Un sitio web accesible no sólo permite que 10 millones de adultos mayores y 7 millones de personas con discapacidad lo naveguen: beneficia a todos los lectores. No basta construirlo accesible, hay que mantenerlo así 

Por Regina Moctezuma

Hay empresas u organismos que toman atajos para presumir que sus sitios web son accesibles, sin realmente serlo. Realizan adaptaciones al sitio web agregando componentes visibles (widgets) pero que, dado que corren sobre el mismo portal, no son funcionales si la programación original del sitio no contempló las pautas y criterios de accesibilidad pertinentes.

“Apantallan a las personas que no tienen discapacidad porque son herramientas que se ven, pero las personas con discapacidad no las usan. Están malgastando su dinero”, advierte Arturo Vaillard, socio fundador de Consultores Marnic.

Los mexicanos pasamos en promedio 8 horas y 20 minutos al día conectados a Internet, de acuerdo con el 15° Estudio sobre los Hábitos de los Usuarios de Internet en México publicado en julio de 2019 por la Asociación de Internet MX. Esto significa que pasamos poco más de una tercera parte de nuestro día “conectados” a nuestro teléfono inteligente, computadora, tableta o consola, para revisar redes sociales, comunicarnos, buscar información o entretenernos, entre muchas cosas más.

El tiempo-pantalla va in crescendo convirtiendo nuestra realidad en un entramado de experiencias físicas y digitales que todos deberíamos poder vivir sin limitantes. Eso es accesibilidad.  

Y así como todo edificio debiera ser construido con todas las facilidades para quienes tienen alguna discapacidad (sea por enfermedad, discapacidad o edad), todos los sitios web deberían ser programados para que cualquier persona, desde cualquier dispositivo, pueda navegarlos y comprender su contenido. Eso es accesibilidad web.

“Se trata de que el usuario tenga acceso al contenido en la web sin importar el dispositivo que utilice, en dónde se encuentre, la conexión o conectividad que tenga, el idioma que hable, o su capacidad (física, intelectual o económica)”, explica Vaillard de Consultores Marnic, una de las pocas firmas en México especializadas en Tecnologías Accesibles de la Información.

Nos conviene a todos

La accesibilidad en el mundo digital no es algo nuevo. En 1994, cinco años después haber inventado la World Wide Web, Tim Berner Lee fundó un consorcio llamado W3C con el objetivo de asegurar que todas las personas tengan un acceso justo e igualitario a Internet desde cualquier dispositivo. Y es que la manera en que un adulto mayor interactúa con y a través de Internet, no es la misma que la de un joven, por ejemplo, así como la de alguien que vive en una ciudad no se compara con la de quien habita en una zona rural, explica Vaillard.

El tema toma mayor relevancia ahora por la combinación de dos realidades de las que no podemos escapar. La primera es que cada vez pasamos más tiempo frente a una pantalla y, la segunda, que “todos vamos hacia la discapacidad, porque todos vamos hacia la vejez”, dice Katia D’Artigues, co-fundadora de Yo También. “El reto en México es que todavía no se piensa en la discapacidad como algo que nos va a tocar a todos”, dice Olga Fabila, jefa de operaciones y socia de Conversa BMB, la empresa de consultoría encargada de diseñar y programar el sitio web de Yo También para que sea accesible.

En México hay cerca de 10.6 millones de adultos mayores, siendo “un grupo que ha incrementado su tamaño a un ritmo que duplica al de la población total del país”, según el reporte Perfil sociodemográfico de adultos mayores publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en 2014. También en ese año, dicho instituto reportó una población de 7.7 millones de personas con alguna discapacidad.

Estamos hablando de casi 20 millones de personas (cerca de 17% de la población) que eventualmente requerirán herramientas digitales accesibles que les permitan informarse, comunicarse, entretenerse o trasladarse en ese mundo en el que pasamos ya una tercera parte de nuestros días.

Creer sin ver y los widgets que ‘apantallan’

El principal reto es sensibilizar a gobiernos y empresas, programadores y desarrolladores, sobre algo que a simple vista no se ve, pues quienes no tienen una discapacidad difícilmente perciben cuando un sitio web es accesible, esto porque no requieren utilizar herramientas, como el lector de pantalla o un teclado braille, que les permitan comprenderlo. “Implica repensar la experiencia del usuario desde diversas minorías, no desde un usuario convencional”, dice Ilse Domínguez, diseñadora web y de contenidos digitales de Conversa BMB.

Pero, ¿cómo explicar la accesibilidad web si no es algo visible? Con analogías, como lo hace Vaillard: imaginemos a una persona con una discapacidad motriz que le impide caminar y para desplazarse necesita una herramienta, es decir, una silla de ruedas que puede controlar de manera autónoma, pero eso no basta para eliminar su limitante de movilidad si el edificio en el que trabaja no tiene rampas o las puertas son demasiado angostas para su silla. Llevado al mundo digital, un edificio construido para que todos los modelos de sillas de ruedas puedan transitar sin problema, sería un sitio web accesible, mientras que la silla de ruedas equivaldría al dispositivo que el usuario debe dominar. Sin esa combinación, no hay accesibilidad.

Entendiendo esa fórmula, ¿qué empresa sacrificaría clientela por no tener un sitio web accesible? Tristemente, muchas. Menos de 1% de los sitios web más visitados a nivel mundial cumple con los requerimientos básicos de accesibilidad, de acuerdo con el reporte An accessibility analysis of the top one million home page publicado en 2019 por WebAIM, una firma que ofrece soluciones de accesibilidad web.

Hay empresas u organismos que están negados a la accesibilidad. Basta con revisar el caso vigente de la empresa Domino’s Pizza, demandada en Estados Unidos por un usuario con baja visión que no ha podido hacer pedidos en su sitio web por no ser accesible. En lugar de destinar 38,000 dólares, según cálculos de la propia pizzería, para hacer su portal accesible, la compañía ha elegido perder mucho más en abogados y mala reputación.

La demanda está amparada en una ley llamada Americans with Disabilities Act que exige a las empresas hacer las modificaciones y ajustes necesarios para atender a personas con discapacidad, pero en México mucho se queda en papel.

El artículo 6º de Constitución mexicana señala que todas las personas tienen derecho a acceder a la información gubernamental, pero la gran mayoría de los sitios web del gobierno no son accesibles. La Ley Federal de Telecomunicaciones, y un decreto federal posterior, establecen que todos los sitios web del gobierno –en sus tres niveles, tres poderes y dependencias– deben ser accesibles, pero muy pocos están en regla. De acuerdo con Consultores Marnic, el sitio web de gobierno con mayor cumplimiento en ese sentido es el del Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) pero, a falta de presupuesto, empieza a perder accesibilidad.

En lo que respecta al sector privado, solo las empresas de telecomunicaciones reguladas por el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) deben garantizar accesibilidad en sus sitios web.

“Ninguna letra que se ponga en una ley se convertirá por arte de magia en algo real y eso lo podemos constatar con el tema de accesibilidad. Todavía hay mucho por hacer”, dice Clara Luz Álvarez, investigadora y académica especializada en telecomunicaciones y Tecnologías de la Información.

Lo mucho que hace falta… 

“Una vez que eres sensibilizado sobre la accesibilidad te das cuenta de que el mundo no está diseñado para la discapacidad”, dice Domínguez tras su trabajo para desarrollar el sitio web de Yo También, y ahora busca constantemente maneras para contribuir a hacer que el mundo digital sea para todos.

Aquí algunas ideas:

1. Programar con accesibilidad. La carrera de Arquitectura contempla los retos y oportunidades que implica la discapacidad en el mundo real, pero poco se habla en las aulas de Sistemas o Programación sobre su impacto en el mundo digital. “El mundo virtual y tecnológico es una realidad y la accesibilidad web no está siendo contemplada”, dice Vaillard. Así que hace falta educar con perspectiva de accesibilidad y sensibilizar también a quienes ya están fuera de las aulas. “Va a ser cada vez más obvio que hay un problema en la calidad de los programadores”, advierte Domínguez, pues señala que es una práctica común meter parches en los sitios y eso impide que el lector de pantalla funcione bien, por ejemplo.

2. Sensibilizar sobre el ganar-ganar. Diseñar, programar y mantener un sitio web accesible puede costar el doble que uno que no lo sea porque implica más herramientas, software y capacitación, explica Vaillard, pero es una inversión con un buen retorno. No hay duda de que una tienda en línea que permita a personas con discapacidad visual hacer compras, aun sin poder visualizar los productos, va a vender más.

“Hay que entender que hablar y actuar sobre este tema nos abre puertas como personas, como equipos de trabajo, como negocios”, dice Fabila y comparte que a partir del trabajo que realizaron para Yo También, todas las propuestas de sitio web que elaboren en Conversa BMB contemplarán el elemento inclusión. Además, en un mundo donde la reputación corporativa está siempre en la cuerda floja, tener un compromiso con la accesibilidad abre conversación y genera engagement.

3. Evaluar mejor. Hace falta una ponderación adecuada, por colectivos de discapacidad, que permita una mejor evaluación de los sitios web, señala Vaillard. “Sigue siendo muy subjetivo. El verdadero problema es cómo evaluar porque las pautas establecidas por el W3C no te lo dicen”, dice.

También sería valioso sumar a los ciudadanos en ese proceso. “Una solución que ha sido largamente postergada en México para este tema es la acción ciudadana. Las autoridades pueden actuar de buena fe pero tal vez no tienen el conocimiento, nadie les alerta que tal o cual sitio web no es accesible”, comenta Álvarez.