09 de Enero de 2026

Opinión

La otra cara de los días festivos

Fecha de publicación: 07/Enero/2026 | Autor: Paulina Domínguez

Ilustración de Paulina Domínguez, madre cuidadora y activista por la visibilización de esta labor

Vivo en un mundo donde el calendario no se rige por las estaciones o los días festivos, sino por la “bendita” rutina. Cuidar de mi hijo Axel es estar pendiente todo el tiempo del horario de las medicinas, las citas médicas, la llevada al baño, la alimentación y los cambios de postura, eso es lo “normal” en mi día a día. 

Siempre digo que los días más pesados para un cuidador son cuando la rutina cambia y eso normalmente pasa en días festivos, vacaciones o fines de semana largos; en días pasados, cuando el resto del mundo celebró la llegada de la Navidad y el Año Nuevo, mi primer pensamiento no fue de alivio o alegría, sino de angustia porque habría cambios en la rutina que exigirían más de mi. Este texto no es una queja, es la explicación sobre cómo los días de descanso se convierten en una sobrecarga para una cuidadora primaria como yo. 

Para Axel, siendo una persona con gran dependencia y para mí, que lo cuido, la rutina no es aburrida, es vital. Es el mapa que nos dice exactamente qué esperar, cuándo y cómo. Tener horario exacto para levantarse, comer, tomar la medicación, hacer ejercicios o descansar nos da estructura, seguridad. La rutina es predictibilidad, y la predictibilidad reduce la ansiedad de Axel y, créanme, reduce la mía a la mitad.

​Pero para un cuidador hay un efecto dominó en los días de fiesta, porque esos días los servicios de apoyo cierran, se reducen o cambian de horario y hay que modificar la rutina. Y cuando esa rutina se rompe, los cuidadores tenemos que llenar esos vacíos, es cuando sacamos el superpoder de la adaptabilidad y eso muchas veces nos lleva directamente a la sobrecarga.  

Si en días comunes tenemos poco tiempo para descansar, en días festivos nunca descansamos. Salir a la cena de Navidad o Año Nuevo implica un esfuerzo extra, porque el espacio cambia y no tenemos las adaptaciones arquitectónicas o físicas con las que contamos en el hogar. Cargar a nuestro hijo después de un día largo, es agotador. A menudo, terminamos el día más cansados y estresados que relajados. 

Otro factor importante es la cena de esos días, en muchos casos hay que llevar la comida que nuestro hijo sí puede comer o lo necesario para que pueda disfrutarla (plato, vaso, tenedor o cuchara específica). Y si la cena es en nuestra casa, eso implica cocinar para más gente, limpiar más y organizar, hay que estar doblemente atento: ser un buen anfitrión mientras cuidamos de nuestro hijo. Es una multitarea que nos deja mentalmente agotados.

Y por último, la carga emocional que vivimos en estos días festivos es lo más difícil de sobrellevar y de lo que menos hablamos. Ver a otras familias ir de vacaciones relajadamente en esas fechas o pasar tranquilamente la cena de Navidad y Año Nuevo es inevitablemente triste, pero de inmediato la culpa nos golpea por sentirnos así, es un círculo vicioso de tristeza y remordimiento.

La Navidad y el Año Nuevo son días de “unión familiar”, pero para nosotros los cuidadores a menudo significa un aislamiento aún mayor. La gente se olvida de llamar porque asumen que estamos “ocupados cuidando”. El teléfono deja de sonar, los mensajes dejan de llegar y nos vamos quedando solos con nuestras responsabilidades. Esta soledad pesa mucho más cuando el mundo entero está celebrando.

Los cuidadores hemos tenido que aprender a redefinir el significado de “días festivos” y de “descanso”. Ya no buscamos “la gran fiesta” o “el viaje largo”, sino pequeños momentos de paz negociada. Mi “vacación” puede ser sentarme en un rincón con un buen té y un libro, con la promesa de que, por esos 15 minutos, nadie me interrumpirá, y no me sentiré culpable por no estar “haciendo algo”. En mi caso, mi mayor logro en estas fechas ya no es haber cocinado la cena perfecta, sino haber mantenido la calma de mi hijo a pesar del ruido de los fuegos artificiales.

Si eres cuidador y lees esto, quiero que sepas que no estás solo. Lo que sientes es real, es lógico y es justo. Estás haciendo un trabajo invisibilizado, y en estas épocas, ese trabajo se duplica. En estos días date permiso para no ser perfecto, y date permiso para sentir la tristeza y el agotamiento. Tu cuidado es el mejor regalo que tu hijo puede recibir. Te veo, te reconozco.

Y si no eres cuidador y tienes la oportunidad de ayudar a una persona cuidadora a tener un tiempo propio, no la desaproveches, en este tipo de fechas lo necesita más que nunca; lo agradecerá.

Paulina Domínguez es un persona que cuida y activista por la visibilización del reto de cuidar. Además de ser madre de Axel, quien necesita mucha intensidad de apoyos, ¡tiene tres hijos más! Gracias a su red de apoyo familiar en sus poquitititos tiempos libres le gusta conocer lugares nuevos, ir al cine, leer un buen libro o compartir tiempo con sus amigas. La encuentras en X como @Paulina073 y @DiscapacidadMex. Su correo electrónico es discapacidadmexico@gmail.com y el colectivo al que pertenece “Dicapacidad México” tiene un whatsapp: 33 1711 4421