Entrevistamos en Madrid a la mujer que descubrió en su gimnasio la generosidad que siempre reclamó en otros ámbitos de su vida y cuya historia se hizo viral en Twitter alrededor del mundo.

Por Abraham Reza
12 de julio 2019

Para una persona que vive con autismo, la música a volumen alto se vuelve dolorosa. Sus sentidos son más susceptibles y encontrar lugares en los que pueda permanecer sin sentirse agobiada, cansada, estresada e inclusive desesperada, es un reto.

En Madrid, Abby lleva enfrentando estas limitaciones por 34 años, hasta hace unas semanas, cuando en un acto de empatía, un grupo de personas, sin conocerla, decidió ofrecerle la oportunidad de sentirse en un lugar público como en si estuviera en su casa.

Su historia se volvió viral cuando el pasado 3 de julio ella contó la historia en su cuenta de Twitter (@Eme_MM). Por primera vez decidió no quejarse sino agradecer una sencilla acción “que cambió su imagen sobre las personas que habitan este planeta”, dijo: 


Ni Abby, ni Alicia (quien tomó la decisión de hacer el cambio) quisieron darme su nombre completo ni los datos del gimnasio porque “no queremos llamar la atención ni quedar como protagonistas”, no les gusta ser el foco de atención y quieren que sea la acción la que pueda trascender y replicarse en el resto del mundo.

En el hilo que desplegó en su cuenta, que rápidamente se volvió viral, explicaba que a causa de una neumonía dejó de asistir al gimnasio al que llevaba año y medio yendo. 

Cuando ya se sintió bien, volvió a ese lugar, y se encontró un ambiente muy distinto: los entrenadores habían decidió no poner música mientras ella estuviera para que su estadía fuera más placentera y así evitar que usara sus audífonos bloqueadores de ruido.

Según la historia, Alicia supuso que fue el ruido o la música lo que había mantenido alejada a Abby, y por esa razón le había preguntado a los otros asistentes si tenían problema con apagar los altavoces cuando ella estuviera presente: “todos dijeron que no y accedieron a bajarle”, recuerda.

Para Abby, este hecho no solo representó la oportunidad de leer a cientos de personas, que enseguida comenzaron compartir situaciones similares sobre la historia que ella compartió en Twitter, sino que además se convirtió en la oportunidad de demostrar que “si todos lo quieren,  pueden participar en la formación de un ecosistema diferente en el que se reconstruya la forma en la que se convive con el otro”.

Desde entonces, la historia ha sido retuiteada más de 19 mil veces, tiene 1,927 respuestas y poco más de 50,400 me gusta, pero para Abby no se trata de likes o dislikes, sino de las veces en que llegó a otras personas este acto de solidaridad que tuvieron hacia ella.

La empatía que le mostraron los más de 20 compañeros del gimnasio, con los que nunca había dialogado, también le hizo sentirse parte de algo y propició en ella el interés por convivir, algo que asegura nunca antes había sentido.

“El autismo es un sistema operativo diferente”

Abby está casada, es madre de una pequeña que también vive con autismo y trabaja como directora en un Centro de Salud Mental.

“Para una persona con autismo la interacción continua con otras personas resulta agotadora, por lo que reservo mis fuerzas para los intercambios obligatorios del día a día (laborales, familiares, etc)”, cuenta a Yo También. “Otra de las enseñanzas que tuve con esta situación fue la de comprender cómo los neurotípicos (NT’s, personas que no tienen trastorno del espectro autista), se relacionan y expresan su generosidad”.

Para Abby, “el autismo es un sistema operativo diferente, que para ejecutar algunas funciones está más optimizado y para otras menos, pero al final lo importante es que siempre se puedan intercambiar los archivos y propiciar la diversidad”.

“Para las personas neurotípicas conocer a personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) es abrir su mente a nuevas formas de ver, estar y sentir el mundo en el que viven. Para las personas con TEA es un derecho ya que este mundo es nuestro también, es el espacio en el que nacemos, nos desarrollamos y dejamos parte de nuestra huella como seres humanos”, asegura.

Hoy quiere seguir pasando desapercibida, mantener su anonimato a pesar de lo explosivo que fue su caso, y espera que más gente se sume a este tipo de acciones en las que el compartir sus diferencias propicie la evolución social, tecnológica, política y de equidad.

Su palabra favorita hoy es “magia”, pues cree que ésta sólo es posible cuando hay gente que cree en ella, y el ver que su historia resultó convincente y además llegó a miles de personas, es para ella “un poco de ese hecho extraordinario”.

Datos importantes sobre el TEA

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) una persona con Trastorno del Espectro Autista presenta antes de los tres años alteraciones en al menos una de las siguientes tres áreas: las relaciones sociales, la comunicación y la conducta.

Según este mismo informe, a nivel global
1 de cada 160
niños tiene TEA.

Aunque algunas personas con TEA pueden vivir de manera independiente, hay otras que necesitan constante atención y apoyo durante toda su vida. Hay organizaciones muy activas en México haciendo conciencia y brindando apoyo como “Iluminemos de Azul”, que lleva adelante Gerardo Gaya.