Por Mariana Granados-Wiseman

Soy la mamá de Joey, un niño ciego que a su corta edad (casi 5 años), ha atravesado por una cirugía de cerebro y un par de episodios de quimioterapia, un camino que ha sido duro, pero lleno de aprendizajes que hoy quiero compartir.

Los primeros 11 meses de vida de mi bebé transcurrieron con normalidad, hasta que un día le descubrieron un tumor en el quiasma óptico, lo cual terminó en una cirugía de cerebro que lo dejó ciego. Siguieron nueve meses de quimioterapia semanal. Y después de dos años de este evento, el tumor volvió a crecer por lo que tuvimos que regresar a un año más de quimios. 

Después de su primera cirugía, vivimos el duelo de aceptar al nuevo Joey, nuestro único hijo. Fueron largas noches de investigación sobre cuál era el mejor tratamiento al que podíamos aspirar en México, la angustia de qué futuro le espera… los padres de hijos con discapacidad saben de qué hablo, no necesito entrar en detalles.

Dentro de los retos que tuvimos que enfrentar en esa primera etapa, estuvo el más importante: apoyar emocionalmente a mi bebé. Mi misión era hacer todo lo que estuviera a mi alcance para mejorar su estado físico y anímico, fomentar el apego era algo que me robaba el sueño.

Después de investigar e indagar sobre los mejores mecanismos para promover un apego seguro, que se centraran en la interacción de los padres o cuidadores, encontré que una de ellas es el porteo, una práctica que permite llevar a nuestros hijos cerca de nosotros con la ayuda de un rebozo o fular.

Está científicamente probado de los beneficios neurológicos y emocionales para cualquier bebé, y yo, en mi experiencia con un niño con una recién adquirida discapacidad visual y un tratamiento de quimioterapia largo significó una herramienta que nos salvó.

Joey fué un bebé porteado desde sus primeros días de vida y a raíz de su cirugía, se incrementó el tiempo que pasaba en nuestros brazos, dándole un espacio de paz, contención y protección, pues había circunstancias que generaban estímulos auditivos externos que le resultaban excesivos y agresivos para su reciente discapacidad. 

El porteo hizo una diferencia enorme en el desarrollo de Joey. Vimos un cambio radical en él, pues su inseguridad gravitacional, sentido del equilibrio y espacio en lugares conocidos y en nuevos espacios empezó a ser similar a cualquier pequeño de su edad. Además, la música durante la clase de Danza con Bebé benefició la unión en sus sistemas sensorial, propioceptivo y vestibular.

Pareciera algo común cargar a tu bebé y acurrucarlo en tu pecho, pero cuando hablamos de pequeños con discapacidad, esta práctica puede hacer un cambio radical en temas conductuales y neuronales. En mi experiencia, pude constatar que el porteo:

  • Les permite dormir mejor, pues se alcanza el ciclo REM con prontitud.
  • Hay una buena postura, sobre todo en la parte lumbar, lo que permite a los bebés estar más atentos y listos para aprender, por la cantidad de oxígeno que recibe su cerebro.
  • Su digestión se beneficia, ya que disminuye el reflujo y los cólicos. De hecho los gases salen de forma natural por su postura vertical.
  • Favorece al sistema respiratorio, porque se sincroniza con la respiración de quien lo portea, hasta que adquiere su propio patrón.
  • Le da sincronía térmica con el adulto que lo portea.
  • Una mayor integración hemisférica, esto es cuando las dos partes del cerebro trabajan juntos a través de la coordinación que el adulto porteador le envía al bebé a través del movimiento.
  • Fomentamos el vínculo de apego entre padres e hijos; ésto genera mayor cantidad de endorfinas, que es la hormona de la felicidad, en edades tempranas, ayuda a tener una mayor madurez cerebral.
  • Mediante ejercicios de movimientos rítmicos al ser porteado se estimula el cerebelo, el núcleo vestibular (encargado del equilibrio) y los centros del habla, produciendo relajación y equilibrio emocional. 

Mientras que nosotros, sus papás, vivíamos sentimientos de angustia, temor y tristeza, debíamos reaccionar y adaptarnos a esta realidad de manera inmediata. El porteo nos ayudó a poder mantener cerca a nuestro pequeño sin temor a lastimarlo, a volver a creer que como padres podíamos aún darle seguridad y a consolarnos mutuamente.Mi recomendación a los papás que viven circunstancia similares con bebés con discapacidad, es que se acerquen a la Red de Profesionales del Porteo en México, quienes seguro los van a apoyar a criar también con el corazón.


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