Opinión
El Autocuidado
Fecha de publicación: 16/Febrero/2026 | Autor: Paulina Domínguez
Soy mamá cuidadora de una persona con discapacidad y mi autocuidado muchas veces ha quedado relegado a segundo plano. El mayor obstáculo no siempre es la falta de tiempo, sino nuestras propias creencias limitantes. La culpa nos acompaña constantemente, aparece cuando descansamos, cuando decimos “no”, cuando pensamos que no estamos haciendo lo suficiente o simplemente cuando pensamos primero en nosotros, tristemente esto es un mensaje que la sociedad refuerza una y otra vez.
Se nos ha enseñado que una buena madre cuidadora se sacrifica sin quejarse, que pensar en una misma es señal de egoísmo o falta de amor hacia nuestro hijo. Estas ideas alimentan el no merecimiento, sentir que no merecemos descanso, placer o apoyo porque “es lo que nos tocó”.
A lo largo de este camino he aprendido que el autocuidado no es un lujo, sino una necesidad. Muchas veces me encontré atrapada entre mi labor de cuidados y la necesidad de cuidar de mí misma. Y es que el autocuidado abarca tanto lo emocional, lo físico, lo mental y lo social. Y cada una de esas partes es vital para asegurar que no solo seamos buenos cuidadores, sino también personas plenas y felices.
El autocuidado emocional implica permitirnos sentir, validar nuestras emociones y no reprimirlas, porque detrás de la responsabilidad de cuidar, se esconden sentimientos de tristeza, frustración e incluso culpa. A mí me funciona hablar conmigo misma como lo haría con una amiga y me permito sentirme vulnerable.
El autocuidado físico, por otro lado, es escuchar nuestro cuerpo, cosa que no es fácil de hacer entre pesadas rutinas, citas médicas, responsabilidades y silencios que pocas veces se nombran. En los cuidadores es normal que prioricemos las necesidades de los demás antes que las nuestras. Sin embargo, si no cuidamos de nuestro cuerpo, no podremos sostener la carga física y emocional que requerimos para nuestra labor.
El autocuidado mental es igualmente crucial, nuestra cabeza está llena de preocupaciones y pendientes diarios. No tener días de descanso o tiempo propio nos lleva al agotamiento mental. Hacer pequeñas pausas mentales, como leer o ver una película nos puede ayudar a despejar la mente y estar más enfocados, es como darle a nuestra mente un respiro para que pueda seguir funcionando con lucidez.
Finalmente, el autocuidado social es reconocer que necesitamos vínculos más allá del rol de cuidador. El aislamiento es algo muy común en la vida de un cuidador porque creemos que nadie puede entender lo que estamos experimentando o que somos una molestia, pero no siempre es así y nos cerramos a conocer gente maravillosa que puede aportar mucho a nuestra vida y nosotros a la de ellos. Compartir nuestros retos diarios con otros cuidadores, o simplemente platicar con amigos cercanos resulta muy reconfortante, nos ayudan a sentir y recordar que no estamos solos en este viaje.
En los casi 26 años que tengo como mamá cuidadora he aprendido que hablar de autocuidado con los cuidadores no es sencillo, pero la vida me enseñó que el autocuidado no es un acto egoísta; es una necesidad básica para quienes cuidamos. Al darnos permiso de priorizar nuestras necesidades no solo mejoramos nuestra calidad de vida, sino que también contribuimos a crear un entorno más saludable y amoroso para quien nos rodea. Cuanto más fuertes y sanos estamos, más capaz somos de enfrentar los desafíos diarios que surgen en nuestro camino.
Cuestionar estas creencias es parte del autocuidado. Cuidarnos no nos hace menos comprometidos, pero sí nos hace más conscientes. Cuando nos cuidamos, no abandonamos, nos sostenemos. Porque detrás de cada persona con discapacidad hay una persona cuidadora, y detrás de esa persona cuidadora hay un ser humano que también necesita ser cuidado.





