20 de Febrero de 2026

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“Los derechos no son concesiones”: Amalia Gamio y su paso por el CDPD de la ONU

Durante ocho años en el Comité de la ONU, la experta mexicana ha impulsado la agenda contra la violencia, la desinstitucionalización y la participación de la sociedad civil. Hoy reflexiona sobre avances, pendientes y el riesgo de retrocesos globales.

Fecha de publicación: 19/Febrero/2026 | Autor: María Nazaret

Amalia Gamio, vicepresidenta del Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU, durante una sesión oficial

En entrevista exclusiva para Yo También, cuando Amalia Gamio habla de su paso por el Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad de la ONU (CDPD), no lo hace desde la solemnidad diplomática. Lo hace desde la convicción.

“Ha sido un privilegio y una responsabilidad enorme”, afirma.

Su voz tiene la serenidad de quien ha atravesado debates, tensiones y transformaciones profundas. Actualmente es vicepresidenta del Comité y se encuentra en el último año de su segundo periodo —el máximo permitido por el reglamento—, en un momento global complejo para el sistema internacional de derechos humanos.

Pero su historia con la discapacidad comenzó mucho antes de llegar a Ginebra.

De la medicina al cuestionamiento del modelo asistencial

Gamio estudió medicina y se especializó en rehabilitación. Más tarde cursó una maestría en defensa de los derechos de las personas con discapacidad. En los años ochenta dirigió un centro donde niñas y niños con discapacidad pasaban el día completo recibiendo terapias y clases separadas del sistema regular.

Aquella experiencia marcó un punto de inflexión.

“Era un enfoque completamente medicalista. Me parecía una forma de segregación”, recuerda.

Intentar integrar a esos niños a escuelas regulares le costó críticas públicas y resistencia institucional. En esa época, la inclusión educativa era vista como una amenaza más que como un derecho.

Ese primer enfrentamiento con el modelo asistencialista fue el inicio de una trayectoria que la llevaría a la Comisión de Derechos Humanos del entonces Distrito Federal, al trabajo con Gilberto Rincón Gallardo en la elaboración de la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación, y más tarde a formar parte de la delegación mexicana que participó en la construcción de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.

Una llegada al Comité no exenta de críticas

Su incorporación al Comité tampoco estuvo libre de cuestionamientos. En un primer proceso electoral quedó en segundo lugar. Años después, cuando se abrió nuevamente la posibilidad, hubo críticas desde algunos sectores de la sociedad civil que cuestionaron el procedimiento y señalaron que no era persona con discapacidad.

El reglamento del Comité establece que, preferentemente, sus integrantes deben ser personas con discapacidad, pero no lo exige de manera obligatoria. Actualmente, la mayoría sí lo son.

Con el tiempo, Gamio desarrolló hipoacusia por una condición hereditaria (otosclerosis). Su padre fue sordo y utilizó auxiliares auditivos. Ella misma usa uno actualmente.

Sin embargo, su vínculo con la discapacidad no depende de una etiqueta reciente. “La diversidad siempre estuvo presente en mi vida”, dice. Creció acompañando a su padre y desde niña tuvo amistades con discapacidad. Para ella, el respeto por la diversidad nunca fue una teoría, sino una experiencia cotidiana.

A lo largo de estos años en el Comité, asegura, ha mantenido una relación cercana con la sociedad civil y ha abierto espacios para la participación de organizaciones en sesiones públicas.

Violencia y desinstitucionalización: una agenda prioritaria

Dentro del Comité, uno de los temas que más ha impulsado es la violencia basada en la discapacidad.

Durante la pandemia, la situación en hospitales psiquiátricos y residencias expuso violaciones graves: abandono, muertes masivas y negación de atención médica adecuada.

A partir de ese contexto, el Comité elaboró directrices sobre desinstitucionalización, incluidas situaciones de emergencia. Además, el año pasado lanzó una encuesta mundial sobre violencia basada en la discapacidad.

Sin presupuesto oficial y con apoyo pro bono, recibieron más de mil 500 respuestas de distintas partes del mundo. De ellas, cerca de 700 fueron útiles para la elaboración de nuevas directrices que se presentarán este año.

“La cantidad de respuestas demuestra que la violencia sigue presente en todo el mundo”, afirma.

Trabajo transversal y liderazgo internacional

En su segundo periodo impulsó una estrategia más transversal: colaboración con otros órganos de tratados, como los comités de niñez, migrantes, eliminación de la discriminación contra la mujer y prevención de la tortura.

En la Conferencia de Estados Parte en Nueva York organizaron un evento conjunto sobre violencia basada en la discapacidad, visibilizando cómo esta intersecta con migración, género y trata de personas.

Ese enfoque horizontal —dice— es indispensable para que la discapacidad deje de verse como un tema aislado.

El obstáculo estructural: el asistencialismo

A pesar de los avances normativos, Gamio insiste en que el principal problema sigue siendo el modelo asistencialista.

“Muchos Estados dicen que ya adoptaron el modelo de derechos humanos, pero en la práctica siguen funcionando desde una lógica médica o de caridad”, explica.

Eso se refleja en la permanencia de figuras como la tutela o en políticas que condicionan apoyos esenciales.

Cita como ejemplo el caso de países donde existe la figura del asistente personal financiado por el Estado, pero es el gobierno quien decide cuántas horas se asignan. Si no son suficientes, la alternativa puede ser la institucionalización.

“Eso sigue siendo asistencialismo”, advierte.

La crisis financiera en la ONU y la defensa de la accesibilidad

En semanas recientes, el Comité enfrentó tensiones por la crisis financiera que atraviesa Naciones Unidas. Se informó que una sesión podría realizarse sin interpretación en lengua de señas ni subtítulos.

Para el Comité, eso era inaceptable.

“Nosotros no podíamos celebrar una sesión sin accesibilidad. Seríamos los primeros en fallar a la Convención”, señala.

Tras presión y argumentos basados en resoluciones de la Asamblea General, se confirmó que la sesión sí contará con ajustes razonables. Sin embargo, la preocupación permanece: si los Estados no cumplen con sus aportaciones, el sistema internacional de protección de derechos humanos podría debilitarse.

“Los derechos humanos no pueden ser lo primero que se recorte en tiempos de crisis”, afirma.

La herramienta que América Latina casi no utiliza

Desde el grupo de comunicaciones individuales del Comité, Gamio ha observado otro fenómeno: la escasa presentación de quejas desde América Latina.

Mientras que en países europeos y nórdicos es común que personas o colectivos recurran al mecanismo de comunicaciones individuales, en América Latina apenas se han presentado dos casos ante el Comité.

Uno de ellos, el de Arturo Medina Vela, derivó en disculpa pública, reparación y recomendaciones que impulsaron reformas estructurales en México.

“Una queja no solo beneficia a quien la presenta; puede transformar leyes”, enfatiza.

Para acudir al Comité es necesario agotar primero los recursos nacionales —como comisiones de derechos humanos, instancias administrativas y tribunales—. Solo cuando estos mecanismos no ofrecen solución puede presentarse una comunicación individual ante el órgano internacional.

La información detallada sobre el procedimiento para presentar una comunicación individual está disponible en la página oficial del Comité, dentro del portal del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Gamio insiste en que conocer estos mecanismos es parte del activismo informado: “No podemos quedarnos pensando que no pasa nada. Cuando una queja es admitida y resuelta, puede generar cambios estructurales”.

Lo que plantea Gamio no es solo una reflexión diplomática. Es un llamado a las organizaciones, a las comunidades y a quienes viven discriminación: conocer los mecanismos, utilizarlos y exigir que los derechos no sean negociables.

En ese sentido, Gamio —quien también es Hipoacúsica— reflexiona sobre la importancia de las comunidades específicas dentro del movimiento amplio de discapacidad. Señala que la Convención entiende la discapacidad como un concepto en evolución y por eso no enumera cada condición de manera particular. Sin embargo, considera fundamental que las comunidades se nombren, se organicen y construyan agenda propia.

Expresó además su reconocimiento —y orgullo— por el trabajo que ha desarrollado la Comunidad Mexicana Hipoacúsica en distintos espacios nacionales e internacionales, al visibilizar necesidades específicas como la accesibilidad comunicacional y el uso de apoyos de tecnología auditiva.

Para ella, la diversidad dentro del movimiento de PcD no fragmenta la lucha; la fortalece.

Mirar hacia adelante

Este será su último periodo en el Comité. Lejos de verlo como un cierre definitivo, considera que es saludable que nuevas generaciones asuman la responsabilidad. 

“Es bueno que entren nuevas mentes, nuevas ideas”, dice.

El contexto internacional es complejo, con crisis financieras y tensiones geopolíticas. Pero para ella el principio permanece claro:

“Los derechos no son concesiones que puedan retirarse en tiempos de crisis. Son obligaciones de los Estados”.

Y mientras el modelo asistencialista siga influyendo en políticas públicas, el trabajo —dentro o fuera del Comité— continuará.