09 de Enero de 2026

Opinión

¿Enfoque o invalidación? La delgada línea de la representación

Fecha de publicación: 17/Octubre/2025 | Autor: I Wheel Love U

Ilustración de I Wheel Love U, pareja del universo de la discapacidad y columnistas de Yo También

En los foros y espacios donde tenemos oportunidad de expresarnos, una frase repetimos con frecuencia: la accesibilidad y la perspectiva de discapacidad comienzan con la voluntad. La voluntad es semilla de cambios y punto de partida para generar conciencia en el largo y complejo camino hacia la accesibilidad universal y la garantía de derechos.

Pero la voluntad, por sí sola, no basta. Necesitamos que las instituciones, asociaciones y organismos que trabajan en discapacidad no solo destinen presupuestos e incluyan la accesibilidad en su gestión, sino que también cuenten con representación real. Y representación significa algo muy concreto: PcD hablando de discapacidad, PcD tomando decisiones sobre discapacidad, PcD siendo la cara y la voz de aquello que les afecta directamente. Puede sonar redundante, pero la insistencia es necesaria: nadie mejor que una PcD para hablar de discapacidad.

El problema es que la línea entre acompañar y usurpar es muy delgada. Es común que personas sin discapacidad, con buena voluntad, terminen ocupando un lugar que no les corresponde: convertirse en “la voz” de quienes sí viven la discapacidad. Ahí es donde la intención se transforma en invalidación. La experiencia cercana con una PcD no convierte a nadie en portavoz legítimo. Hacerlo, incluso desde el afecto, es caer en capacitismo. Se transmite un mensaje peligroso: “Tus derechos me importan, pero soy yo quien debe luchar por ellos. Tu voz importa, pero yo hablo en tu lugar. Te damos una voz…”. Y en ese gesto, la inclusión se disfraza de protagonismo ajeno.

La representación ausente en medios

Este fenómeno es evidente en los medios de comunicación. La investigadora Clara Luz Álvarez documentó que entre 2020 y 2021 la televisión mexicana ofrecía cero representación de PcD en pantalla. Hoy, en 2025, el panorama apenas ha cambiado: programas como 80 Millones en Canal 11, con Guz Guevara (a quien le mandamos fuerza en su recuperación) como conductor, y Nada que Ver en Canal 22, han abierto una brecha necesaria, pero todavía insuficiente. La representación no debería limitarse a programas sobre discapacidad. ¿Cuándo veremos a una PcD conduciendo un noticiero, un programa de espectáculos o narrando el color de un partido de futbol?

Accesibilidad y exclusión estructural

Parte de la explicación está en la falta de accesibilidad. Para muchos medios e instituciones resulta más sencillo invitar a una persona sin discapacidad a hablar de discapacidad: no requiere ajustes, no incomoda estructuras, no demanda inversión. Lo mismo ocurre en fundaciones, asociaciones y empresas que dicen trabajar “para” PcD: abundan los cargos y vocerías en manos de personas sin discapacidad. La pregunta es incómoda, pero necesaria:

  • ¿Cuántas PcD trabajan realmente en fundaciones dedicadas a PcD?
  • ¿Cuántas son contratadas en centros de rehabilitación?
  • ¿Cuántas marcas que se jactan de donar para “apoyar la inclusión” contratan a PcD en sus filas?

Exclusión disfrazada de inclusión 

Porque no basta con abrir espacios si en ellos no hay PcD tomando la palabra. La representación no puede seguir siendo simbólica, testimonial ni usada como escaparate de buena voluntad.

El camino exige escuchar a las PcD en primera persona, reconocer su capacidad de decidir y garantizar que estén presentes en todos los ámbitos: desde la televisión hasta la política, desde los espacios culturales hasta las juntas directivas.

Solo así la voluntad se convierte en acción, y la acción en transformación.

Este tema nos ocupa mucho pues este vacío de representación es un peligroso espejismo: una invalidación maquillada de inclusión.