Opinión
Punto y aparte
En el marco del Día Mundial del Braille, Isabel Castillo, mujer con discapacidad visual, comparte las barreras en materia educativa derivadas de la falta de materiales adaptados
Fecha de publicación: 07/Enero/2026 | Autor: Isabel del Castillo Solís
Imagina que estás en los complicados años de la adolescencia y que la última esperanza de una cirugía para recuperar un poco de visión en tu ojo izquierdo acaba de apagarse.
La cereza del pastel es un último correo de la Secretaría de Educación Pública (SEP) informándote que no producirán libros en sistema Braille para secundaria y que no tienen ni para cuándo empezar a hacerlo. Así, sin un gramo de empatía, sin un “lo sentimos” o un “nos apena”, porque el Estado no entiende, en realidad, de alfabetización.
Hoy la memoria hace un collage con trozos de derechos, obligaciones, Ciencias Naturales, reglas rancias de la RAE y cuentos de los hermanos Grimm fragmentados. Y es que conseguir textos en Braille en la Huasteca Potosina era casi como encontrar una aguja perdida en un pajar.
El camino de puntos puede ser bastante solitario, sobre todo cuando la vida te exige adaptarte a escribir con pluma y máquina porque no hay tiempo ni recursos para “lo diferente”, sin importar que la humanidad y la calidez se silencien en el proceso. Yo escribía para el mundo, pero el mundo no me escribía de vuelta.
Mientras no se entienda que el sistema Braille no es una alternativa —que es tan necesario que las infancias ciegas lo aprendan como sus pares aprenden a manejarse con lápiz y papel— este mundo seguirá siendo profundamente desigual. Los lectores de pantalla y la tecnología no son un reemplazo, del mismo modo en que no lo son para las personas sin discapacidad visual.
En un mundo paralelo, muy imaginario, puedo ir a reemplazar mi regleta y punzón en una papelería convencional, llevar mi documento .brf a un ciber o presentar un examen de admisión con un cuadernillo en Braille. En ese mundo, las infancias no tienen que esperar medio año para que les lleguen sus libros de texto gratuitos en Braille o Macrotipo. Con suerte, mucha suerte, los recibirán completos.
Tenemos, como sociedad, una deuda enorme con las infancias, especialmente con aquellas que viven con una discapacidad. Integrar el Braille en la vida cotidiana es un paso para comenzar a saldarla. A título personal, hago esto etiquetando los productos de mi panadería, incluso aquellos que no están dirigidos a clientes con discapacidad visual.
Y, por supuesto, mi puerta siempre estará abierta para toda persona que desee unirse al camino de puntos (no necesariamente amarillos) y que, como yo, quiera crear un mundo que ni siquiera tenga que dárselas de “inclusivo”, porque desde un principio tuvo en cuenta las necesidades de todas las personas.
Dedico estas líneas con cariño a mi maestra Josefina, de cuarto grado, por tomarse el tiempo de escribirme una nota por cada página en mi antología de héroes de la Independencia.
Pero, sobre todo, al creador de este método que me ha permitido llegar hasta aquí.
Feliz cumpleaños, Louis, donde quiera que estés.
*Isabel del Castillo Solís, originaria de San Luis Potosí, es consultora en Accesibilidad Web, licenciada en Derecho y maestra en Educación. Entre sus logros, destaca la creación y dirección de una sala Braille en Tamuín con apoyo del DIF y empresas locales.





