02 de Febrero de 2026

Actualidad,Historias

“La puedo vivir plena y libre”: Emi, persona no binaria y con discapacidad, sobre su vida sexual

Fecha de publicación: 08/Julio/2025 | Autor: Francisco Javier Munguía

Emi Apolinar sentado en el piso junto a una bandera trans, conformada por los colores azul, rosa y blanco

La lucha por los derechos humanos es una constante que no puede limitarse (ni anclarse) a una fecha o efeméride; ningún avance en la materia es perpetuo e irreversible. En el caso de la diversidad sexual y de género, si bien junio se ha definido como el mes para visibilizarla, lo cierto es que la defensa, concienciación y divulgación de información sobre —y hacia— esta comunidad debería ser tarea diaria. Sobre todo cuando hablamos de interseccionalidades.

Hace unos días conocimos a Emi Apolinar, una persona bisexual, no binaria, con discapacidad y trabajadora sexual. Su historia refleja no solo la transversalidad entre condición, orientación e identidad —pocas veces vista, reconocida y plasmada—, sino que retrata cómo el conjunto de discriminaciones, sesgos, señalamientos y exclusiones se agravan cuando perteneces a dos (o más) grupos históricamente vulnerados.

Ya sabemos parte de su vida, particularmente el camino hacia el descubrimiento de su identidad de género. Ahora, Emi hace énfasis en el ejercicio de su vida sexual: como resistencia a la infantilización de las personas con discapacidad, pero también como forma de sustento.

Antes de comenzar es muy importante aclarar que los pronombres con los que Emi se identifica son: Él, Ella y Elle. Para facilidad de nuestros lectores nos referimos a Emi en masculino, pero insistimos, él así lo acepta. Recuerda: cuando conozcas a una persona no binaria debes preguntar sus pronombres y referirte a ella de esa manera.?

Emi y su inicio en el activismo?

Tal como lo vimos en la primera parte de su entrevista, luego de ser abrazado por la comunidad trans-no binaria (en su mayoría personas trabajadoras sexuales), Emi se interesó en la defensa activa de este grupo, particularmente frente a los atropellos y vulneraciones por parte de autoridades, quienes a la fecha —aunque en menor medida— las persiguen, violentan y hostigan por ser transexuales, no por su actividad per se.

Contrario a lo que se piensa, el trabajo sexual entre personas trans está alejado de la explotación y grupos de trata. Es un oficio al que se acercan por cuenta propia y frente al que poseen el ?control?, pues es uno de los contados espacios laborales donde se pueden desarrollar como consecuencia de la exclusión en el mercado formal. La violencia no proviene de redes de tráfico sexual, sino de la sociedad, clientes —cuyos servicios en ocasiones derivan en transfeminicidios— y de elementos de fuerza pública.

Emi Apolinar de brazos cruzados posando de frente a la c?mara recargado en la pared

Ante este panorama, Emi comenzó a publicar videos en redes sociales hablando de derechos humanos, la relación con la comunidad trans, el acoso en las calles para trabajadoras sexuales y su interseccionalidad como persona con discapacidad. Para su sorpresa, la respuesta en plataformas fue favorable, generando de manera orgánica una comunidad que a la fecha sigue creciendo.

“Fui metiéndome a talleres, a cursos de derechos humanos; porque en ese tiempo a las personas trans trabajadoras sexuales nos seguían persiguiendo”, comentó en referencia a la profesionalización de su activismo.

Su intención original era conocer lo más básico en materia legal para defender a quienes considera hermanas.

Emi crítica a los hombres gays sin discapacidad; “invisibilizan la lucha”

El impulso por defender los derechos de trabajadoras sexuales no nació solo como agradecimiento a la comunidad trans-no binaria por salvarle la vida; recordemos que intentó suicidarse en múltiples ocasiones dada la discriminación sistemática que recibió durante años por vivir con discapacidad, y fueron ellas las primeras en tratarlo como lo que es: UNA PERSONA.

Su activismo surge también como respuesta al abandono por parte de la comunidad de la diversidad sexual particularmente los hombres gays, hacia las personas trans.

“Es una deuda epistémica que la comunidad, en especial la ‘G’ (gays), nos debe a nosotras (las personas —particularmente mujeres— trans)”.

La historia es clara, la lucha por los derechos y el respeto hacia esta población fue iniciada por la comunidad trans, tanto a nivel internacional como nacional, pero hoy no se reconoce y dentro de la propia población LGBT+ las personas trans-no binarias son relegadas.

Lo defendía, pero, ¿Cómo se inicia Emi en el trabajo sexual?

Simple: ante la necesidad de recursos. Emi fue constantemente rechazado de espacios laborales por vivir con parálisis cerebral infantil, así que al tiempo que creció y requirió de su propio capital, la respuesta fue:

“Okay, si puedo mercantilizar con mi cuerpo lo voy a hacer, porque si el mundo laboral me cerró las puertas, no por mi identidad, sino por mi discapacidad, entonces voy a hacer esto (trabajó sexual) a ver cómo me va”.

No puedo estar desempleado y sin hacer nada (…) Tu discapacidad no tiene porqué ser una limitante para no ejercer el trabajo sexual”.

Emi Apolinar en el pleno del Senado de la República ofreciendo un discurso

Y es que aunque Emi tenía miedo de iniciarse en el oficio, sobre todo por su condición de vida, sus compañeras le enseñaron que —en este tipo de mercado hay personas que no buscan cuerpos hegemónicos— (una vez la hegemonía como antónimo de discapacidad).

“Abrí una cuenta de X (red social en la que el contenido pornográfico está permitido) y comencé a compartir mi trabajo, así como los costos”.

En línea con la crítica a los hombres homosexuales arriba mencionada, Emi considera que: “A diferencia de un hombre gay cisgénero, creo que nosotras la tenemos más difícil”.

“Entre nosotras mismas hablamos y coincidimos en que tenemos un conflicto con los hombres que ejercen el trabajo sexual, porque en un inicio ni lo asumen como tal. Se dicen “creadores de contenido” para suavizar que venden su cuerpo, no mediante encuentros presenciales, pero sí en formato digital, lo que no deja de ser trabajo sexual”.

Además, señala que ellos ejercen el oficio desde el privilegio, no desde la necesidad, pues en el caso de aquellos que además viven sin discapacidad pueden plenamente sumarse al sector laboral de su interés. El trabajo sexual es “un extra”, no la disyuntiva entre comer o no.

Para Emi, lo esencial es que el oficio se deje de estigmatizar, y para ello un primer paso es que los hombres homosexuales asuman el trabajo que hacen.

“Ellos no lo quieren ver (…) No entienden, ellos ejercen su trabajo, pero únicamente están en la fiesta, en lo banal, en la belleza estática”.

“Considero que no saben a los retos que nos enfrentamos en las calles. Mucho menos que somos activistas, que vamos más allá, distribuyendo —por ejemplo— insumos a las compañeras: condones, lubricantes, toallas sanitarias, etcétera”.

Esto último por la discriminación que viven en farmacias al intentar adquirir lo que en su trabajo se convierte en materia prima.?

“Bájenle tantito a su burbuja de privilegio, acérquense a personas que ejercen el trabajo sexual y no se queden solo con el hecho de irse a fiestas, irse a disfrutar la vida. No se los estoy negando, pero entiendan la chamba que hacemos y ayúdenos”.

La sexualidad como resistencia

Con todo lo anterior Emi rompe un enorme (y equivoco) mito: las personas con discapacidad son infantes eternos que no tienen sexo.

“Puedo vivir mi vida sexual como yo quiera, como a mí se me pegue la gana. Hoy día la puedo vivir plena y libre sin temor a que me rechacen. Esto lo aprendí gracias a Guz Guevara (activista y periodista) y a un colega trabajadora sexual que tiene varios clientes con discapacidad”.

Pero vencer el mito no fue fácil, más cuando la moral y religiosidad se hacen presentes:

“Nos enseñan que no podemos mostrar nuestro cuerpo porque es pecado. Batallé muchísimo, nos dicen que es amoral, que nos iremos al infierno”.

“Entendí que todo eso estaba en mi cabeza y que yo tenía derecho a ejercer mi sexualidad libre y también ejercer el trabajo sexual”.

Para concluir, Emi Apolinar pide a toda la población lo siguiente:

“Entiendan que las personas con discapacidad tenemos el derecho de vivir nuestra vida como nosotros queramos (…) El trabajo sexual es un trabajo que nos da sustento a muchas. Gracias a él hemos salido adelante. Que no nos manden a la clandestinidad, a lo oscuro; que no nos segreguen”.

“Me siento feliz y tranquilo, libre, puedo hablar lo que yo quiera sin temor. Puedo decir lo que me incómoda (…) Ya no me quiero suicidar. Las trans, las trabajadoras sexuales me animaron, me enseñaron que mi voz también tiene que ser escuchada, pero lo más importante: me reconciliaron con mi discapacidad”.

Te interesa:

México, sin datos estadísticos sobre personas con discapacidad parte de la comunidad LGBT+

Uso intensivo de ChatGPT está vinculado con soledad y dependencia emocional, revela estudio

Alumnos de la UAM crean prototipo para enseñar Braille a infancias con discapacidad visual