor. No cuerpos por reparar. Somos vidas completas. Sin embargo, durante décadas se nos ha tratado como si nuestra existencia debiera resolverse fuera del espacio público, en la familia, en la institución o en el encierro “protector”. Se nos llama dependientes para justificar nuestra exclusión, cuando lo que en realidad falta son apoyos y servicios comunitarios que permitan vivir con libertad.

De ahí que el abrazo del logo no sea casual. Es una respuesta a esa historia de separación. El mundo no es algo a lo que debamos adaptarnos solas, ni un privilegio al que acceder si “funcionamos” de cierta manera. El mundo es nuestro, y los apoyos son la condición para habitarlo en igualdad. Apoyos personales, comunitarios y accesibles que acompañen sin sustituir, que fortalezcan sin controlar.

Esa visión se concreta hoy en la propuesta del colectivo Cuidados Sí, Apoyos También para incorporar un capítulo sobre apoyos para la vida independiente en la Ley del Sistema de Cuidados y Apoyos de la Ciudad de México. La propuesta reconoce que los apoyos no son caridad ni una carga para el Estado, sino un derecho que hace posible la libertad, la dignidad y la participación plena en la comunidad. Reconoce que todas las personas necesitamos de otras, pero que ninguna debe ser privada de su autonomía, de su deseo y de su capacidad de decidir.

El colectivo está integrado por organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos como Human Rights Watch, Women Enabled International, Movimiento de Personas con Discapacidad, Documenta, Yo También y Mexicanas con Discapacidad, y ha sumado las adhesiones de Libre Acceso y CONFE. Esa diversidad también está reflejada en el logo: no hay una sola forma de estar en el mundo, pero sí una exigencia común de poder hacerlo sin barreras.

El mundo en brazos es, a la vez, una promesa y una exigencia. La promesa de un sistema de cuidados y apoyos que no nos aparte de la vida, sino que nos devuelva a ella. Y la exigencia de reconocer que la independencia no es aislamiento, sino el derecho a decidir, a vincularnos y a compartir la vida desde la interdependencia que nos une a todas y todos.

Desde nuestro poder colectivo y creativo esta propuesta de capítulo da forma a la consigna que el activista Javier Romañach lanzara en 2005: ¡Dignidad y libertad en la diversidad!. 

Apegándose al marco de Derechos Humanos. Colocando como uno de los puntos centrales el derecho a la asistencia personal. Un tipo de apoyo humano por parte de una persona capacitada, no familiar, que asiste a la persona con Discapacidad en sus tareas cotidianas, promoviendo la vida independiente.

Porque, como afirma el manifiesto, no queremos ser la excepción. Queremos ser parte del mundo. Y el mundo, también, debe aprender a sostenernos.