25 de Marzo de 2026

Opinión

Crónica de un mal día para volar

Fecha de publicación: 09/Febrero/2026 | Autor: Daniel Robles Haro

Ilustración de Daniel Robles Haro columnista y activista con parálisis cerebral

Querida comunidad de Yo También:

Creo que a todas y todos nos ha pasado tener un mal día, o coincidir con personas que lo están teniendo. Y se entiende. Pero esta situación creo que va más allá de eso.

Viajar en avión es todo un reto para una persona en mi condición. Siempre hay que sortear dificultades con la mejor actitud posible, pero esta vez fue demasiado.

Les platico.

Compramos nuestro vuelo con la empresa Volaris. Hicimos el check in con dos días de anticipación y nos asignaron la fila 38, es decir, hasta el final del avión. La señora de la casa —así le llamo a mi mamá, chiste local— llamó a atención a clientes y le dijeron que llegáramos temprano al aeropuerto para gestionar que nos asignaran un lugar más accesible.

Así lo hicimos. En el mostrador nos dijeron que el avión iba lleno, pero que lo viéramos con el personal de la sala de espera.

En la sala de espera nos dijeron que le iban a comentar a los sobrecargos. Y a la mera hora, todos se pasaron la bolita y nadie nos resolvió nada. Al ingresar al avión, la señora de la casa les dijo que como era posible que no pudieran hacer un cambio de asiento. 

Uno de los sobrecargos nos recibió diciendo. Ya no hay lugares disponibles. Una disculpita

¿Una disculpita? Con lo que me choca que algunas personas quieran suavizar o discriminar o hasta sonar paternalistas con los diminutivos.

Pacientito. Enfermito. Problemita. Disculpita

¿Qué onda con eso? 

La “disculpita” no aminoró en nada la incomodidad que pasamos. 

Para empezar, también agarramos en un mal día a las personas que apoyan en trasladar a los viajeros en las famosas, incómodas, inseguras, y en mi caso, inútiles y peligrosas sillas pasilleras. 

Esas sillas, están pensadas —creo— para trasladar a personas que no pueden caminar hasta sus asientos. Pero que, por lo general, pueden controlar su cuerpo al sentarse.

Permanecer inmóviles, y controlar su equilibrio y mantener sus brazos juntos mientras son subidos por las escaleras o a través del pasillo del avión.

No es mi caso. Yo no me puedo sostener sentado en una silla convencional porque me voy de lado o hacia adelante. No puedo sostener mi cabeza y además, por el estrés, abro ambos brazos hacia afuera de manera abrupta. Y eso no lo puedo controlar. 

Mi mamá les dijo que en todo caso era mejor que alguien me cargara del tórax y otra persona de los pies a través del pasillo. 

Ellos dijeron que no. Por regla. Y lo entiendo. Pero fue un martirio. Me amarraron como puerco, diría el canaca. Mi cadera se salía constantemente de la silla. Me pusieron una cobija improvisadamente en la cabeza, pues el respaldo solo llegaba hasta los hombros. Aun así, mi cabeza se movía de un lado a otro chocando con los tubos de la silla. Y mis brazos se abrían constantemente y chocando con los pasajeros que ya estaban sentados, porque también nos dejaron el abordar hasta el último. 

De verdad se me hizo eterno el camino a lo largo del avión hasta llegar a mi asiento. Y para colmo, nos dieron asientos en filas separadas. Lo cual tuvimos que solucionar sí o sí, pues mi mamá me tiene que ir sosteniendo todo el vuelo.

Y al llegar a CDMX, igual. Bajaron todos los pasajeros. Media hora después trajeron una silla pasillera para sacarme y bajarme por la escalera del avión porque se estacionó lejos de la terminal. Un caos. La verdad me estresé mucho.

Abajo había un camión vacío qué ya había acercado a todos los demás pasajeros a la terminal. Con un chofer malhumorado por la espera. Y el camión sin rampa porque nadie les avisó. Yo fui el único pasajero con discapacidad en el avión y no pudieron hacer ni un ajuste razonable. 

Salimos por las salas de espera y tuvimos que bajar por un elevador muy lejano a donde se recoge el equipaje. 

Por la zona de revisión. Una vez afuera, pero dentro del aeropuerto nos fuimos hasta el final por donde salen los pasajeros para poder recoger nuestra maleta, y no nos dejaron entrar por ella. Nos dijeron que nos regresáramos al mostrador de servicios especiales de la aerolínea para que ellos tramitaran nuestra maleta desde adentro. Fuimos, nos formamos , y al llegar al mostrador, nos dijeron que ahí no era, y nos mandaron a otra área, con los que reciben el equipaje que va llegando. Una vez con ellos, se comunicaron por radio y nos dijeron que la banda que traía el equipaje de nuestro vuelo ya había terminado y entonces tenían que buscar la maleta en la oficina porque ya la habían pasado a los objetos olvidados.

Que nos regresáramos otra vez al final del aeropuerto por la salida de pasajeros y ahí esperáramos a que alguien de Volaris saliera con nuestra maleta. 

Pasaron 2 horas para que saliéramos de ahí. 

¿Qué opinan? 

Tal vez fue un mal día o de mala suerte, pero vamos por partes. 

Número uno: Los protocolos de inclusión de la aerolínea.

Hasta hace un par de años, cuando tú reservabas un vuelo, al poner el nombre del pasajero, el sitio te preguntaba si necesitaba silla de ruedas o si tenía discapacidad o alguna restricción de movilidad. Y entonces, yo creo que de acuerdo a eso, te asignaban un asiento accesible en las primeras filas. Pero ahora ya no. 

Número dos: Nosotros tenemos una tarjeta de crédito qué se supone te da ciertos beneficios al viajar con Volaris. Por ejemplo, abordar primero. Pero con nosotros no se respeta eso. 

Número tres: Durante mucho tiempo, estuvimos pagando entre mil y mil 200 pesos extras para poder acceder a los asientos de adelante. Para que la señora de la casa me pudiera cargar hasta mi asiento sin caminar tanto. Y el hecho de pagar ese asiento qué ellos le llaman premium también te da derecho a abordar primero sin incomodar a los demás pasajeros.  

Pero ni así. Los de las sillas pasilleras se echaban la bolita con los del avión y del mostrador y de todos modos pagábamos extra, nos ponían peros para tomar esos lugares. Abordábamos al último y también al llegar, siempre nos teníamos que esperar hasta que bajara el último pasajero.

Entonces de un tiempo para acá, y también por economía, ya no pagamos por elegir asientos. 

Hacemos check in en línea y se nos asigna un asiento al azar supongo. Porque hemos probado hacerlo 3 días antes del vuelo, 2 días antes del vuelo o ya casi al último y el resultado es el mismo. 

Y siempre tenemos que llegar al mostrador a registrar mi silla y solicitar un lugar no tan lejos de la entrada para que mi mamá no me cargue tantos pasos. 

Y aquí hay 2 problemas. Los criterios y protocolos de las aerolíneas, y del personal de los aeropuertos. 

No sé si tomen alguna capacitación para atender personas con discapacidad. Que no es lo mismo que apoyar a un adulto mayor que requiere silla. 

¿Y cuáles son sus criterios de accesibilidad para asignar los asientos? 

¿Solamente el dinero? 

Las personas con discapacidad, sobre todo motriz, requerimos algo que no son privilegios. Se llaman ajustes razonables

Ya pasada esa experiencia, vamos a tratar de acercarnos a los directivos de la aerolínea para platicar al respecto. Y no es esta aerolínea en particular. Nos ha pasado en Viva, en Aeroméxico, y en Iberia.

Mi propósito al compartir esto no es simplemente quejarme y denunciar. Es dialogar, proponer y sumar esfuerzos para establecer protocolos justos, prácticos y eficientes.

¿Y a ti que me lees, has tenido un mal día al volar?

Gracias por leerme.