Por Lídice Rincón Gallardo P.*

C. Licenciado Andrés Manuel López Obrador
Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos

Presente

Cruzaba Avenida Chapultepec y mi padre me pidió que sostuviera un bulto de billetes. Realmente no sé cuánto era porque tenía apenas 9 años de edad. Un aire vino y, sin querer, los solté todos y volaron. Me asusté. Juré que me regañaría. No fue así, inmediatamente me tomó de la mano y, con paciencia y ternura, me dijo que no fuera a correr, que no me preocupara. Ahí paró todo. Siempre he tenido dificultad en el uso de mis manos, pero siempre hago absolutamente todo lo que tengo que hacer.

Nací, al igual que mi padre, Gilberto Rincón Gallardo, con el síndrome de Holt Oram, que es un tipo de discapacidad que deviene en una afectación cardíaca y una malformación congénita en las extremidades superiores –dicho en términos médicos– de expresividad variable. Nunca fue un motivo de conversación en casa excepto cuando hubo que realizarme una cirugía a corazón abierto a los tres años y medio. Y de eso francamente ni me acuerdo. Lo que sí tengo presente es haber padecido por ese motivo acoso escolar o lo que hoy se conoce como bullying. ¿Qué sentí?, ¿qué pasó? Era muy pequeña para poder articularlo con claridad. Pero lo que sí sé es que las consecuencias de ese tipo de violencia fueron graves y reconocibles hasta la edad adulta: dos años de terapia para poder sanar y resarcir el daño.

A pesar de la gravedad de los hechos, los resolví; tuve una madre y un padre que jamás me permitieron caer y no levantarme ante la adversidad. Ella y él me enseñaron con el ejemplo que no me detuviera ante los obstáculos simbólicos y literales. Así aprendí a tocar el violín al revés, me enseñaron que yo valía por mi espíritu, por mi inteligencia, por mi esencia y porque era persona. Pero lo más importante es que estuve siempre rodeada de mucho amor.

Ahora déjeme decirle que no todas y todos tienen mi suerte. No siempre sucede así en casos donde la discapacidad genera acoso escolar o bullying. No siempre hay finales felices ni siempre la persona se termina reconociendo como una víctima de violencia sin más. Cuando las autoridades escolares son omisas –como lo fue mi caso–, cuando nadie detiene esa violencia porque está normalizada, cuando se continúa de manera sistemática, las consecuencias pueden ser muy graves en las y los adolescentes. En algunos casos, baja autoestima, improductividad al crecer, inestabilidad, adicciones y, en otro, no pocos, el suicidio.

Las violencias y la discriminación no sólo son estructurales, sino también multifactoriales y, desafortunadamente, son males que aquejan a una sociedad que todavía no ha aprendido que la diferencia es nuestra mayor riqueza. La discriminación es un tema que tiene que ver con la cultura pública y eso sólo se combate asumiendo que es una tarea de todas y todos; se combate asumiendo que es un asunto de Estado.

Señor Presidente, ofrezco una disculpa si esta carta abierta expone una perspectiva personal, pero amo profundamente a mi país y México es un asunto personal. Todo lo que signifique daño a sus entrañas, a su gente y a sus instituciones, es un asunto personal; pero continúo hacia el punto al que pretendo llegar.

El combate a la discriminación es una lucha que emprendimos un amplio grupo de ciudadanas y ciudadanos liderados por Gilberto Rincón Gallardo, hace más de veinte años. En el año 2001, a través de la Comisión Ciudadana de Estudios contra la Discriminación, coincidimos académicos, especialistas, colectivos, mayorías sociales, partidos políticos, legisladores y legisladoras, integrantes del Poder Ejecutivo Federal, dirigentes de comisiones de derechos humanos y religiosos. Así logramos la reforma al Artículo 1º Constitucional con la inclusión de la cláusula antidiscriminatoria en su párrafo tercero; también construimos una Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, promulgada el 11 de junio de 2003. Es precisamente esta Ley la que mandata la creación del Consejo Nacional para Prevenir y Eliminar la Discriminación (Conapred).

Usted podría preguntarse: ¿por qué la importancia de crear un organismo de Estado que gastara recursos públicos? ¿Por qué la necesidad de crear otra institución que requiera de infraestructura, personal y dinero público habiendo extrema pobreza y desigualdad? La respuesta es sencilla: la discriminación, de manera simple, es cuando alguien ejerce un trato de inferioridad hacia otra persona. No obstante, el significado social y político es más profundo. Por cierto, nos remonta a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, este instrumento define a la discriminación en un lenguaje de derechos. Discriminar es excluir a una persona, por la razón que sea, de cualquiera de sus derechos fundamentales. En este sentido, todas las personas sin distinción tienen derecho a la participación política y en la sociedad, pero sobre todo a un sistema de bienestar social. Lo que hizo la Comisión Ciudadana con su trabajo fue allanar el camino para que, en México, se concibiera el derecho a la no discriminación como el derecho llave para todas las personas a todos los derechos en condiciones de igualdad.

Dicho lo anterior, señor Presidente, tengo que recordarle que el Estado de manera obligatoria y en una democracia de calidad, debe ser garante de los derechos humanos. Para que el Estado tutele y garantice el derecho a la no discriminación debe asumir la tarea de asentar en las instituciones públicas y en toda la sociedad una cultura de justicia, de igualdad y de no discriminación hasta transformarla en un modo de vida natural. En esta tarea es necesario no sólo la permanencia del Conapred, sino su fortalecimiento y robustecimiento para lograr su mayor compromiso institucional manifiesto en el compromiso con el derecho a la no discriminación y el fomento de una cultura incluyente, tolerante y generosa.

Al día de hoy llevo once años de presidir la Fundación que lleva el nombre de mi padre y, sobre la base de mi propia historia y con una profunda convicción de izquierda, le comparto mi inquietud y desconcierto por una serie de percepciones sobre el Conapred y que  no corresponden con la realidad. Por ello quiero hacer algunas precisiones.

El Conapred ha concentrado sus funciones en la atención directa de quejas de las personas menos favorecidas, la vinculación social, el diseño de políticas públicas, las propuestas de reformas legislativas y la promoción de la cultura de la inclusión. Es posible revisar los informes anuales de la institución para tener certeza de que estas tareas las desempeña con una estructura y presupuesto menores que los requeridos. Un diagnóstico como éste ha sido validado por la Auditoría Superior de la Federación ya durante su gobierno. De hecho, la ratificación el año pasado de las Convenciones Interamericanas sobre discriminación y discriminación racial ha añadido al Conapred tareas que deberá desarrollar y, para ello, requiere de todo el fortalecimiento durante su gobierno.

A partir del año 2018, Conapred ha colaborado para materializar de distintas formas la expresión que se convirtió en el lema del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024: no dejar a nadie atrás, no dejar a nadie fuera. Así se incidió en la planeación anual presupuestal con perspectiva de no discriminación, se integró el Programa Nacional por la Igualdad y No Discriminación 2019-2024 y se revisaron, para enriquecerlos, los programas sectoriales y especiales de dependencias afines. También se ha aportado información estadística y opiniones técnicas para reformas legislativas y resoluciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación en temas tan diversos como trabajo del hogar, seguridad social, educación inclusiva, paridad en el servicio público, reconocimiento de las poblaciones afromexicanas, prohibición de las terapias de conversión por orientación sexual, entre otros.

Recordemos que la Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad fue promovida por Gilberto Rincón Gallardo en su calidad de Presidente del Conapred y aprobada, por unanimidad, en 2006, por la Asamblea General de Naciones Unidas. Hoy nuestro país forma parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Debemos estar a la altura y cumplir con nuestros compromisos ante esta instancia en materia de derechos humanos.

Señor Presidente Andrés Manuel López Obrador: el 19 de junio expresó usted su intención de dar continuidad al Conapred y fortalecerlo. No podría yo estar más de acuerdo con usted, si eso significa ratificar su autonomía, no volverlo una oficina oculta en alguna otra dependencia pública. La razón fundamental de esta carta es que, como ciudadana respetuosa de las instituciones y con un profundo amor por México, le expreso abiertamente no sólo mi preocupación y mi opinión sobre este organismo creado a partir de una lucha de muchos años, sino mi sentir hacia un México que pide a gritos justicia, igualdad y paz social. Una nación que ha estado permeada por la violencia y las discriminaciones estructurales, un México que necesita del fortalecimiento de sus instituciones y de la reconstrucción del tejido social. Solo así contaremos con una política de no discriminación a la altura de las necesidades de nuestro pueblo. Yo, señor Presidente, confío en que así será.

Atentamente,

Lídice Rincón Gallardo P.
Presidenta de la Fundación Gilberto Rincón Gallardo

*Lídice Rincón Gallardo es licenciada en Diseño Editorial por la Universidad del Claustro de Sor Juana, tiene un postgrado en Cultura de la paz, cohesión social y diálogo intercultural por la Universidad de Barcelona y un Doctorado Honoris Causa por su trabajo en beneficio y defensa de los derechos de las personas con discapacidad.

Es Presidenta de la Fundación Gilberto Rincón Gallardo AC. 

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Facebook Lídice Rincón Gallardo Pavón Twitter: @Lidice_rg


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