Por Bárbara Anderson

Uno de cada dos pacientes que cursan o cursaron COVID-19 tiene diabetes. 

En esta pandemia volvió a salir a la luz esta enfermedad que es uno de los principales y más silenciosos problemas de salud pública de México. 

Somos el sexto país con mayor incidencia en el mundo y este año aprendimos que es una ‘comorbilidad’ que vuelve más vulnerables a aquellos que viven con esta condición. 

Según el enfoque del gobierno federal, como llegamos a esta pandemia con una población con altos índices de obesidad, hipertensión y diabetes (las famosas comorbilidades), es que tenemos una tasa de letalidad más alta que la de otros países: mientras la tasa de letalidad mundial es de 2.47%, en México sube a 9.79% y somos el cuarto país con la mayor cantidad de muertos por coronavirus (si solo miramos las cifras oficiales).  

“Veneno embotellado”, “comida chatarra”, fueron otras definiciones que comenzaron a aparecer de manera recurrente en los informes diarios de la pandemia y este enfoque permitió acelerar el cambio de etiquetado de productos industrializados en el país. 

En México se calcula que hay (no hay cifras exactas en casi ningún tema vinculado con Salud) 12 millones de adultos con diabetes y que 1 de cada 2 no sabe que tiene esa enfermedad. De la mitad que sí está diagnosticada solo 25% recibe un tratamiento adecuado y continuo. Y es aquí donde la pandemia vino a mostrar otra ‘comorbilidad’: la falta de atención adecuada a los pacientes con diabetes que son ya uno de los grupos más vulnerables en la pandemia. Ante la enorme reconversión hospitalaria que se montó en el país, los pacientes deben deambular hasta encontrar el nuevo hospital donde le pueden brindar atención y sus medicinas regulares. Para ello viajan en transporte público y se vuelven más vulnerables al contagio aún. 

Como poco se mide, no sabremos cuántas personas murieron por efectos colaterales de la pandemia, es decir, por no seguir un tratamiento adecuado ni tener un hospital ‘no COVID’ cercano para atenderse. 

La diabetes es también una de las comorbilidades de muchas discapacidades: desde motriz a visual y cada vez se adquiere a edades más tempranas, convirtiéndose en una carga monumental para el sistema de salud. El propio ex secretario de Salud José Narro la declaró epidemia cuando ese término no estaba tan usado como ahora. 

Prevenir la diabetes requiere de hábitos saludables que incluyen dieta y ejercicio, por lo cual es un frente que se tiene que trabajar no solo desde el sector salud sino también desde educación y hasta de seguridad (¿o ustedes se animan a hacer deportes al aire libre?). 

Hace unos años un médico me dio un consejo que nunca olvidaré: si no quiere tener alguna vez diabetes, viva como si tuviera diabetes. Mucho depende de cada uno de nosotros, mientras los gobiernos van pateando esta pandemia de sexenio a sexenio.


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