Donald Trump de nuevo usa como chivos expiatorios a personas con discapacidades psicosociales después de los tiroteos masivos.

9 agosto de 2019

Por Carlos Ríos Espinosa 
Investigador y abogado Senior de la División de Derechos de la Discapacidad de Human Rights Watch*  

El presidente Donald Trump respondió a los horribles tiroteos masivos en El Paso, Texas y en Dayton, Ohio, pidiendo la “reforma” de las leyes de salud mental “para identificar mejor a las personas mentalmente perturbadas, que pueden cometer actos de violencia”. 

Añadió que esas personas deberían estar sujetas “cuando sea necesario [para] confinamiento involuntario”. “La enfermedad mental y el odio aprietan el gatillo, no el arma”, dijo. 

Pero la respuesta de Trump se basa en suposiciones falsas y prejuicios.

No hay estudios científicos que vinculen la salud mental de alguien con su propensión a cometer actos de violencia. Pero al presionar repetidamente esa conexión, Trump está perpetuando el estigma y alimentando los prejuicios generalizados de que las personas con enfermedades mentales, o discapacidades psicosociales, son propensas a cometer actos de violencia. De hecho, la gran mayoría de las personas con enfermedades mentales no son violentas, sino más propensas a ser víctimas de la violencia misma.

Las personas con condiciones de salud mental reales o percibidas se encuentran entre las más estigmatizadas y marginadas de los Estados Unidos. 

Los comentarios de Trump los hacen un nuevo flanco al usarlos como chivos expiatorios de un problema grave en el país, como lo ha hecho con los migrantes, solicitantes de asilo y otras minorías vulnerables.

Discriminar a las personas con discapacidad no impedirá el próximo El Paso o Dayton.

En su lugar, la administración Trump debería escuchar al Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, que ha instado a los gobiernos a “proteger a sus poblaciones… contra los riesgos que plantea la excesiva disponibilidad de armas de fuego.” 

Pedir el compromiso involuntario de las personas que no han cometido ningún delito, sino simplemente porque tienen una discapacidad es contrario a los derechos humanos fundamentales y a la igualdad de protección de la ley. 

Trump debería abandonar ese enfoque. 

*Esta columna de opinión se publicó originalmente en inglés en la página de Human Rights Watch y la reproducimos aquí con permiso del autor.

La traducción para Yo También fue hecha por Agustín de Pavia.