Por Abraham Reza

La joven, damnificada por los sismos de 2017 y con discapacidad, lucha por regresar a su casa y requiere apoyos para mejorar su calidad de vida

Montserrat Aburto Sánchez es una chica que, con apenas 18 años, ha sobrevivido a tres sismos, ha resistido cinco paros cardiacos y respiratorios en menos de cuatro años y, además, a diario enfrenta una lucha contra la miastenia gravis que le fue diagnosticada en 2013. 

Nació el 15 de septiembre del 2001. Hasta antes de ser diagnosticada con esta enfermedad autoinmune vivió una niñez plena, tenía muchos amigos y, según María del Carmen Sánchez, su madre, nunca fue una niña problema. 

En junio de 2013 fue cuando todos los planes parecieron irse abajo. Monserrat comenzaba a sentirse débil y fatigada, y durante los primeros seis meses de malestar los médicos no sabían qué era lo que ocasionaba su estado de salud.

Fue la noche del 24 de diciembre de ese mismo año cuando un paro respiratorio la llevó al hospital Centro Médico donde los doctores finalmente dieron un diagnóstico.

“Después de un mes y diez días en terapia intensiva los médicos nos dicen que lo que Montse tiene es una enfermedad que se llama miastenia gravis” expresa María del Carmen.

A partir de ahí el proceso ha sido una odisea, pues los casi cuarenta días que estuvo expuesta al tubo de respiración le hicieron mal y como consecuencia se le tuvo que hacer una traqueostomia (orificio que se realiza en la tráquea y proporciona una vía respiratoria).

“Montse fue independiente y muy alegre. Le encantaba hacer deporte y la natación era su favorita. Tomó  un curso de salvamento. Ella siempre ha sido soñadora y una lectora muy buena”.

Con el paso de los días la niña, en aquel entonces con solo 12 años, comenzó a tener problemas para subir y bajar escaleras, no corría e ir a la escuela empezó a ser muy complejo.

“Fue tratada súper mal por sus compañeros del colegio, le tiraban sus pastilleros e inclusive la inspectora de la secretaría de Educación Pública nos llamó para decirnos que la niña no podía continuar (asistiendo a la escuela)”, cuenta la madre en entrevista para Yo También.

Por esta razón, la joven tuvo que concluir sus estudios de secundaria en casa, a través del INEA. Además ha tenido que aprender vivir con una gastrostomía (procedimiento en el que se coloca un tubo de alimentación en el estómago), pues como parte de su enfermedad el alimentarse se volvió complejo. “Pasó de 40 kilos a pesar 23”, dice su madre. “Quería estudiar Medicina, pero hoy sabemos que eso será imposible”.

Y entonces vino el sismo 

Septiembre ha sido un mes de máxima importancia. No solo fue el mes en que nació, sino que además, desde el 2017, estas fechas han sido la prueba de su supervivencia. 

“Yo soy maestra y el día del primer sismo, el 7 de septiembre, la alerta sísmica sí sonó y, como pudimos, bajamos a Montse; sin embargo, en el (sismo del) 19 yo no estaba, y fue mi vecino del cuarto piso quien bajó a cuidarla”, expresa la joven madre.

Después del rescate, la familia del cuarto piso y Montse se dieron cuenta que, aunque su edificio no se había desplomado, el de enfrente sí se cayó. No pudieron salir del suyo más que con ayuda de los albañiles que trabajaban en el edificio continuo.

“Fueron ellos quienes, con ayuda de nuestros vecinos, cargaron a Montse. Después de eso una nueva prueba comenzó. Nuestro hogar fue demolido y a partir de ahí hemos tenido que buscar distintos lugares donde vivir. Nuestro edificio aún no ha sido reconstruido”.

El viaje ha implicado que la pequeña no solo no tenga una casa propia, sino que además ha tenido que vivir lejos del Hospital Centro Médico donde recibía terapia y atención en caso de paro respiratorio o cardiaco.

“Una crisis para ella significa mucho. Antes vivíamos a 10 minutos y ahora, a 40. La casa en la que vivimos es prestada, no sabemos cuánto tiempo más nos tendrán ahí. Antes iba una persona a cuidarla y darle terapia, hoy ya no tenemos ninguna de las dos opciones. Al mes, entre trayectos y pago de una especialista y los viajes en taxi, porque ella no puede moverse, gastamos cerca de 10 mil pesos”, detalla María del Carmen.

La reconstrucción de su casa aún no es una realidad

Tras la demolición de su casa, en marzo de 2018, la promesa fue que en menos un año la constructora GDC Desarrolladora Inmobiliaria SA de CV, en coordinación con el gobierno de la Ciudad de México, reconstruirían ambos edificios: “El gobierno pondría el dinero y la constructora la mano de obra. El total de inversión sería de 35 millones 827 mil pesos que saldrían del Fondo para la Reconstrucción, pero eso no ha pasado”.

La fecha de inicio de obra, según el Portal para la Reconstrucción, era el 15 de agosto de 2019; sin embargo, ha pasado poco más de un mes y el lote donde se ubicaban los departamentos hoy sigue siendo un terreno vacío con dos tablones que fungen como puerta.

“Urge que se reconstruya para poder tener estabilidad familiar y poder regresar a la vida que ya habíamos hecho. Nosotros llevábamos viviendo desde el 80 en Balsas 18, en la colonia Miravalle (alcaldía Benito Juárez) y uno va haciendo su vida alrededor de su casa”, dice María del Carmen.

Nosotros como quiera hemos recibido apoyo, sin embargo, la estabilidad de tener un lugar propio, céntrico y con nuestra red de apoyo, de trabajo se debilitó y sigue igual. (Montse) está destrozada”, puntualiza la madre.

Montse necesita terapia emocional, física. “Urge que reciba terapia de deglución porque a raíz de la enfermedad, que es debilidad muscular, ella no habla, no emite una sola palabra y eso nos puede muchísimo”.

Además de Montse, María del Carmen tiene dos hijos más: Mariano, de 28 años, y Mariel, de 22 años. Vive con ellos también la abuela Leonor de 70 años.

“Yo añoro mi techo y mi lugar donde estar, pero pues el gobierno ojalá y se tiente un poquito el corazón y sientan que quedarse sin casa es algo tremendo cuando es lo único que tienes en la vida y cuando es el único lugar para mi nieta”, finaliza doña Leonor.