Por Bárbara Anderson

Esta semana publicamos los resultados del cuestionario “La discapacidad y la epidemia de COVID-19” que recogió más de 2,244 respuestas en un mes. Y si bien hay datos específicos que las autoridades deberían tener en cuenta en medio (aún) del pico de la pandemia, como que 8 de cada 10 necesitan apoyo de otras personas y que 40% de esa asistencia son familiares dentro de los grupos de riesgo hay un dato que no deja de representar una discriminación doble: 42% de los encuestados (que en su mayoría son menores de 14 años) no está cursando la escuela. Quienes contestaron este cuestionario arrancan desde una situación podríamos decir ‘privilegiada’, porque están dentro de ese 50% de las familias con acceso a internet y a un dispositivo digital, y ni aún así puede acceder a su derecho a la educación. 

Tampoco acceden a apoyos gubernamentales ni han recibido una comunicación pensada en su tipo de discapacidad sobre prevención y cuidados en la peor epidemia del siglo. 

Con la excusa de la cuarentena corrimos la cortina de una de las tantas situaciones de desigualdad y discriminación que vive nuestro país. 

Mientras revisábamos las más de 40 preguntas que desnudan la falta de oportunidades de una comunidad que está entre las más vulnerables del país, mientras cruzábamos datos (gracias Parametría por el apoyo), escuchamos al Presidente considerar ni más ni menos que desaparecer al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred)

Conapred ha abierto brecha para el acceso a derechos, de entrada la no discriminación que es el puntal para que los demás se cumplan. Aquí pueden asomarse a algunas de sus acciones en estos 17 años. 

Tiene, además, un armado institucional que permite a cualquier persona presentar una queja (aún contra particulares), algo que no hace por ejemplo la CNDH.

Su impronta está desde el primer impulso al reconocimiento de los derechos laborales de personas trabajadoras del hogar, o de la comunidad de la diversidad sexual y por supuesto de las personas con discapacidad.

Gilberto Rincón Gallardo fue, además de fundador de Conapred, el impulsor de la Convención sobre los derechos de las personas con discapacidad de la ONU, una de las grandes aportaciones de México al mundo.

Con la desaparición de facto del Conadis, fue en Conapred donde recayó la defensa de derechos de pcd, que hasta antes de la pandemia, era el grupo que más quejas presentaba por discriminación. 

El 12 de mayo de 2008, Rincón Gallardo se paraba en las Naciones Unidas para sellar la puesta en marcha de la Convención. Cerró su discurso con una frase que se volvió bandera: “Nada de nosotros sin nosotros”

Nada, señor Presidente.