26 de Septiembre de 2026

Opinión

¿Por qué no sabemos cuántas personas con discapacidad hay en el país?

Fecha de publicación: 24/Septiembre/2026 | Autor: Katia D'Artigues

Ilustración de Katia D'Artigues periodista y directora general de Yo También

¿Cuántas personas con discapacidad hay en México? La respuesta es que, en realidad, no lo sabemos.

La recién publicada e importantísima Encuesta Intercensal (EIC) que publicó esta semana el INEGI nos deja más dudas que certezas sobre cuántos mexicanos y mexicanas viven con discapacidad en México.

Primero hay que citar las cifras a nivel global. La Organización de las Naciones Unidas ha dicho, desde hace años, que las personas con discapacidad (que son muy diversas) representan la minoría más grande del mundo: al menos 15 por ciento de la población global.

Entonces, ¿cómo es posible que en la más reciente EIC el INEGI afirme que el 4.9 por ciento de la población, que equivale a 6.3 millones de personas viven con “discapacidad”? 

¿Cómo explicar que en pasadas encuestas, también realizadas por el INEGI, se estimaron que al menos había 8.9 millones de personas con discapacidad?

¿Por qué sostenemos aquí en Yo También que son más de 20 millones de personas y eso más o menos coincide e incluso supera el 15 por ciento de la estimación de la ONU?

La respuesta a estas preguntas es compleja, como todo lo que se ve en corto, y comienza por explicar cómo es que se está midiendo la discapacidad e incluso qué entiende el INEGI por ella, con lo cual discrepo.

¿Qué es discapacidad y cómo se mide?

Lo primero que hay que explicar es que el INEGI, por razones que se han debatido mucho en el mundo, nunca pregunta a alguien si tiene “discapacidad”. Y eso está bien. ¿Por qué? Porque aún la palabra tiene el peso cultural idéntico a la loza del Pípila en la Alhóndiga de Granaditas. Pocas personas dirían que sí viven con ella si les preguntan de manera directa. 

Por ello hay un consenso a nivel mundial. Se llama el Set de Washington, creado expresamente para medir, de manera estadística, la discapacidad. 

Por ejemplo, para medir discapacidad visual, la pregunta es: ¿Tiene dificultad para ver, incluso cuando usa lentes? Si la persona contesta que sí tiene dificultad para ver aún usando lentes, es indicativo de discapacidad visual.

Luego el INEGI pregunta qué tanta dificultad: si no tiene dificultad, lo hace con poca dificultad, con mucha dificultad o, de plano, no puede hacerlo.

Con base a las respuestas, el INEGI entonces hace una diferencia y manda a dos bolsas, por así decirlo. Si no puede hacerlo o lo hace con mucha dificultad, lo manda a la bolsa de “discapacidad”. Si la persona responde que lo hace con poca dificultad, lo considera una “limitación”. Y obvio, si no tiene dificultad, pues entonces no es ni discapacidad ni limitación.

Es algo que se mide, pues, según una percepción subjetiva de la persona, pero es la mejor manera que tenemos, hasta ahora, de medir la discapacidad. 

Incluso, lo sé por testimonios del mismo INEGI, se sabe que hay personas que mienten. Hay encuestadores que reportan que ven que una persona, por ejemplo, usa una andadera y tiene serios problemas para caminar, pero si se les pregunta si tienen algún problema para subir y bajar escaleras, dicen que no. Puedo ser empática del porqué de esta respuesta. Los seres humanos tenemos miedo a envejecer, a enfermar, a no valernos por nosotros mismos y necesitar apoyos, a ver comprometida nuestra autonomía.

En el Censo 2020 se hicieron algunas de estas preguntas del Set de Washington para medir discapacidad visual, auditiva (dificultad para escuchar aún usando aparato auditivo), motriz (dificultad para caminar, subir o bajar), intelectual (dificultad para recordar o concentrarse), y dos otros tipos de discapacidades que pueden ser por múltiples causas: dificultad para bañarse, vestirse o comer y dificultad para hablar o comunicarse.

Además, hicieron una pregunta abierta que estuvo, a mi parecer, muy mal formulada. Preguntaron, de manera abierta, lo siguiente: “¿Tiene algún problema o condición mental?” y luego pusieron entre paréntesis, como ejemplos: “Autismo, síndrome de Down, esquizofrenia, etcétera”.

Para los clavados en el tema de la discapacidad, nos queda claro que este grupo que agrupa “condición mental” creó, por los ejemplos, una bolsa que lo mismo mezcla neurodiversidad como autismo, que síndrome de Down, que es intelectual y esquizofrenia, que es psicosocial, ya sin mencionar el “etcétera”.

Si bien el Set de Washington sí propone preguntas sobre discapacidad psicosocial en categorías de “afecto” para medir depresión y ansiedad, no se hicieron. Han causado controversia porque son incluso más subjetivas.

Pero el hecho es que no hemos medido el grupo importante y creciente de las personas que vivimos con depresión y ansiedad y que, si llega a un grado que limita tu vida, se considera discapacidad. La misma Organización Mundial de la Salud lo ha dicho: la depresión es una de las principales causas de discapacidad, aumentó durante la pandemia, hay incluso un Plan de Acción Integral sobre Salud Mental 2013-2030 que firmaron 194 países miembros de la ONU.

¿Qué dijo el Censo 2020?

Aún con estas falencias claras, el Censo 2020 sí llegó a la cifra de 16.5 por ciento de mexicanos y mexicanas, más de 20 millones de personas, si se suman a las personas que pusieron en estas tres bolsas: discapacidad, limitación y personas con alguna “condición mental”, donde hay una mezcla de chile, mole y pozole, como se dice de manera popular.

Es la suma de 6 millones 179 mil 890 personas con “discapacidad” más 1 millón 590 mil 583 personas con alguna “condición mental” y el número más grande de las 13 millones 934 mil 448 personas con “limitación”.

En Yo También, por estas razones, siempre hemos defendido que hay, al menos, 20 millones de personas con discapacidad en el país ya, y que esto está creciendo por edad, por enfermedades crónicas y por la crisis de salud mental.

Por estas razones, yo esperaba que la famosa EIC reflejara este crecimiento. Más aún cuando en otras encuestas importantes del mismo INEGI, como la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023 y la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos en los Hogares (ENIGH) 2024, se reportó un crecimiento a 8.7 millones y 9.5 millones, respectivamente, frente a los 6.1 millones reportados en 2020 sólo de “discapacidad”.

No fue así. 

La EIC sostiene que, en cinco años, sólo hay 200 mil personas con “discapacidad” más. 

La población con limitaciones aumentó a 14 millones 758 mil 053, apenas dos décimas más: de 11.1 a 11.3 por ciento. 

Y —échense este trompo a la uña— que las personas con algún “problema (sic) o condición mental” se redujeron —¡redujeron!— a 1 millón 384 mil 197 personas (sí, en plena crisis de salud mental en el mundo) con un porcentaje de 1.3 a 1.1 por ciento. 

Es decir, el INEGI, sumando todo (personas con discapacidad, limitación y condición mental), aumenta apenas en una décima el número de personas con discapacidad —como la entendemos en Yo También— en cinco años.

Esto aún cuando el promedio por edad subió en estos años, de 29 a 32 años, e indica que vamos siendo un país de no tan jóvenes, que hay más personas mayores y el INEGI mismo acepta que la discapacidad o limitación (si es que insisten en llamarlo así) aumenta por edad, envejecimiento y enfermedades.

Sobre esto, hicimos una nota que explica más paso a paso el porqué de estos resultados, que pueden consultar en ¿México pasó de 9.5 a 6.3 millones de personas con discapacidad entre 2024 y 2025? Esto dice el INEGI.

Claudia García, reportera, fue a un conversatorio donde funcionarios del INEGI discutieron algunos de los resultados de la EIC y le preguntó a Mauricio Rodríguez Abreu, director General de Estadísticas Sociodemográficas del INEGI, el porqué de estas cifras.

Esto respondió: “Siempre la ENADID nos da más porcentaje o población con discapacidad que el Censo, ¿por qué? Porque (la EIC) es un operativo masivo que tenemos que pasar, digamos, el tiempo necesario en cada vivienda, y en la ENADID estamos mucho más tiempo en la vivienda”.

Entonces, argumento, no tenemos cifras confiables.

Es tiempo de volver a proponerle al INEGI, como lo hemos hecho diversas organizaciones de la sociedad civil hace décadas, que se haga una Encuesta Nacional sobre Discapacidad. Las autoridades saben que sería muy útil, pero lo que siempre detiene esta propuesta es que no hay presupuesto para ello.

Pregunta: ¿la minoría más grande de México, la que enfrenta mayores retos y barreras, no lo merece?