Por Sopitas

Ser papá te cambia la vida. Y nadie te enseña a serlo. Pero para lo que tampoco nadie te prepara es para ser un padre de hospital. De ver doctores más tiempo del que ves a tu hijo, de leer más definiciones y estudios médicos, que cuentos infantiles y de preguntarte una y otra vez ¿qué hiciste mal? o que pudo causar que tu bebé naciera con una condición que únicamente ocurre en uno de cada 400 mil nacimientos.

Lucas es mi primer hijo. Ese que cambiaría mi vida, aunque nunca pensé que lo hiciera tan rápido. Tan pronto nació, lo escuché llorar. Tomé una, dos y tres fotos, besé a mi esposa y cuando levanté la cara, solo pude ver al doctor que, a lo lejos, me llamaba con los dedos de la mano. En mi mente, creí que me llamaba para dejarme cargar a Lucas, que me diría que había nacido perfecto y que tendríamos esa vida que ves retratada en las paredes de los hospitales, en comerciales y espectaculares por estas fechas: bebés felices, mamás perfectas y padres triunfadores y exitosos.  

Pero no fue así y por el contrario, sus primeras palabras fueron para decirme que Lucas había nacido con una condición llamada Complejo OEIS y que tenían que llevarlo inmediatamente a terapia intensiva. Los detalles y la explicación que me dio en ese momento son momentos nublados en mi cabeza. Lo único que recuerdo fue que, sin entender lo que me decía, volteé a ver a Valeria que seguía en la plancha con la cesárea abierta, y le pedí al doctor que antes de llevarse a Lucas a terapia intensiva se lo acercaran a mi esposa, para que pudiera darle un beso.

El Complejo OEIS es una condición que se da en uno de cada 400 mil nacimientos y se compone por onfalocele, extrofia vesical, ano imperforado y defectos espinales. Es una de las malformaciones más severas compatibles con la vida y al día de hoy, no se sabe con exactitud la causa de la misma.

Las primeras expectativas de Lucas eran muy complicadas, al grado en el que ni siquiera sabíamos si nuestro bebé lograría sobrevivir. Pero como suele ocurrir, mi esposa, experta en iluminar los caminos más oscuros, encontró las palabras y sobre todo el camino a seguir: “Si Lucas lucha, nosotros vamos a luchar con él” y desde entonces así ha sido.

Por indicaciones médicas, nos trasladamos al Centro Médico Siglo XXI que se convirtió en nuestra casa, desde la Unidad de cuidados intensivos para neotatales, hasta el área de lactantes, pasando, por supuesto, varias veces por el quirófano. No hay nada más doloroso, que entregar a tu hijo recién nacido en un quirófano una y otra vez.

En ningún lado te dicen que hay paternidades diferentes. En ningún lado te enseñan a transitar esas paternidades con hijos enfermos, hijos muertos o desaparecidos. Padres a los que no se les permite ser vulnerables, porque “tienen que ser fuertes”. Padres que debemos aprender a encontrar la alegría y la esperanza en medio del dolor.

Padres que, en muchos casos, no sabemos qué hacer o cómo reaccionar cuando los doctores te dicen que tu hijo es uno entre un millón, lo cual te convierte en “un padre entre un millón”.

Por eso decidimos hacer un libro para ellos, porque las palabras también dan alivio y porque las otras paternidades se tienen que hacer visibles: lo que ves, lo que enfrentas, lo que te dicen, pero sobre todo, lo que te ayuda a poner las cosas en perspectiva y seguir adelante.

El objetivo es que historias como estas sirvan de guía y apoyo a otros papás que están pasando o les tocará atravesar este camino, y con la ayuda de psicólogos, tanatólogos y especialistas, crear un libro de consejos, con sabiduría y sanación, con el que esperamos ayudar a cambiarle la vida a otros padres.

El libro comenzará a armarse desde este espacio recién estrenado.