Por Bárbara Anderson

Muchas veces he dicho que cuando supe que mi hijo tenía parálisis cerebral (PC) me di cuenta que no tenía una discapacidad sino un super poder: el de volverse invisible. 

Desapareció para el seguro de gastos médicos mayores que se las ingenió para aislarlo de un plan que se venía pagando desde 10 años antes de que él naciera. 

Desapareció de las estadísticas: los invito a tratar de encontrar una fuente oficial única que indique exactamente cuántas personas viven con esta discapacidad en México.

Desapareció para el sistema educativo: quise que estudiara en una escuela estándar (ellos decían inclusiva) y a los dos años descubrí que nunca habían pasado sus calificaciones a la SEP y que jamás habían reclamado para él los libros de macrotipo que le hubieran servido. 

Ahora en la pandemia, también se volvió invisible para el plan de educación vía televisión que no contempla a los miles de niños que este confinamiento volvió más invisibles.

Desapareció para realizar alguna actividad lúdica: me tocó pelearme con un parque de diversiones, una cadena de cines y un auditorio para que le permitieran ingresar con eso tan insólito que es una silla de ruedas (ya ni rampas reclamo). 

Desapareció de los lugares públicos: de los 5.5 millones de vehículos que tiene la ciudad, solo 29,286 tienen placas para personas con discapacidad, pero no hay nunca lugares disponibles pintados de azul en los estacionamientos privados. 

Desapareció de las leyes: son escasas las propuestas legislativas nuevas (no digamos las pasadas) que piensan en ese 10% de la población que tiene alguna discapacidad. 

Hoy mi hijo es uno de las (dicen) 500,000 personas que viven con esta condición en el país y es la primera causa de discapacidad entre los niños mexicanos. 

El 6 de octubre es el Día Mundial de las Personas con Parálisis Cerebral, que se recuerda con un listón verde en la solapa. 

Con APAC estamos promoviendo que la mayor cantidad de personas se coloquen ese símbolo el próximo martes y que cuando les pregunten qué significa esa cinta digan lo que todas las familias esperamos que algún día ocurra: “para mí, la parálisis cerebral no es invisible”. 


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