10 de Enero de 2026

Opinión

El inaccesible derecho al entretenimiento para pcd

Fecha de publicación: 11/Agosto/2025 | Autor: I Wheel Love U

Ilustración en blanco y negro de Tania y Alex, pareja del universo de la discapacidad, mejor conocidos como I Wheel Love U

Son muchas las barreras que se pueden enumerar cuando se habla de discapacidad. Comúnmente se piensa en barreras físicas, sin embargo, hay muchos procedimientos normalizados sin ajustes razonables que están totalmente fuera del radar de la mayoría, convirtiéndose en barreras invisibles, pero muy marcadas para nosotras, las personas en el universo de la discapacidad. 

La falta de accesibilidad vulnera nuestros derechos y las barreras perpetúan, sobre todo, la exclusión a la que somos sometidas por la falta de garantías para nuestra total participación en la vida diaria. Son muchos los estigmas que siguen alimentando la manera en la que la sociedad hegemónica nos ve (cuando se atreve a vernos) y que normalizan prácticas capacitistas y excluyentes. 

Si aún con leyes y preceptos claros no hay motores completamente funcionales para vigilar su cumplimiento —y por lo consiguiente— garantía de nuestros derechos básicos, menos los hay para derechos que parecen un lujo, como lo son los derechos culturales. 

En contexto: El derecho al entretenimiento, entendido como la posibilidad de acceder, disfrutar y participar en actividades recreativas, culturales y artísticas, forma parte integral de los derechos culturales reconocidos en instrumentos internacionales de derechos humanos. Para las personas con discapacidad, garantizar este derecho no solo es una cuestión de equidad, sino de cumplimiento de obligaciones legales asumidas por el Estado mexicano contempladas en la convención sobre los derechos de las pcd, pero ¿sucede? La realidad es que no. 

El Artículo 30 de dicha convención establece que los Estados parte deben reconocer el derecho de las personas con discapacidad a participar en la vida cultural, las actividades recreativas y de esparcimiento en igualdad de condiciones. Esto incluye el acceso a teatros, cines, museos, conciertos, plataformas digitales, y otros espacios de entretenimiento. 

Asimismo, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales reconoce en su Artículo 15 el derecho de toda persona a participar en la vida cultural. El entretenimiento, como expresión cultural y forma de recreación, está implícitamente incluido en este derecho.

¿Por qué aseguramos que esto no sucede? 

Porque el acceso al entretenimiento está lleno de barreras para personas con discapacidad. Desde sitios web inaccesibles o que no venden boletos para pcd, sedes que no cuentan con espacios accesibles o que sencillamente los boletos son más caros como si la zona accesible fuera un lujo. 

Por ejemplo: En el teatro Aldama se presenta la obra ‘Metidrags’ de Bobo Producciones, los boletos en la zona a la que llaman “discapacitados” no pueden adquirirse en Ticketmaster como cualquier otro boleto, además de que cuestan 2 mil pesos mexicanos, algo así como 100 dólares, solo 10 dólares menos que los boletos más caros, siendo 500 por ciento más caros que los más económicos a los que tiene acceso cualquier persona. Y por si fuera poco, su protocolo es quitarte tu silla de ruedas y bajarla por elevador al sótano para que no estorbe, como si una ayuda técnica fuese un estorboso accesorio. 

Hay otros casos como la Arena CDMX donde tampoco tienes acceso a boletos en línea y boletos de la zona llamada “discapacitados” solo pueden adquirirse en las taquillas en una zona sin transporte público accesible y sin accesibilidad en el entorno… claro, más caros y si no compras estos boletos, el día del evento solo te ofrecen resguardar tu silla para que entres como puedas a otra zona. El estadio GNP tiene zonas accesibles solo en algunos conciertos y aunque en cada evento deciden dónde ponerla de igual manera te cuesta más porque entienden la accesibilidad como un gasto que no quieren asumir y se traslada al usuario que debe pagar más por una accesibilidad a medias. 

Este año hemos comprado boletos para tres conciertos diferentes en tres sedes distintas y el proceso, aunque ha sido desde la misma boletera, es completamente distinto pues no han querido estandarizar un protocolo claro, con apego a derecho y a derechos en un marco legal y digno para las pcd.   

Compramos para el GNP y no pudimos acceder a boletos en preventa porque no venden la zona accesible, el procedimiento es: escribir un correo ya que hayan acabado las diferentes etapas de preventa y si tienen espacios, te puedan vender boletos para pcd. Hay que esperar aproximadamente una semana para concretar el proceso y sí, fueron más caros que los de general B. Después compramos para el Palacio de los Deportes y Ticketmaster tampoco te permite comprar boletos para pcd. El proceso ahí es comprar boletos y luego mandar un correo para que te digan si hay disponibles espacios para pcd y entonces hacerte el cambio, por supuesto, también son más caros porque según nos dicen, es una zona “más cercana”. Asimismo, compramos para el Teatro Metropolitan y ahí sí pudimos acceder a boletos para pcd en Ticketmaster y en este recinto no se nos cobró más por el “privilegio” de tener acceso a una zona accesible para pcd, ni se nos impuso una barrera más para poder ejercer de alguna manera nuestros derechos culturales.

Lo que es un común en los espacios es que no hay garantía de una cadena de accesibilidad que te permita llegar de manera accesible, entrar de manera accesible y mucho menos estacionarte de manera accesible; de baños adaptados ni hablamos. Llegar como siempre, será un volado. 

El entretenimiento no es un lujo, es expresión de identidad, es un componente esencial para el bienestar emocional y facilita el ejercicio de otros derechos. La participación en el entretenimiento favorece la salud mental, fortalece el tejido social y fomenta la libertad de opinión. Excluirnos de estas experiencias solo refuerza la marginación.

Tania Sánchez y Alex Castillo son una pareja en el universo de la discapacidad que crea contenidos para crear consciencia y visibilizar las barreras que enfrentan las personas con diversidad funcional en la vida diaria. Activistas por los derechos de las pcd y capacitadores en materia de accesibilidad.