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Por Abraham Reza

En México hay cerca de un millón de personas con discapacidad auditiva

El pasado 6 de agosto, Ernesto Escobedo, investigador de la comunidad sorda, llegó al congreso de la Ciudad de México para plantear un Centro Regulador de Señas que tenga como principal eje ofrecer una licenciatura de Estudios de Lengua de Señas Aplicada.

Frente a los congresistas capitalinos, detalló que al crearse esta licenciatura se daría a conocer la gramática y lingüística de la comunidad sorda. De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en todo el país hay al menos 900 mil 174 personas con sordera, con problema del habla o con ambas.

Tras la presentación de su propuesta, Yo También contactó a Ernesto Escobedo, quien a través de su intérprete, Erick Martín Ramírez, explicó cada uno de los detalles de lo que él llama una oportunidad para la accesibilidad educativa de personas sordas.

La LSM es una lengua con la misma importancia que una lengua indígena

Ernesto Escobedo tiene 42 años. Es un mexicano egresado de la Universidad Central de Lancashire (Reino Unido), pero no solo eso, desde 2016 se ha dedicado impulsar la creación del Diccionario de Lengua de Señas Mexicana (DLSM). Éste es un compendio de más de mil palabras agrupadas en un primer tomo, a través de las cuales tanto los sordos como oyentes pueden expresar una idea con el solo movimiento de sus manos.

“Mi intención es que esta carrera deje de ser impartida como técnica y que se convierta en una profesión. Que las autoridades entiendan que no es un diplomado, sino más bien una lengua con la misma importancia que tiene una lengua indígena”, expresa con sus manos mientras Erick replica con su voz.

La entrevista que nos dio estuvo llena de ademanes y expresiones faciales que evidenciaban el entusiasmo que tiene en su proyecto. Sin embargo, asegura que buscar un lugar o alguien que crea en el proyecto no ha sido tan fácil.

“Aquella vez solo el diputado de Morena, Temístocles Villanueva, se acercó a mí, pero no se concretó nada. Además de al congreso local, ya me he acercado a la UNAM, a la UACM, a la UAM y todo mundo me dice que no tiene presupuesto y que lo único que podrían hacer es abrirlo como diplomado y esperar a ver si hay verdadera demanda”, dice Escobedo.

Ernesto asegura que no comprende qué le impide a las instituciones atraer el proyecto, pues asegura que la metodología ya la tienen y que más bien se trata de que alguien se atreva.

“La metodología viene de la Universidad de Lancashire Central, obviamente esa institución es completamente internacional y ha tenido muchas investigaciones metodológicas. Yo he tenido el contacto directo y lo que ellos me piden es que abra la carrera, abra el espacio y ellos llegan con toda la experiencia que han adquirido, pero aquí nadie se atreve”.

Con la licenciatura de Estudios de Lengua de Señas Aplicada, Ernesto busca abrir la puerta a oyentes y sordos que tengan ganas de aprender esa lengua.

“Pretendo que se estandaricen los tipos de señas que dan significado a las palabras que usamos los sordos, pero sobre todo que la sociedad en general se apropie de esta lengua para que cuando personas con discapacidad auditiva lleguemos al doctor o alguna otra institución no sea un reto entendernos”, replica el intérprete mientras Ernesto habla con sus manos.

Los siguientes pasos

La licenciatura es solo una parte del “gran proyecto” que tiene en mente Escobedo, pues de materializarse el Centro Regulador de Señas impulsará, además, la creación de materiales didácticos para niños sordos, aplicaciones de celular, la certificación de intérpretes y propiciar el trabajo en equipo con organizaciones de la sociedad civil.

“El Centro Regulador se convierte así en una administración. Obviamente no ha quedado claro dónde podría ser y las iniciativas dicen que puede ser un Instituto independiente o que puede ser de la SEP. Sin embargo, tras mi propuesta en el congreso capitalino no se ha dicho casi nada, todo parece indicar que se verá hasta el próximo año”, precisó.

“Hace falta el interés hacia la comunidad sorda, hacia los intérpretes y una adecuación a las alarmas sísmicas (que deben ser visuales también), a las aplicaciones y al mundo cotidiano”, finalizó.