Por Katia D’Artigues

En esta emergencia sanitaria por el Covid-19, nos preocupa la falta de visibilidad de las personas con discapacidad como un grupo particularmente vulnerable. 

Después del editorial de la semana pasada, un grupo de amigos ligados al mundo de la discapacidad, hicimos entre todos una lluvia de ideas de nuestras preocupaciones y son muchas.

Hace falta mucha información accesible, para empezar. Quizá el grupo más excluído es la población sorda hablante de Lengua de Señas Mexicana (LSM) quien esta semana ganó un amparo histórico que obliga ya al gobierno de México y al de la Ciudad de México a informar en LSM- tenemos una nota al respecto-  pero esto no necesariamente se lleva a los medios en general que ojalá decidan también informar, durante este riesgo humanitario. También es necesaria una lista de hospitales que estén listos con intérpretes para atender a personas que pueden enfermar.

Informar para todos implica más que LSM, claro. Deberíamos estar pensando en información en lectura fácil que sirve para las pcd intelectual y para todos. E incluso informar solo con pictogramas o ilustraciones para aquellas personas que no leen o que les es más fácil comprender medidas, como algunas personas con autismo. De paso, algo así sería de enorme utilidad para toda la población, incluyendo quien habla una lengua indígena.

Hay que visibilizar -lo hacemos con una infografía en esta edición- que hay que lavar también los artículos de apoyo y movilidad de las pcd: sus sillas de ruedas, bastones, andaderas, lo que usen. 

Nos preocupa visibilizar la importancia de cuidar a las personas mayores pero también otras con discapacidad y otras condiciones de salud. Sobre todo aquellas que dependen para su vida diaria y supervivencia del apoyo de una persona que los asista o cuide (en caso de niños). Las personas cuidadoras, la mayoría mujeres, son un grupo muy vulnerable, también. Más si son madres o padres solteros o son hijo/a único que está a cargo de una persona mayor. 

Hay pcd en todos lados, pero aquellos que están en prisiones, en instituciones (ya sea como asilos para personas mayores o en hospitales psiquiátricos) corren riesgos parecidos y también de aislamiento. También -y más con la decisión de Trump de cancelar del todo las peticiones de asilo- a aquellas personas con discapacidad y a todos los que están en centros de detención de migrantes que, según hemos visto en algunos reportes periodísticos, tienen malas condiciones de higiene que son claves para estos momentos.

Mauricio Rodríguez Álvarez, el vocero de la UNAM para el Covid-19, nos escribió una columna de opinión con preocupaciones y acciones puntuales a tomarse en cuenta. 

Finalmente es un reto de salud mental para todos lo que vivimos y lo que vendrá. El stress y la ansiedad aumentará, pero quizá más entre pcd psicosocial y también hay que tener cuidado con las interacciones de psicofármacos con alguna otra medicina que se podría dar para paliar el virus (que, no está de más repetir, no hay cura). En esta edición también tenemos una pieza grande con recomendaciones de salud mental.

Y así, mientras nos alistamos para ponernos calcetas de colores divertidos para conmemorar el 21 de marzo, el Día mundial del síndrome de Down, y los invitamos a que se unan y nos arroben o nos compartan sus calcetas en nuestras redes sociales, les deseamos mucha salud y tranquilidad. Por aquí nos estamos leyendo.